Un matrimonio fue víctima de negligencia médica en el Hospital Materno Infantil en julio de 2013, ya que la señora no fue atendida adecuadamente y su hijo murió. Además, tanto ella como su esposo fueron maltratados en el nosocomio. Y pese a que presentaron su queja en la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco, ésta se demoró casi un año en emitir una resolución que ordena indemnizar a los promotores de la queja y sancionar a los responsables de la mala praxis, mientras que la Comisión de Arbitraje Médico del estado ni siquiera ha respondido.
A casi un año de que perdió a su primer bebé por una negligencia médica, María Elizabeth Contreras Rodríguez, de 22 años, y su esposo, César Eduardo Calderón Ríos, piden justicia y el correspondiente castigo para el personal del Hospital Materno Infantil Esperanza López Mateos, que se negó a darle adecuada atención médica.
En un intento por callarlos, el director del nosocomio, Rodolfo Santoyo Durán, ofreció a la pareja a través de una tercera persona un soborno de 300 mil pesos para que se desistiera de la queja 5219/2013-IV, que presentó ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) y de su demanda en la Comisión de Arbitraje Médico del Estado de Jalisco (Camejal).
La oferta fue rechaza por los esposos Calderón Contreras, no obstante que viven al día: él es lavacoches afuera del Hospital Materno Infantil y ella limpia casas. Coinciden en que la vida de su hijo no tiene precio. María Elizabeth no sólo quiere que se castigue la mala praxis, sino que espera que cierren el hospital y castiguen a los responsables.
“Nosotros no queremos dinero, lo único que queríamos era nuestro bebé. ¡No entiendo por qué pasó esto! Le batallamos para que me embarazara, por eso yo le pedí mucho a Dios un niño y me lo mandó, pero como no me atendieron bien se me murió”, dice con visible dolor.
Recuerda el principio de su embarazo: “Me dijo una señora que también se iba a hacer un eco: ahorita vas a salir bien adolorida. Le pregunté por qué y me dijo: porque este señor te encaja mucho el tubito. Y sí me lo encajó. Yo no sabía que el Seguro Popular cubría otros hospitales, si no, me largo a otro”.
Cuando empezaron las contracciones, se fue al nosocomio en busca de ayuda médica:
“Traía dolor, sangrado y fiebre. Antes de que me hicieran la cesárea, el 9 de julio, me había presentado dos veces en el hospital: el 1 y el 5 de julio, si mal no lo recuerdo. Nunca me hicieron caso. Me regresaron a la casa, pero no comía ni tomaba agua, no podía dormir por el ardor, vomitaba. Sólo me decían que descansara en la casa y que regresara cuando se rompiera la fuente. Me dieron un papelito que decía que si tenía sangrado o fiebre que acudiera, por eso fui, pero no me atendieron.”
Y lamenta que, si bien “ya pasó casi un año de lo que me sucedió, me enteré que siguen con sus mismas cosas (la mala atención hacia las parturientas)”.
Por si fuera poco, relata Elizabeth, “antes de que pusiéramos la demanda contra el hospital todo el personal trataba muy bien a mi esposo: que si güero por aquí y güero por allá. Ahora llaman a cada rato a la policía y no lo dejan trabajar. También nos enteramos que estaban juntando firmas para quitarlo de aquí. Así han de traer su conciencia, por eso no lo quieren ver ahí”.
César confirma que le ofrecieron dinero, pero reitera:
“La vida de mi hijo no tiene precio. Si hubiéramos querido hacernos ricos de un día a otro, ¿cómo nos íbamos a sentir comprando cosas que no tendríamos si no hubiera muerto mi hijo? A la persona que nos ofreció el dinero le preguntamos si tenía hijos, dijo que sí, entonces le solté: ‘véndame uno con el dinero que me está ofreciendo’. Me respondió ‘qué pasó César, los hijos no tienen precio’. Le contesté: ‘exactamente, espero que me entienda’.”
