El domingo 15, en la cuenta @w_salahadden –luego inhabilitada por Twitter– el grupo extremista Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL) difundió 58 imágenes en las cuales se ve a decenas de hombres vestidos de civil forzados a tenderse en el suelo para después ser asesinados con ráfagas de AK-47.
Para periodistas que siguen los acontecimientos en Medio Oriente –incluyendo los más acostumbrados a la guerra– era difícil creer en la autenticidad de esas imágenes. “Tienen que estar photoshopeadas”, aseguraba uno de ellos en un grupo de Facebook especializado en Irak. “Miren los excesivos colores, las sombras no corresponden”, argumentaba.
Pero el hecho se confirmó: alrededor de mil 700 personas capturadas en la ciudad de Tikrit, al norte de Bagdad, fueron asesinadas. El EIIL las señaló como soldados chiitas del ejército de Irak.
Aceptada la realidad, la discusión pasó a las intenciones de EIIL: ¿para qué difundía la milicia las pruebas de su crimen de lesa humanidad?
En febrero de 2004 Abu Musab al Zarqawi, dirigente de Al Qaeda, envió una carta a Osama bin Laden, líder máximo de esta organización, en la cual delineó la estrategia del extremismo islámico en Irak: realizar atentados contra la población chiita para provocar una respuesta violenta contra los sunitas, obligando a éstos a buscar amparo en la misma Al Qaeda.
Al parecer el EIIL –organización que hasta enero pasado estaba afiliada a Al Qaeda–, sigue las mismas líneas: el jueves 5 intentó destruir los santuarios chiitas de Samarra, los más venerados del país.
Pero su objetivo es más amplio.
La sorprendente ofensiva de EIIL –que le permitió apoderarse de Mosul y la cuenca del río Tigris–, no podría haber tenido éxito si las tres divisiones del ejército iraquí (30 mil hombres) que debían enfrentarla no se hubieran retirado sin apenas oponer resistencia.
El primer ministro iraquí, Nouri al Maliki, denunció la traición de algunos generales. Pero dos semanas después seguía sin decir sus nombres.
Los residentes de Mosul vieron otra cosa el martes 10, como cuenta Raad Abbás, médico que pese a pertenecer a la secta sunita, escapó con su familia a Erbil, la capital del Kurdistán iraquí:
“No lo podíamos creer: los soldados corrían despavoridos. Se quitaban sus uniformes y su equipo y los abandonaban en plena calle. Ahí dejaban las armas, incluso los Humvees (vehículos blindados estadunidenses), porque no querían ser identificados como militares. Ni siquiera escuchamos combates ni tiros. Nos dimos cuenta de que el EIIL venía cuando vimos correr a los soldados. Nosotros somos sunitas, pero en redes sociales hemos visto lo que hacen los del EIIL: las ejecuciones, las torturas. A nosotros también nos agarró el terror y lo dejamos todo. A mi esposa y a mí sólo nos dio tiempo de sacar a las niñas y nos fuimos. En media hora cambiaron nuestras vidas.”
Viralización
Infundir odio y terror en sus adversarios es una de las técnicas que el EIIL ha perfeccionado en Twitter, Facebook y otras plataformas. Pero también las usa para reclutar miembros, conseguir donaciones y amplificar su propaganda, con tal habilidad que ha superado a cualquier otra organización yihadista, incluida Al Qaeda, a la cual ha desplazado como primera referencia del extremismo islámico en internet.
Uno de sus recursos es un app en árabe para teléfonos Android llamado “El amanecer de la limpieza alegre”, publicitado como una forma de mantenerse al día sobre todo lo relacionado con el EIIL.
Una vez que el usuario de Twitter se da de alta, su cuenta funciona normalmente excepto cuando el app emite tuits diseñados centralmente por quien controla las operaciones de medios sociales del grupo. Esos mensajes contienen ligas, hashtags e imágenes que así son tuiteadas al mismo tiempo por miles de personas, con un ritmo calculado para evitar la detección por los algoritmos antispam de Twitter. Aunque fue lanzada en abril pasado, alcanzó 40 mil tuits en un solo día durante la ofensiva sobre Mosul.
Esta y otras estrategias le permiten al EIIL proyectar fuerza y promover la participación de sus simpatizantes. De esta forma supera, con mucho, a Jabhat al Nusra, la rama “oficial” de Al Qaeda en Siria, con la que el EIIL está en guerra. Un análisis realizado en febrero por J. M. Berger, especialista en redes de la revista The Atlantic, encontró que el hashtag del EIIL registraba un promedio de 10 mil menciones diarias. El de Al Nusra apenas alcanzó 2 mil 500 menciones.
Los periodistas destacados en Bagdad no creen que el EIIL tenga los recursos para conquistar esta ciudad, pero reconocen que la organización ha creado la impresión de poder hacerlo.
Mientras se combate en otras zonas, los residentes que hacen búsquedas con la palabra “Bagdad” encuentran la imagen de un temible enmascarado de EIIL en su ciudad, con el slogan: “Bagdad, ya vamos llegando”. Este tipo de propaganda ha creado un clima de miedo y derrotismo parecido al que invadió a Mosul en vísperas de su toma.
La calidad del trabajo del EIIL es impresionante. The Clanging of the Swords IV (El sonar de las espadas IV) es un video recientemente lanzado en YouTube con la longitud de una película de Hollywood y una realización profesional, con una secuencia de una bomba en cámara lenta, pietaje aéreo (organización y ubicación de los fotogramas) y escenas filmadas a través de la mira de un rifle. Pero no es ficción. Las imágenes de personas que, momentos antes de ser fusiladas, cavan sus propias tumbas, impresionan a los soldados iraquíes o a los habitantes de las poblaciones que están en el camino de los milicianos del EIIL.
La producción también está destinada a otros ojos: los de jóvenes religiosos con sueños de heroísmo y acostumbrados a los juegos de video.
Otros grupos yihadistas y de ideologías opuestas utilizan YouTube para difundir largos discursos de sus líderes, estentóreas proclamas de militantes que después no aparecen en combate o secuencias de mala factura en las cuales no se entiende qué pasa.
Las consecuencias se ven en el terreno: en los foros yihadistas no se discute sobre el extremismo del EIIL sino sobre la espectacularidad y eficacia de sus ataques y la admiración que despiertan, lo cual se traduce en que la mayor parte de los combatientes extranjeros en Siria se sumen a sus filas, en perjuicio de otros grupos.
No todo es violencia: el EIIL quiere aterrorizar a chiitas, cristianos y sus enemigos en general y al mismo tiempo ganarse el apoyo de los sunitas, para quienes produce fotografías, videos e incluso documentos en los que sus militantes aparecen realizando acciones de beneficio social.
También produce materiales para difundir las reglas de su mandato, como hizo en Mosul el viernes 13: obligación de las mujeres de no mostrarse y de permanecer en casa, prohibición de alcohol, tabaco y drogas y castigos para los “traidores” quienes –advierte– “serán muertos o crucificados o sus manos y pies serán cortados, o serán exiliados”.
Para una mayoría de musulmanes la ideología del EIIL es más apropiada para los nómadas del desierto del siglo VII que para los ciudadanos del siglo XXI. En cuestión de propaganda, en cambio, no ha reparado en adoptar las tecnologías de vanguardia. Medievales, sí, pero hipermodernos.








