La Yihad en casa

Saudiarabia permitió que príncipes de su reino e instituciones religiosas wahabitas financiaran al Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL), la organización yihadista más fuerte y peligrosa del mundo, por encima incluso de Al Qaeda. Pero este grupo extremista se salió de su control: tiene recursos millonarios y fuentes propias de financiamiento, ha reclutado a miles de hombres a quienes ha entregado armas de alto poder, invadió Irak y se encuentra ya a pocos kilómetros de la frontera saudita. Arabia está amenazada por el monstruo que ayudó a crear.

El domingo 22 la milicia extremista Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL) conquistó Rutba, la población iraquí más cercana a la frontera con Jordania y Arabia Saudita. De inmediato el hashtag #EIILenlaFronteraSaudí mostró por Twitter las emociones contradictorias que el hecho provocó en miles de personas: unas celebraban el avance; otras expresaban preocupación y miedo.

“Sólo hay cinco horas y media entre Rutba y Arar”, festejó, por ejemplo, la cuenta @31_E1, en referencia a que, de continuar su conquista, el EIIL llegaría a Arar, el pueblo de Arabia Saudita más cercano a Irak.

Para los partidarios del EIIL se trata de un sueño: este mes la organización tuvo el avance militar más veloz y sorprendente. Sus banderas negras ondean en Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, así como en numerosas poblaciones de la cuenca del Tigris. La toma de Rutba sugiere que prevé avanzar a las naciones vecinas para hacer realidad la prometida reinstauración del califato omeya que hace mil 300 años vio la edad de oro del Islam.

Otros hashtags también celebraron la ofensiva del grupo extremista. Sus nombres son elocuentes: #EradelaConquistadeEIIL y #MilMillonesdeMusulmanesporlaVictoriadeEIIL.

Para otro sector de usuarios, en cambio, el avance del EIIL implica la aproximación del terror. “Nos estamos dando cuenta de que jugamos con fuego y ahora nos vamos a quemar”, reconoce Walid al Zahran, profesor saudita de inglés, quien revela la inquietud provocada por dicha ofensiva militar en los círculos sociales de Riad, la capital saudita.

La versión de que la fuerza aérea jordana frenó a bombazos un intento de infiltración de EIIL en su territorio aumentó la sensación de asedio.

Por su parte el gobierno del rey Abdalá bin Abdelaziz al-Saud enfrenta las críticas de autoridades de la región y de organismos internacionales por el supuesto apoyo que, a trasmano, ha brindado a este grupo extremista.

“Lo hacemos responsable por el apoyo financiero y moral que le han dado (al EIIL)”, lanzó el primer ministro de Irak, Nouri al Maliki, el martes 17. Los observadores interpretaron que Maliki trató de distraer la atención sobre sus propias políticas, las cuales promovieron enfrentamientos entre distintos sectores de la sociedad iraquí y alimentaron el crecimiento del EIIL.

Oficialmente la monarquía de los Saud considera al EIIL un enemigo y como tal supuestamente lo persigue. Pero miembros de la realeza y fundaciones religiosas de este país le han dado millones. Ello permitió su surgimiento y consolidación como la organización yihadista más fuerte y peligrosa del mundo, por encima de Al Qaeda, a la cual estaba afiliada y de la que hoy es rival.

“Jugando con fuego”

El financiamiento del extremismo religioso por parte de los Estados petroleros del Consejo de Cooperación del Golfo –entidad dominada por Arabia Saudita e incluye a Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán– es bien conocido. Sentados sobre inmensas reservas de petrodólares, gobiernos y príncipes sostienen fundaciones religiosas dedicadas a promover el wahabismo (una interpretación sumamente estricta del Islam) en el mundo. Así, los imanes y las mezquitas que se adhieren a esta corriente religiosa reciben subvenciones y salarios que les permiten promoverla. Dichos apoyos, en cambio, son negados a los clérigos moderados.

Igualmente reciben financiamiento grupos armados del extremismo islamita.

De hecho, en los ochenta Estados Unidos promovió que príncipes sauditas, como Osama Bin Laden, aportaran dinero y hombres durante la guerra en Afganistán contra la entonces Unión Soviética. Entre los cables del Departamento de Estado que dio a conocer la organización WikiLeaks en 2010, hay varios en los cuales diplomáticos estadunidenses señalan a sauditas como los principales financiadores de Al Qaeda.

El título de uno de ellos, fechado en diciembre de 2009, es explícito: “Donantes en Arabia Saudita constituyen la fuente de financiamiento más significativa para los grupos terroristas sunitas en el mundo”. Y señala además que las autoridades sauditas no impiden a sus súbditos involucrarse en estas actividades.

