La música interior de Sylvain Tesson

La vida simple (Alfaguara), fenómeno editorial en Francia, es el diario de un eremita del siglo XXI quien, en una cabaña en medio del bosque, encuentra el poder más grande: la posesión del tiempo, recobrar el silencio y entrar en contacto con una sonoridad intangible.

Una visita fugaz de un cronista literario a este moderno aventurero, revela conceptos que vale la pena reflexionar. La conversación ocurre en un piso del Barrio Latino de París que al parecer perteneció a un bohemio pintor impresionista.

Sylvain Tesson (París, 1972) narra parte de su odisea en solitario en el entorno parisién, es el autor de una loa al ermitaño y la existencia salvaje; él se dispuso a dejarlo todo y no regresar en diez años a París. Mide el grado de libertad de una persona, el poder echar llave a su casa y desaparecer por tiempo indefinido.

Anterior a este relato, Sylvain Tesson pasó recorriendo buena parte del mundo en bicicleta o atravesando a pie la cordillera del Himalaya. Aprendió a desprenderse del concepto de confort, a sobrevivir en condiciones muy rudimentarias.

Tras haber recorrido el mundo, llegó el día en que necesitó la quietud, el silencio y el aislamiento. Se acercaba a los cuarenta y, donde otros compran un auto deportivo, él quiso disolverse en la naturaleza y mirar hacia adentro.

Tras curtirse en las más atrevidas expediciones, que lo han llevado a los confines del mundo y las expediciones más peligrosas, Sylvain decidió hacer realidad dos de sus sueños, uno de la niñez y el otro una promesa de obligado cumplimiento antes de los cuarenta. “vivir como un ermitaño en una cabaña perdida en el bosque.”

El libro La vida simple se pregunta: ¿…Y si la libertad consistiera en adueñarse del tiempo? ¿Y si la felicidad fuera disponer de soledad, de espacio y de silencio, cosas de las que carecerán las generaciones futuras?

El silencio expuesto por Sylvain es en realidad una partitura de aislamiento, donde la ausencia es aparente, pero habitada de música y pensamientos.

Tesson se evade del conformismo civilizado y va forjando una relación íntima con los sonidos que escucha en el entorno que rodea su cabaña, arropado por el silencio de sus tareas cotidianas: Cortar leña, encender el fuego, conseguir alimento, escribir con el acompañamiento único de lúdicas atmósferas  siberianas, el roce del viento en las coníferas y, la cromática escala de extrañas aves que sobreviven en climas extremos.

Una selecta colección de libros en que sobresalen autores como Nietzsche, Schopenhauer, Conrad y Shakespeare conforman su colección en el interior de la cabaña de madera, y las texturas sonoras complementan lo que José Antonio Alcaraz llamaría una “Liturgia del entorno”.

El sentido del tiempo en Tesson adquiere un estatismo minimalista (un relato estático), enriquecido por la reflexión de una música interior, que necesariamente se desarrolla en quien permanece aislado de la masa sonora urbana a la cual está expuesta la mayoría.

“No deberíamos dejar pasar ni un instante de la vida sin prestarle atención –afirma esta literatura nómada–. El futuro es una construcción, el mañana una impostura, una manipulación profunda. Los que hablan del mañana son los sacerdotes y los políticos, los que tienen algo que venderte, ya sea la vida eterna o promesas. Son los que han manipulado el tiempo para evitarnos ver el único tesoro que tenemos, el instante que vivimos.”