Desde el hospital
Tras varios rechazos en el Hospital Materno Infantil, Elizabeth ingresó el 8 de julio de 2013. Llegó al área de admisión a las 16:00 horas con hipomotilidad –disminución o pérdida de movimiento fetal– y fue atendida por la enfermera Ildefonsa Haro Silva. En el informe que ella rindió ante la CEDHJ menciona que el médico (Manuel Antonio Díaz Ochoa) determinó que Elizabeth “se iba a quedar hospitalizada, pues traía siete centímetros de dilatación y 90% de borramiento” o cambios en el útero.
El reporte de la enfermera contrasta con el de la ginecóloga Adriana Salinas Veloz, quien explica que como médico del turno vespertino, al revisar a la paciente a las 17:30 horas detectó que sólo tenía cuatro centímetros de dilatación y 80% de borramiento.
“El plan de manejo en esos momentos fue libre evolución del trabajo de parto y en espera de quirófanos, ya que en ese momento se encontraban ocupados con pacientes derivadas del Hospital General de Occidente Zoquipan”, se lee en su reporte.
Salinas Veloz dice que atendió a otras pacientes y aproximadamente a las 19:30 revisó por segunda vez a Elizabeth. En el reporte de la ginecóloga se lee que la frecuencia cardiaca del feto bajó de 158 latidos por minuto a 127, y que la paciente tenía igual dilatación y borramiento que en la primera ocasión. A las 19:50, la especialista “dejó indicación escrita y signada” de que se le suministrara a la paciente una solución de Hartman y butilhioscina.
En su declaración a la CEDHJ, Salinas menciona que minutos después atendió una cesárea urgente, “por lo que al salir de dicha cirugía ya había concluido mi horario”. Cuando regresó al día siguiente, 9 de julio, encontró que el estado de salud de Elizabeth era delicado, por lo que “se decide su traslado por proceso de sepsis al Hospital General de Occidente Zoquipan para su manejo con hoja de referencia 1750446”.
En el Hospital Zoquipan continuó la mala experiencia de Elizabeth, ya que su esposo reclamó la pésima atención que le daban y lo sacaron. Se quedó sola y, señala, “ninguna enfermera me atendía”.
La ginecóloga del turno nocturno que atendió el 8 de julio a Elizabeth es Joselyn Eugenia Cardona Díaz, quien después de auscultarla decidió: “…No es lo ideal conducir un trabajo de parto, ya que durante el turno nocturno no contamos con eco doppler o con personas que realicen los estudios fisiológicos”.
Líneas más adelante del informe que presentó ante la CEDHJ, Cardona Díaz menciona: “Al momento de mi revisión la paciente no presentaba datos de alarma obstétrica que indicara una interrupción del embarazo de urgencia, por lo que continué con mis labores (…) sin que en lo personal se me reportara por parte de mis compañeros que la paciente presentara alguna dificultad con su embarazo como se aprecia en el partograma”. Por lo tanto, ella niega que hubiera incurrido en mala praxis.
Días antes, la afectada acudió al Hospital Materno Infantil con la ginecóloga Ana Rosa Navarro Tamayo, quien la atendió el 1 de julio en el área de urgencias porque presentaba un “dolor abdominal, tipo cólico”.
En la revisión se detectó que tenía dos centímetros de dilatación, “por lo cual se dan datos de alarma y se indica cita abierta al área de toco de cirugía de esta misma unidad”, detalló Navarro Tamayo en su reporte a la visitadora Adjunta A de la CEDHJ, María del Socorro Aguilar Atanasio, encargada de dar seguimiento a la queja de Elizabeth.
Así, el 1 de julio regresaron a la paciente. Y en su informe ante la comisión, el ginecólogo Díaz Ochoa dice que siete días después, a las 15:40 horas, Elizabeth regresó al servicio de urgencias y él le hizo una valoración. Tras la exploración física, dice, encontró disminución de movimientos fetales, dilatación de siete centímetros y 90% de borramiento, “por lo que ingresó a la paciente al área de labor con soluciones parenterales (…) siendo la única ocasión que me tocó atenderla”.
Igualmente rindió declaración ante la CEDHJ la enfermera Karla Gabriela Montejano Moreno, quien indica que Elizabeth ingresó al servicio de urgencias del hospital el 8 de julio de 2013, a las 16:00 horas. Una vez que ella le tomó los signos vitales le administró una solución Hartman. Posteriormente, abunda, “procedo a interrogar a la paciente donde ella refiere presentar contracciones y no presentar sangrado transvaginal y se mantiene en observación”.