Un ejemplo es la campaña “Haz yihad con tu dinero”, mediante la cual un jeque saudita recauda fondos para Al Qaeda. Se promueve en Twitter con la cuenta @jahd_bmalk y como cualquier compañía, publica varios números de teléfono para atender al público. Así, otorga el nivel “plata” a quienes donen 175 dólares para 50 balas para un francotirador y “oro” para quien done el doble de esa cantidad, equivalente a ocho proyectiles de mortero.

El informe Jugando con fuego: por qué el financiamiento privado para los rebeldes extremistas de Siria crea el riesgo de encender el conflicto sectario en casa, elaborado por el Laboratorio de Ideas de la Institución Brookings, revela que debido a la laxitud de sus reglas financieras, Kuwait se ha convertido en la vía para canalizar las donaciones de los demás países del Golfo Pérsico a Siria, a través de Turquía y Jordania.

“Hay evidencias de que los donantes kuwaitíes han respaldado a rebeldes que han cometido atrocidades y están directamente vinculados a Al Qaeda o cooperan con sus brigadas afiliadas”, dice el documento publicado en diciembre de 2013, un mes antes del rompimiento armado entre el EIIL y su –hasta ese momento– organización matriz, Al Qaeda.

El periodista Ben Hubbard contó el pasado 12 de noviembre en The New York Times que habló en Ciudad Kuwait con Ghanim al Mteiri, “uno de los kuwaitíes que, en grandes cantidades y a la luz del día, reúne dinero para armar a la oposición siria”. Éste lo recibe mediante transferencias bancarias o en sacos repletos de billetes. “Antes cooperamos con los estadunidenses en Irak, ahora, ¿por qué no cooperar con Al Qaeda?”, le dijo Al Mteiri a Hubbard.

En los cables filtrados por WikiLeaks se asegura que los sauditas tampoco vigilan el destino de los cuantiosos recursos que el reino pone a disposición de fundaciones caritativas.

En su libro Yihad moderna: rastreando los dólares detrás de las redes terroristas, la periodista italiana Loretta Napoleoni asienta: “De acuerdo con varias estimaciones, las organizaciones islámicas, muchas de ellas vinculadas con grupos armados, pueden recurrir a fondos que van de los 5 mil a los 16 mil millones de dólares. Sólo el gobierno saudita dona 10 mil millones cada año, a través del Ministerio de Obras Religiosas”.

Durante el conflicto sirio, Occidente permitió el sofocamiento de las facciones rebeldes moderadas al incumplir su promesa de apoyarlas, pero al mismo tiempo favoreció que los países del Pérsico, especialmente Arabia Saudita y Qatar, canalizaran directamente armas y dinero a los grupos radicales. Ello estaba a cargo del entonces jefe de los servicios de inteligencia saudita, el príncipe Bandar bin Sultan.

“Gracias a Dios por los sauditas, por el príncipe Bandar y por nuestros amigos qataríes”, dijo el senador republicano John McCain el pasado 12 de enero en una entrevista con Candy Crowley en CNN.

Gran promotor de involucrar a su país en la campaña contra el régimen sirio de Bashar al Assad, al parecer McCain tiene escaso conocimiento sobre este conflicto y sus actores. Tras una visita a la zona insurgente se difundió una foto en la que aparece con un yihadista responsable del secuestro de 11 peregrinos chiitas. El 30 de mayo de 2013 la revista FrontPage dio a conocer el suceso con el título “McCain sabe menos de la guerra siria que tú”.

El pasado 13 de abril, sólo tres meses después de recibir la gratitud pública de McCain, el príncipe Bandar fue destituido de su cargo.

Comprar la Yihad

Si la salida de Bandar indica que el gobierno saudita ha reconsiderado sus operaciones de financiamiento a grupos extremistas, puede ser demasiado tarde. Los milicianos del EIIL no sólo llegaron a Rutba, sino que muchos de sus militantes y simpatizantes se encuentran ya en Arabia Saudita. Un tuit de la cuenta yihadista @AMTAHD lo anotó abiertamente el domingo 22: “No estamos en la frontera. Estamos aquí en Arabia Saudita y ésta es nuestra tierra”.

Entre mil y 2 mil sauditas ha viajado a Siria para luchar contra el régimen de Assad. De ellos, unos 250 ya regresaron al reino. Tienen ahora entrenamiento militar y experiencia bélica. Ello provocó que las autoridades difundieran el pasado 4 de febrero un decreto real que establece penas de tres a 20 años de prisión para quienes se unan a grupos o corrientes radicales. Si se trata de miembros de las fuerzas armadas, el castigo será de cinco a 30 años.

