Pelé, el rey vasallo del dinero

Tal vez sea el mejor futbolista en la historia. Y acaso, también, el que ha vivido de patrocinadores durante más tiempo. Se convirtió en una marca que lo mismo anuncia Viagra que la Confederación de Agricultura y Pesca de su país. El embajador del Mundial 2014 y los Olímpicos 2016 se construyó una imagen de filántropo y “apasionado humanitario”, pero en los últimos meses mostró insensibilidad con las manifestaciones anticorrupción y hacia un obrero que murió mientras construía uno de los estadios.

A Edson Arantes do Nascimento, Pelé, se le conoce como O Rei. La magia que hizo con los pies y que encantó al mundo entero aún seduce a las marcas comerciales.

Pelé, sin embargo, es el único rey que al mismo tiempo es súbdito. Lo es de la FIFA; a ratos es la imagen de un banco; en otros, de un refresco, de una aerolínea árabe, de un auto o del laboratorio que patentó el Viagra.

Con Brasil como sede del Mundial 2014 y de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, Arantes do Nascimento recibirá más de 100 millones de dólares (mil 300 millones de pesos) provenientes de los empresarios que lo patrocinan en su encargo de “embajador” de ambos encuentros deportivos.

El portal de servicios financieros Bloomberg publicó declaraciones de Paul Kemsley, director general de Legends 10, empresa que desde febrero de 2012 se hace cargo del marketing y maneja la propiedad intelectual, licencias globales, imagen de marca, patrocinios y apariciones públicas de Pelé:

“En los últimos 18 meses, Pelé ha firmado acuerdos con Procter & Gamble, Volkswagen AG, Emirates Airline­ y Subway Restaurants. Tiene otro acuerdo con Coca Cola para aparecer en todos los lugares donde se presente el trofeo de la Copa del Mundo”, se lee.

El brasileño es el rostro de otra decena de firmas: Banco Santander, telefónica Vivo, Club Santos de Brasil, Cosmos de Nueva York de la Segunda División de Estados Unidos, el supermercado francés Carrefour, relojes Hublot, MediaCom Sports (agencia de relaciones públicas), Montegrappa (línea italiana de instrumentos de escritura), del videojuego FIFA Ultimate Team y hasta de la Confederación de Agricultura y Pesca de su país.

“Pelé es Brasil,” sentenció Kemsley en la publicación. “No es un secreto para nadie que es la imagen del Mundial y de los Juegos Olímpicos. El timing en este tipo de transacción estuvo bien”, añadió. “A sus 73 años (hoy tiene 74), casi cuatro décadas desde que dejó de jugar, Pelé está tomando lo que puede ser su última oportunidad de ganar dinero de su popularidad. Brasil es la sede de este Mundial y Pelé está agarrando patrocinios como cuando jugaba”.

En su página en internet, MediaCom Sport se enor­gullece “de ofrecer a sus clientes una oportunidad única de colaborar con O Rei, una de las últimas leyendas vivas del mundo”. Lo define como un ícono cultural que es amado por “miles de millones” en el mundo y como “un apasionado humanitario”.

El director general de Hublot, Ricardo Guadalupe, reconoció que esa firma pagó alrededor de 500 mil dólares para asociarse a la marca “Pelé”. Cada uno de los 500 relojes de la edición limitada apadrinada por el exdelantero cuesta 18 mil dólares (234 mil pesos).

Incluso antes de que el “Número 10” fuera nombrado embajador, ya firmaba millonarios contratos. En 2006 fue la imagen de una campaña internacional de la compañía Pfizer para promover el Viagra. En 2009, se contrató con Ubisoft para aparecer como entrenador del videojuego Academy of Champions: Soccer, para la consola Wii. En 2010 apareció en un comercial de la empresa francesa Louis Vuitton en el que jugaba “futbolito” con Maradona y Zidane.

Desde 1977, cuando Pelé fichó por el Cosmos de Nueva York, en una época en que el futbol ni figuraba en Estados Unidos, la empresa Warner firmó al jugador por 4.5 millones de dólares. El brasileño fue el promotor del futbol en aquel país. También aprovechó para estudiar marketing deportivo. Los resultados en la cancha no fueron buenos, pero el club lo mantuvo por el dinero que producía. “Hicimos dinero con él. No perdimos un solo centavo”, sentenció en aquellos años Jay Emmett, uno de los directivos.

