Gérard Lhéritier, el coleccionista -empresario

PARÍS.- Pregona Gérard Lhéritier:

“No soy mecenas multimillonario ni un afortunado heredero. Soy simplemente un hombre de negocios avisado que propone invertir en forma inédita en el mercado de las cartas y de los manuscritos. Sé que mi éxito genera polémicas y críticas. No me preocupo. Es pura envidia. Mis negocios son transparentes.”

Tono de voz sereno y mirada astuta, este empresario de 66 años, que acaba de adquirir por 7 millones de euros el manuscrito de Las 120 jornadas de  Sodoma del marqués de Sade, se impuso en un poco mas de 20 años como el mayor coleccionista privado del mundo de cartas y manuscritos.

El extraordinario rollo de papel en el que Sade copió el texto de su obra más radical pertenece en realidad a Aristophil, compañía de compra-venta de  documentos con valor histórico creada que Lhéritier en 1990. Aristophil y el Museo de  las Letras y de los Manuscritos, fundado por el empresario en 2004, cuenta actualmente con un fondo 135 mil piezas cuyo valor total gira alrededor de 500 millones de euros. Algunas de ellas figuran entre las más cotizadas del planeta.

“El manuscrito de Sade, que acabamos de asegurar por 7 millones de euros, está considerado ahora  como uno de los diez documentos más costosos del mercado internacional”, recalaca Lhéritier.

–¿Qué manuscrito encabeza esa lista de tesoros?

–El Codex Leicester de Leonardo da Vinci adquirido por Bill Gates, fundador de Microsoft, en noviembre de 1994 por 30 millones 800 mil dólares y asegurado en 75 millones. Es una documento excepcional: consta de 72 folios de escritos cientificos ilustrados por  300 dibujos y diagramas que el artista compiló entre 1506 y 1510 en Milán. Si hoy Bill Gates lo pusiera a la venta, estoy seguro de que rebasaría los 100 millones de dólares.

Lhéritier es inagotable cuando habla de «las joyas» del pujante mercado de cartas y manuscritos:

“A lo largo de su vida Leonardo da Vinci escribió miles de páginas, pero todas están conservadas en museos e instituciones, salvo El Codex Leicester que es el único documento de suma importancia que se encuentra en manos privadas. El segundo manuscrito más caro  es el de Einstein-Besso que adquirimos en 2004. Tiene un valor estimado de 28 mil 465, 800 dólares y lo  aseguramos por 30 millones de euros. Se trata del esbozo de 44 páginas de la teoría de la relatividad general que Albert Einstien escribió junto con Michele Besso en 1914.”

Lhéritier vacila unos segundos cuando se  le pregunta cuáles son los manuscritos estrellas de su coleccion:

“¡Hay tantos!”, suspira antes de mencionar los que le “vienen a la mente en forma espontanea”: El Primer manifesto del surrealismo de André Breton, comprado en 2008 por 3. 2 millones de euros y La Declaración del Rey dirigida a  los franceses a su salida de París, conocida también como El testamento de Luis XVI, una misiva escrita por el monarca unas horas antes de su huída de Versailles. Lhéritier afirma haber desembolsado 2 millones de euros por esa carta  de gran valor histórico, descubierta en Estados Unidos en 2009.

También recuerda un documento firmado el 7 de mayo de 1945 por el  entonces general estadunidense Dwight David Eisenhower en el que se  declara el fin de la Segunda Guerra Mundial. Luego habla de preciosas cartas intercambiadas por los poetas Paul  Verlaine y Arthur Rimbaud o de textos autógrafos de Tolstoi, Goethe, Kafka, Baudelaire, Sartre, Zola, Saint Exupéry.  Cita documentos de Churchill, Roosevelt, De Gaulle, misivas y partituras de  Verdi, Beethoven, cartas de Matisse, Magritte, incunables de Victor Hugo y una partidura anotada de la mano de Mozart…

Nacido en una familia modesta de Lorraine, región fronteriza con Alemania, Lhéritier se aburría tanto en el colegio que abandonó  sus estudios antes del bachillerato para  incorporarse en el ejército donde pasó ocho años. No le entusiasmó la carrera militar. Regresó a la vida civil convencido de que su verdadera vocación era el comercio. Montó una pequeña empresa de seguros, incursionó en la venta de diamantes y se arriesgó en la filatelia. Esta última experiencia fue desastrosa: acusado de estafa, acabó en la cárcel antes de que se reconociera su inocencia.