Montejano Moreno explica que a las 20:00 horas le volvió a administrar la misma solución por indicación del médico de guardia: “En el enlace de turno procedo a entregar a la paciente al turno nocturno con signos vitales estables y vía periférica permeable”.
En tanto, la enfermera Norma Cecilia Íñiguez Hernández declaró a la CEDHJ que esa noche ingresó al “servicio de labor del hospital alrededor de las 21 horas, encontrando entre otras pacientes a Elizabeth Contreras, la cual estaba en su cama con trabajo de parto y canalizada, para esa hora mi compañera ya le había tomado signos vitales y revisado indicaciones médicas”.
Otra enfermera, Gabriela Arias Ramírez, informó al respecto que recibió a la paciente “con diagnóstico de embarazo de término, hipomotilidad y trabajo de parto, misma que se encontraba conciente, deshidratada (…) presentando hipertemia (…) y previo a la cesárea se le administraron gentamicina –un antibiótico– y clindamicina”.
Al respecto, la anestesióloga Sofía Hernández Campos menciona que el 9 de julio, a las 8:45, el ginecobstetra del servicio de urgencias le avisó que se realizaría una cesárea a Elizabeth Contreras “por presentar bradicardia –ritmo cardiaco lento– fetal, así como un embarazo de 41 semanas y trabajo de parto prolongado”.
También reportó que la paciente presentaba fiebre de casi 39 grados, taquicardia y deshidratación. A las 9:15 inició la cesárea, de su vientre salió un niño sin signos vitales “y con líquido meconial fétido. La pediatra realizó maniobras de reanimación sin obtener respuesta”.
En el expediente de la CEDHJ, la enfermera administrativa y docente Jeanette Evelia Pérez Sánchez declaró que la subjefa de enfermeras, María Luisa Rivera Quiroz, “me solicitó apoyo para integrarme al equipo de quirófano ya que había mucho trabajo en el área de tococirugía y no contaba con suficiente personal para cubrir dicho servicio”.
En tanto, el enfermero Francisco Javier Hernández Quezada mencionó que aquel día, “a las 8:50 de la mañana se nos comunica que teníamos que pasar a una cesárea urgente, ingresamos a la sala de quirófanos, a las 9:18, nace el producto, se realizan maniobras de reanimación, sin obtener resultado”.
La resolución
El 12 de agosto de 2013, la visitadora Aguilar Atanasio dictó un acuerdo para informar que ya se habían recibido los oficios signados por Santoyo Durán, los cuales incluían el listado de los médicos que laboraron en urgencias y del personal que atendió a la afectada.
En el oficio 2167/13/V se menciona que no se había recibido el informe requerido al doctor Pedro Esparza Vázquez y a la enfermera María Guadalupe Valdés Rojas.
No es la primera ocasión que se presenta una queja ante la CEDHJ en contra del Hospital Materno Infantil. El organismo de derechos humanos dio a conocer en febrero de este año que emitió la recomendación 12/2013 dirigida al nosocomio, con el fin de reparar el “daño por la deficiente y negligente atención del parto que derivó en la muerte de un pequeño” en ese nosocomio, pero sin especificar el nombre de la persona perjudicada a quien se le indemnizó con 236 mil 374 pesos.
En torno al caso, a finales de mayo pasado la CEDHJ emitió la recomendación 16/2014 en la cual documentó que sí hubo negligencia médica que derivó en la muerte del bebé, debido a una asfixia dentro del útero, ocasionada por la interrupción de la circulación materno-fetal.
El organismo concluyó que Salinas Veloz y Cardona Díaz vulneraron el derecho a la protección a la salud en agravio de la víctima. La CEDHJ pidió al secretario de Salud estatal, Jaime Agustín González Álvarez, que inicie un procedimiento administrativo contra ambas ginecólogas, que repare el daño, que analice las necesidades del área de urgencias del hospital materno y que obligue a los funcionarios del nosocomio a cumplir las normas oficiales.
En cuanto a la demanda ante la Camejal, los afectados no han obtenido respuesta.








