Realidad y ciencia ficción en tono de comedia es lo que nos ofrece la obra Automáticos del dramaturgo español Javier Daulte, en la que cinco adolescentes se reúnen a hacer un trabajo de ciencias y donde lo que en apariencia resultaría un simple encuentro, se transforma en un acontecimiento extraordinario: tres maniquís cobran vida y lo imposible se vuelve posible.
Dentro del Ciclo Ópera Prima que se presenta los miércoles en el Foro la Gruta del Centro Cultural Helénico, Automáticos, obra seleccionada por la Compañía Nunca Teatro Contemporáneo (que cumple ya tres años de existencia bajo la dirección artística de Arturo Quiroz) y con la que inician su carrera profesional Emmanuel Pichardo y Jorge Maldonado en la dirección, junto con actores de la Facultad de Teatro de la UNAM, nos acercan la realidad de cinco adolescentes sin grandes preocupaciones: inmediatos, tecnológicos e indiferentes. Cada uno de ellos, bien caracterizados por el autor con conflictos bien diferenciados, se relacionan entre sí sin mayor intimidad. Pasan el rato, muestran sus debilidades y las necesidades que les apremian:
Carol (Annis Duhart) es una chica anoréxica que hace de su problema una banalidad; Fina (Laura Loredo), indiferente a los problemas sociales, busca su iniciación sexual ante todo. Cristina (Melanie Borgez) es la nueva del grupo que intenta agradar y hace de sus fracasos un mar de dudas. Toni (Emmanuel Pichardo) es el líder que trata de organizar al grupo, y Omar (Samuel González) es el de la casa, el perdedor al que las cosas le suceden de la peor manera. Su hermana menor (Odette Ramírez) irrumpe, a su pesar, en el lugar de trabajo y no hay forma de sacarla.
Si bien la propuesta dramatúrgica del autor es llamativa y mantiene la atención del espectador en todo momento, no lo son tanto las actuaciones donde la mayoría grita al hablar (siendo un foro pequeño) o algunos tienen problemas de dicción. Aún así, sobresale el trabajo de Emmanuel Pichardo y Rosalba Castellanos, quien interpreta al maniquí de la peluca azul. El trazo escénico de la dirección, incluso todavía inexperto pero con fluidez, logra con éxito el trabajo corporal e interpretativo de los maniquíes, donde la mecanización del movimiento está trabajado hasta en el más mínimo detalle (Alfonso Pinkus y Tamara Vallarta, que alterna con Montserrat Simó, interpretan a Brad Pitt y La Pelirroja).
Javier Daulte utiliza la simultaneidad de diálogos, detalla parlamentos nimios o informativos que indican lo que quieren hacer de trabajo: un terrario, ya sea una tormenta eléctrica o la devastación de la selva amazónica. Expresan sus opiniones sin gran elaboración, cortan las palabras, hablan atropelladamente; así, tal cual sucede en la realidad. Los giros dramáticos que propone el autor, sobre todo en la segunda parte, atrapan al espectador; y lo insólito, característica que el autor investiga generalmente en sus obras, se coloca en un primer plano: a partir de la idea de los estudiantes de darle vida a los tres maniquíes que permanecen estáticos recargados en las paredes de la habitación, mediante un sistema que los carga de energía a través de una tablet, y los hace hablar.