Las finuras de la política

En una entrevista para la revista semanal del diario El País, publicada el domingo 1,  Pelé estimó que los periodistas inventan mucho de lo que escriben sobre él, pero reconoció que “80% es cierto”. Se quejó de que cuando ofrece opiniones políticas las tergiversan.

“De política no me gusta hablar, lo que no significa que no me interese lo que ocurre en mi país. Lo último vino cuando salté por las críticas que se hacían al Mundial. Se habían producido muchas manifestaciones porque en la construcción de los estadios se sobrepasaron los presupuestos. Dije que los jugadores de la selección no tienen la culpa de que contemos con políticos corruptos. No se entendió, me atacaron por criticar las manifestaciones. Insisto, ¿qué culpa tienen los jugadores?”

–La última no ha sido ésa. La última vino por lo que afirmó respecto de la muerte de un trabajador en las obras de un estadio. ¿También le malinterpretaron? ¿No demostró usted poca sensibilidad? –inquirió el reportero.

–Bueno, todo el mundo me conoce. Yo dije que, desgraciadamente, son cosas que pueden ocurrir. (…) Por más que nos empeñemos en hacer grande a este país con el futbol, los gobiernos siguen siendo corruptos.

De esas administraciones corruptas, Pelé es embajador. También de la FIFA y de sus directivos, algunos de los cuales han sido sancionados por aceptar sobornos o han insultado a Brasil.

Uno de los peores encontronazos entre la FIFA y el gobierno brasileño se dio cuando el secretario general del organismo, Jérôme Valcke, declaró a principios de 2013: “Brasil merece una patada en el trasero” por su ineficiencia en la preparación del Mundial. El ministro de Deportes, Aldo Rebelo, reviró y dijo que quienes se deberían llevar el “patadón” eran Valcke y la FIFA.

La crisis provocó una reunión en 2013 entre la presidenta Dilma Rousseff, Joseph Blatter y Edson Arantes do Nascimento, quien fungió como mediador. Todos terminaron pidiéndose disculpas.

En distintas declaraciones públicas, Pelé ha expresado su preo­cupación por las protestas sociales en su país. En una de tantas, dijo que podrían provocar que aficionados extranjeros cancelaran sus viajes al Mundial. “Ya sabemos que 25% de los extranjeros que venían a Brasil estaban preocupados por los movimientos de protesta, y creo que han cancelado sus viajes. Esta es una gran pérdida para el país”. No dijo nada de los 63 mil millones de dólares que costará la Copa, pese a que al principio se presupuestaron menos de 12 mil millones.

El Rey luego matizó. Dijo que sí estaba de acuerdo con los manifestantes –porque es verdad que faltan escuelas y hospitales–, pero le pidió a los brasileños que dejaran las calles y se concentraran en el futbol.

Pocos días después volvió a la carga: “La ley brasileña, votada por el pueblo soberano, debe ser respetada. Pero también es cierto que, cuando nos propusimos albergar la Copa Mundial de 2014 y nos la adjudicaron, nos comprometimos a aceptar las reglas que impone la FIFA en la materia, que se sobreponen a las leyes nacionales de los países anfitriones”.

Esa ley brasileña que la FIFA y Pelé quieren ignorar es la prohibición de vender bebidas alcohólicas en los estadios, un punto vital para el organismo, porque la cervecera Budweiser es uno de los seis patrocinadores máster del Mundial.

La contraparte

“Dios bendiga los pies de ese tipo, pero se le olvidó el resto, principalmente su boca, porque cuando habla únicamente dice tonterías. Únicamente dice mierda”, aseveró sobre Pelé el exfutbolista Romario, ahora diputado en su país por el Partido Socialista Brasileño.

Desde antes de la Copa Confederaciones –que se jugó en junio de 2013–, Pelé pidió a los brasileños que abandonaran las protestas. En ese momento el congresista Romario respaldó las demandas de los manifestantes y catalogó al rey como “un hombre de la FIFA” que está a favor del despilfarro y no de la atención del gobierno a las necesidades ciudadanas.

En otra declaración, Romario calificó a Pelé como “un poeta, cuando no habla”. El tres veces campeón mundial repuso: “Yo soy un católico y creo que Dios siempre ha perdonado a los ignorantes; entonces yo perdono a los ignorantes”.

En su cuenta de Facebook, Romario fue más duro: “Dice que es un gran católico. No creo. Si lo fuera, hubiera reconocido a su hija y hubiera ido a su funeral. Aparte de ser poeta también es un imbécil”.