El ejército saudita pidió, a través de tuits desde su cuenta @SAUDI_ARMY_NEWS, que los ciudadanos reporten de inmediato incidentes de reparto de propaganda y de reclutamiento de voluntarios para el EIIL. El 6 de mayo, el Ministerio del Interior anunció la detención de un grupo de 62 personas ligado al EIIL, que preparaba una campaña de asesinatos y atentados dentro del país.

Las autoridades sauditas temen que los extremistas usen sus células en Arabia Saudita para lanzar ataques puntuales y facilitar la invasión del EIIL.

El lunes 23 DEBKAfile, sitio de temas de seguridad formado por exagentes israelíes de inteligencia, reveló que esa misma mañana el EIIL intentó penetrar en Jordania desde Rutba y cazas jordanos destruyeron cuatro transportes blindados de tropas, presumiblemente algunos de los vehículos de fabricación estadunidense que el EIIL le arrebató al ejército iraquí.

Según DEBKAfile, las fuerzas armadas jordanas consideran que su capital, Ammán, está en peligro y convocaron a los reservistas para incorporarse a sus unidades. “La captura de Rutba es vista por fuentes militares occidentales como un indicador de los siguientes objetivos de los islamistas”, afirma.

Y agrega que los milicianos que tomaron Rutba se dividieron en dos grandes grupos: uno se dirige al oeste, a Jordania; y el otro hacia el sur, Arabia Saudita.

Por otro lado, un hipotético cambio de políticas del gobierno saudita puede ser tardío porque el EIIL ha adquirido tal fortaleza que de hecho ya no depende de las donaciones. Sus victorias militares lo están enriqueciendo.

Desde que a finales de 2012 se apoderó de los campos petroleros del este de Siria ha asegurado un ingreso constante con la venta de combustible, que a veces le compra, incluso, el mismo régimen sirio al cual combate.

De hecho está vendiendo cualquier cosa que encuentra en su camino, desde chatarra y materias primas hasta reliquias que en algunos casos tienen 8 mil años.

Además ha establecido redes de extorsión en poblaciones que sus tropas no han ocupado. Así lo había hecho en Mosul antes de tomar esta ciudad, según denunció el politólogo iraquí Harith al Karawi en un artículo que publicó en octubre pasado el diario en línea Al Monitor.

Ahora, en entrevista con Proceso, Al Karawi, explica: los integrantes del EIIL “ya tenían una presencia sólida en Mosul que las autoridades tenían terror de enfrentar. Habían establecido auténticos sistemas de recolección de impuestos, con penalidades para los que no pagaban, como el asesinato, el secuestro y atentados. Hablé con gerentes de grandes compañías de construcción y con dueños de pequeñas tiendas de vegetales. De todas las actividades tomaban su parte. Las proveedoras de telefonía móvil pagaban. Un estimado conservador es que sólo en Mosul obtenían 8 millones de dólares al mes”.

Además roban bancos. No de manera tradicional: entrando a tiros y escapando después de la ciudad; sino conquistando la ciudad y apropiándose de lo que hay en ella. Su mayor trofeo ha sido la misma Mosul, con 1 millón 800 mil habitantes antes de ser abandonada por las tropas iraquíes y capturada por el EIIL el martes 10. Su población es ahora mucho menor pues en cuestión de horas unas 500 mil personas huyeron. Todas sus posesiones, como las de las empresas privadas e instituciones públicas, quedaron a disposición del EIIL.

En esa misma ciudad, dos días antes de su caída, agentes del servicio de inteligencia iraquí ubicaron el escondite de un operador del EIIL. Descubrieron 160 unidades de memoria flash que contenían información detallada sobre el grupo: nombres y apodos de guerra de combatientes extranjeros, códigos para identificar a sus principales dirigentes, iniciales de contactos en el gobierno nacional y un estimado de sus finanzas.

Según un oficial de inteligencia iraquí que habló con Martin Chulov, reportero de The Guardian (en nota publicada el domingo 15), el EIIL tenía 875 millones de dólares en bienes y efectivo antes de la toma de Mosul. Pero tras robar los bancos y saquear los cuarteles de la ciudad, obtuvo otros mil 500 millones de dólares.

Sólo la oficina del Banco Central guardaba el equivalente a 429 millones de dólares.

“Con eso puedes comprar mucha yihad”, dice a Proceso Elliot Higgins, investigador independiente especializado en el armamento que se utiliza en la guerra siria. “Con 429 millones de dólares, el EIIL podría pagar el salario a 60 mil combatientes durante un año, a razón de 600 dólares al mes”.

Hasta ahora, para poner a Medio Oriente de cabeza le han bastado de 7 mil a 10 mil hombres.