“Claroscuro”

Henning Mankell, reconocido escritor sueco por sus novelas policiacas protagonizadas por el detective Kurt Wallander, es también un prolífico dramaturgo, aunque su trabajo en el teatro se conoce poco internacionalmente.

En Suecia dirige el teatro Växjö Kronobergsteatern, donde sólo presenta autores suecos; y en la ciudad de Mamputo, capital de Mozambique –donde vive seis meses al año–, tiene la compañía Teatro Avenida.

Mankell llega por primera vez a los escenarios mexicanos con la puesta en escena de Los días y las noches en Chartres, dirigida por José Caballero en la Sala Villaurrutia.

La historia de la obra parte de la foto tomada por Robert Capa en la primavera de 1945 en París, que muestra el momento en que una mujer rapada con un hijo en brazos camina por la calle antes de ser enjuiciada por haberlo tenido con un soldado alemán. La provocadora foto incita al autor a contar los hechos desde el punto de vista de la víctima: una adolescente enamorada de un hombre, más que de un soldado o del enemigo, y repudiada por todo su alrededor. Mankell pone en cuestión los valores que sustentaba la comunidad que pedía su ejecución. A través de la obra observamos la complejidad de los pensamientos y sentimientos de los seres humanos cuando un hecho adquiere diversos significados. La mujer que la incrimina porque “su soldado” no evitó la muerte de su hijo, o la amiga que le da la espalda, o los soldados  de la resistencia que la insultan o compadecen.

De la foto La liberación de Chartres se sabe poco, pero la recreación que hace el escritor de la impresión que le causó, nos da todo un entramado de relaciones humanas. Mankell se ve en la necesidad de plasmar su posición frente al oficio de testimoniar los acontecimientos de nuestra realidad y la concretiza en el personaje de Robert Capa, a manera de rompimiento de la ficción, con el cual concreta su postura en relación a la creación de imágenes, el periodismo y el compromiso que implica. Henning Mankell en el 2010 fue detenido por el ejército israelí, junto con otros activistas a bordo de un barco que llevaba ayuda humanitaria a Palestina. En Días y noches en Chartres expresa su posición hablando, desde lo humano, de una situación política y social que condena a una mujer inocente.

José Caballero, quien antepone la palabra “Claroscuro” al título de la obra en referencia a las cualidades de la imagen, la lleva a escena con un grupo de jóvenes actores, pero la propuesta no logra impregnar el sentido de dramatismo que contiene el texto. La poca profundidad en la actuación impide emocionarnos, a pesar de que el hecho en sí es estrujante; los tonos altisonantes y hasta posados distancian al espectador y resulta inocuo que a Simone, la protagonista, la encarnen alternadamente tres actrices que se esfuerzan en darle cuerpo a este imponente personaje.

El concepto escenográfico y de iluminación diseñado por Patricia Gutiérrez Arriaga nos sumerge eficazmente en un ambiente sórdido de guerra y con poca claridad; con paneles movibles tapizados de costales de yute como si fueran trincheras de guerra, se recrean espacios exteriores e interiores y la estética la embellece, también, el diseño de vestuario de Georgina Stepanenko.