La FIFA designó a Brasil sede de la Copa del Mundo 2014 en octubre de 2007, a pesar de que el país había admitido que no tenía los estadios de calidad internacional que el certamen exigía. Hoy, construir 11 recintos nuevos, remozar uno casi desde cero y modernizar su infraestructura para la justa le ha costado a esa nación 63 mil millones de dólares.
El 14 de septiembre de 2006, el entonces presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, admitió públicamente que Brasil no tenía un solo inmueble en condiciones de albergar el torneo, y reconoció que la economía brasileña tampoco estaba en posibilidad de costear su arreglo.
No obstante, luego de esa declaración se reunió con la máxima autoridad de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, el 25 de septiembre de ese año. Sorpresivamente le manifestó el interés de Brasil en organizar la Copa Mundial de la FIFA 2014. Esa junta cambió el panorama.
El encuentro Lula-Blatter tuvo lugar en Brasilia, tres días antes de las elecciones en las que el suizo fue reelecto para un segundo mandato de cuatro años y semanas más tarde de que Río de Janeiro fuera presentada como candidata para celebrar los Juegos Olímpicos de 2016.
La FIFA hizo público que únicamente Brasil y Colombia presentaron sus candidaturas oficiales para la celebración de la Copa en 2014 antes de la fecha límite establecida por el organismo, 18 de diciembre de 2006.
El 12 de abril de 2007, sin embargo, Colombia retiró su candidatura. Argumentó que no estaba en condiciones económicas de cumplir las exigencias de la FIFA. Tras esta renuncia, Brasil quedó como aspirante único.
La designación brasileña se efectuó en presencia de Lula da Silva, quien estuvo al frente de la comitiva que incluyó al entonces presidente de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF), Ricardo Teixeira; al seleccionador Dunga y el exgoleador Romario, quien ahora, como dipu-
tado, es uno de los mayores críticos de la organización.
El reto millonario
Este semanario tuvo acceso al informe del Grupo de Inspección de la Copa Mundial de la FIFA 2014, que describe el proceso que concluyó con la designación de la sede. En la supervisión, realizada del 23 de agosto al 1 de septiembre de 2007, días antes del veredicto final, los inspectores advirtieron que, a diferencia de los mundiales pasados, en Brasil no existía evidencia de un respaldo empresarial a la candidatura.
Además se asentó que el “proceso electoral” para lograr la sede en 2014 era singular, por la falta de países interesados que compitieran entre sí. De acuerdo con el Grupo de Inspección, eso alteró la estrategia de la autoridad local, centrada en asegurar la aprobación interna.
En sintonía con Lula, los revisores determinaron que ninguno de los estadios brasileños podría albergar juegos de la Copa en el estado en que se encontraban. “No obstante, casi todos los planes de renovación y construcción presentados son sumamente profesionales”, matizaron.
Los enviados de la FIFA hicieron hincapié en el estadio Jornalista Mario Filho, mejor conocido como Maracaná. “Si este torneo se adjudica a Brasil, tendría que concebirse un proyecto de renovación más completo”. Así, esa nación tuvo que destinar otros 500 millones de dólares a demoler el interior del inmueble y reconstruirlo.
En cuanto a la financiación para edificar las canchas, el análisis admitió que los clubes, gobernadores, alcaldes y otros socios privados estaban “completamente comprometidos” para cumplir cualquier exigencia de la FIFA.
Y se percibió otro riesgo: “Existe una falta de seguridad en determinadas partes del país, pero las autoridades tienen la experiencia necesaria para mejorar la situación antes de 2014”.
Todo iba bien
El informe, aprobado por el Comité Ejecutivo de la FIFA, fue presentado por el presidente del Grupo de Inspección, el estadunidense Hugo Salcedo, así como los veedores Jaime Byrom (México), Jorge Baptista (Portugal) y Walter Gagg (Suiza).
Ese equipo concluyó que Brasil estaba en posición de organizar un Mundial “excepcional”, y entre sus argumentos destacó que el Producto Interno Bruto (PIB) brasileño era el más alto de Latinoamérica, y sus sectores agrícola, industrial, minero y de servicios eran grandes y estaban desarrollados. “Según el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, la economía de Brasil ocupa el noveno puesto mundial en lo que se refiere a la paridad en el poder de compra”.
En 2007 la economía de Brasil creció 5.3% “apoyada en la evolución internacional, que mostró una elevada demanda de productos básicos y una abundante liquidez”, de acuerdo con el Balance Preliminar presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en diciembre de ese año en Santiago de Chile, retomado por la comisión de la FIFA.
Cuando Brasil buscó la sede mundialista nada permitía sospechar la crisis que sobrevendría siete años después. En este lapso, la economía del país anfitrión se estancó y, por consiguiente, la capacidad para afrontar el compromiso deportivo.
El portal del Centro de Estudios Latinoamericanos (Cesla) anticipa que, cuando el próximo 29 de agosto se anuncie en Brasil el monto del PIB correspondiente al segundo trimestre del año, la presidenta Dilma Rousseff, candidata a la reelección en octubre, “recibirá una noticia peor que la del bajo crecimiento de la economía registrado en el primer trimestre, en comparación con el último de 2013”.
Según el Cesla, el PIB del primer trimestre mostró que la economía brasileña lleva prácticamente estancada un año. “Entre enero y marzo de 2014, descontados los efectos estacionales, todo lo producido o consumido en el país fue 0.3% más que en el segundo trimestre del año pasado”.
El Sindicato Nacional de Arquitectura y de la Ingeniería de Brasil, que realiza un seguimiento mensual de los proyectos relacionados con el Mundial, advirtió que el costo de los 12 estadios ya había alcanzado los 3 mil 400 millones de dólares en marzo pasado (44 mil 200 millones de pesos), cuando inicialmente se habían destinado mil millones (13 mil millones de pesos).
El gremio precisó que, para la misma cantidad de estadios, Alemania sólo invirtió mil 500 millones de dólares en 2006, mientras que Sudáfrica, sede de la versión 2010, gastó mil 400 millones de dólares en 10 inmuebles.
En 2012, el Portal de Transparencia del gobierno brasileño reveló que los financiamientos e inversiones públicas representarán un gasto de 13 mil 500 millones de dólares, aunque un informe de la Asociación Brasileña de Infraestructura e Industrias de Base, que colabora con el Ministerio de Deportes y la CBF, estimó que el costo alcanzará los 63 mil millones de dólares si se toman en cuenta los gastos con la red hotelera y de energía.