Fue a finales de los años 80 que el destino le sonrió.

“Buscaba estampillas raras para mi hijo cuando vi en una vitrina un sobre amarillento con un cartelito señalando que esa carta había llegado a su destinatario gracias a un ballon monté (un globo aerostático). Me intrigó. Entré en la tienda cuyo dueño me contó una historia asombrosa.”

Lhéritier se acomoda en su sillon y a su vez cuenta:

“En 1870 las tropas prusianas asediaron París, que quedó totalmente  aislado del resto de Francia. Las autoridades capitalinas tuvieron que usar globos para despachar el correo hacia la provincia. En algunas regiones se ideó otro sistema de comunicación: les boules de Moulins (las bolas de Moulins). Se trataba de cinlindros de  zinc  fabricados en la ciudad de Moulins llenos de cartas  que ‘viajaron’ hasta la capital por el rio Sena. Muchos se extraviaron pero  fueron reapareciendo año tras año con su precioso contenido que acabó en casas de antigüedades.”

Lhéritier se apasionó por estas cartas. Descubrió y compró misivas de Victor Hugo, del pintor impresionista Edouard Manet, del compositor Georges Bizet, del poeta Theophile Gautier. Buscó inmiscuirse en el círculo bastante  culto y cerrado de las librerías especializadas en documentos, cartas, manuscritos y autógrafos de personajes históricos célebres. Se conectó con casas de subastas parisinas e internacionales. Buscó contactos con coleccionistas privados. Y finalmente en 1990 creó la sociedad Aristophil con la firme intención de conquistar ese mercado elitista cuyos integrantes observaban con cierto desdén a ese hombre de negocios, autodidacta y bastante neófito. Su menosprecio no tardó en convertirse en desconfianza y clara hostilidad cuando descubrieron los métodos empresariales de Lhéritier.

La invención de Aristophil

“Para lanzarse en grande en ese negocio se requieren fondos importantes que permiten adquirir manuscritos de primer orden en el momento mismo en que salen a la venta –explica el presidente de Aristophil–. Yo no tenía capital. Entonces decidí adaptar al mercado de cartas y manuscritos el sistema de compra en indivisión o copropriedad que se utiliza en el mercado de bienes y raíces. Esa iniciativa tuvo éxito y fue lo que me permitió crecer.”

Aristophil compra documentos en el mundo entero y luego los pone en venta. Cuenta con dos tipos de clientes: unos individuales que adquieren un bien  para su colección personal y adherentes que compran documentos en copropriedad por cinco años. Las piezas se quedan en Aristophil o en el Museo de las  Cartas y  de los Manuscritos. Los gastos  de conservación y de seguro corren a cargo de Aristophil. Al cabo de cinco años la empresa las vuelve a comprar, los adherentes recuperan su inversion y cobran intereses que hasta la fecha resultan muy atractivos, estando además exentos de impuestos. En pocas palabras, Lhéritier abrió un nuevo espacio de especulación que su sistema de indivisión volvió asequible a un amplio abanico de inversionistas.

La empresa cuenta con 18 mil adherentes, en su mayoría de clase media,  que pueden compartir en copropriedad manuscritos de Jean Cocteau, Edith Piaf, Charles Baudelaire, Richard  Wagner o Ernest Hemingway, entre miles de otros  y que aseguran a Lhéritier una importante reserva de fondos.

“Sin estos fondos jamás hubiera podido adquirir Las 120 jornadas de Sodoma, ni el Manuscrito Einstein-Besso. Estos dos últimos tesoros al igual que otros manuscritos relevantes de la literatura francesa pertenecen a Aristophil. No los volveremos a poner en venta, y así nunca saldrán de Francia. Es la regla que nos hemos fijado”, subraya e insiste:

“Me enorgullece haber repatriado a mi país joyas de nuestro patrimonio cultural esparcido por el mundo, y los adherentes que participan en esa aventura  comparten tal orgullo. Pero no soy filántropo ni tampoco lo son mis clientes. Aristophil es un business: hacemos negocios, ganamos dinero al tiempo que nos volvemos dinámicos actores de la vida cultural francesa. Aristophil es la única empresa del mundo que funciona de esa manera.”

Lhéritier cuenta con una amplia red de corresponsales internacionales al acecho de cualquier venta :

“Hace 20 años comprábamos la mitad de nuestros documentos en las subastas. Pero el mercado se ha puesto tan efervescente que los precios suben  en forma exponencial. Hoy sólo realizamos 20% de nuestras compras en  subastas. La mayor parte de nuestras transacciones se hacen directamente con los dueños de las colecciones. Nos contactan de todas partes y trato personalmente con los más destacados. Muchos son herederos o coleccionistas que quieren tener la garantía de que  el conjunto  de cartas y documentos históricos en su posesión  no sera dispersado. El 20% restante de nuestras  compras se hace en librerías especializadas.”

El éxito de Gérard Lhéritier es espectacular.  En 2010 compró por 30 millones de euros una elegante mansion de 700 metros cuadrados en el mítico Boulevard Saint Germain para albergar el Museo de las Cartas y de los Manuscritos, que se encontraba en un edificio mucho más modesto. El año pasado adquirió otra mansión, el famoso Hotel de la Salle del siglo XVIII, de mil 700 metros cuadrados que convirtió en sede de  Aristophil y del Instituto de las  Cartas y  de los Manuscritos. Esa lujosa residencia, que se encuentra a espaldas del Museo d´Orsay, en el mero corazón del barrio de Saint Germain, se dispone a acoger exposiciones temporales de mucho relieve. La primera  se inaugurará el próximo mes de septiembre con el manuscrito de Las 120 jornadas de Sodoma.

En 2011 Lhéritier inició su expansión internacional inaugurando un Museo de las Cartas y de los Manuscritos en las famosas Galeries Royales Saint Hubert ubicadas en el corazón de Bruselas, Bélgica.

El empresario, que siempre insiste en su calidad de businessman, aceptó sin embargo en varias oportunidades fungir como mecenas de la Biblioteca Nacional de Francia. En 2011, por ejemplo, participó con un cheque de 2 millones 500 mil euros para la compra por la BNF del manuscrito de la Vie de Sainte Catherine d’Alexandrie, un tesoro del siglo XV. También presta  gratuitamente piezas de su colección a todas las instituciones culturales que lo solicitan.

Las malas lenguas afirman que Lhéritier multiplica estos gestos generosos para ganar respetabilidad y callar críticas y sospechas.

Estas son numerosas. El empresario está en la mira de la Autoridad de los Mercados Financieros de Francia que lanzó, en 2012, una alerta a los ahorradores atraídos por las jugosas ultidades propuestas por  Aristophil. Les aconsejó prudencia con respecto a “inversiones atípicas como las de  las cartas y manuscritos, obras de arte, estampillas, vinos”.

Jean Pierre Rondeau , presidente de la Asociación de Asesores de Administración de Patrimonios manifiesta la misma desconfianza para con Lhéritier y recomienda a sus clientes no tratar con Aristophil. El Sindicato de la Liberia Antigua denuncia “actividades meramente especulativas que afectan la confianza que inspira nuestro oficio”, y recalca:  “Es imposible preveer el valor que tendrá un bien dentro de cinco años”.

El 6 de noviembre del año pasado la policía irrumpió en las oficinas Aristophil en Bruselas confiscando libros de contabilidad y discos duros de las computadoras. La justicia belga sospechaba  del sistema de compras en indivisión de Lhéritier considerándolo como potencialmente tan peligroso como el sistema piramidal de Bernard Madoff. A principios del pasado mes de enero las autoridades judiciales se echaron para atrás y, caso muy excepcional, recusaron al juez instructor que había lanzado el operativo contra Aristophil.

Esa comparación con Bernard Madoff indigna a Gérard Lhéritier:

“Madoff vendía viento. Yo vendo bienes culturales concretos, palpables. Mis detractores dicen que la compra-venta de cartas y manuscritos que hoy va viento en popa es una burbuja especulativa. Es pura mala fe. Ese mercado nuevo está en pleno desarollo y no va a dejar de crecer.”

–Se le nota demasiado seguro de sí mismo.

–Lo soy por una razón muy sencilla: con el auge de la informática el papel está en vías de desaparición. Los manuscritos mil veces tachados por los escritores o las distintas versiones de un mismo manuscrito que permitían  entrever el misterio del acto creativo pertenecen a la historia. Ahora la mayoría de los escritores usan tratamiento de texto. Pasa lo mismo con el arte epistolar, que también está en vía de extinción. Prevalecen los mensajes electrónicos, mails, sms, conversaciones por skype. Mientras más crece la conciencia de esa evolución inexorable, más valor van adquiriendo las cartas y manuscritos.