Los colombianos acudirán a las urnas este domingo 5 para elegir al próximo presidente de su país. Cualquiera de los dos candidatos que resulte ganador –el actual mandatario Juan Manuel Santos, quien busca la reelección; u Oscar Iván Zuluaga, abanderado del partido Centro Democrático y quien es apoyado por el expresidente Álvaro Uribe– no puede eludir el reto de concluir las negociaciones con la guerrilla de las FARC que el gobierno inició hace 20 meses y que tiene a Colombia, como nunca antes, tan cerca de la paz.
BOGOTÁ.- El presidente de Colombia que resulte electo en los comicios de este domingo 15 enfrentará un inevitable desafío: continuar con el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Dicho proceso ha logrado avances sin precedente en 20 meses de negociaciones. Su fase definitoria comienza a vislumbrarse con la creación de una subcomisión en la cual delegados del gobierno y de esa guerrilla discuten la logística del cese bilateral del fuego y la deposición de las armas.
De los cinco puntos que figuran en la agenda de negociaciones entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC, en tres de ellos hay acuerdo: política agraria, participación política y drogas ilícitas; el referente al fin del conflicto ya se comenzó a discutir en la subcomisión, y en el quinto –víctimas–, las partes dieron un paso fundamental el sábado 7 al divulgar una declaración de principios en la cual unos y otros se comprometen a asumir su responsabilidad en el drama humanitario que ha significado para este país medio siglo de conflicto armado interno.
“Hay avances históricos en este proceso y nunca habíamos estado tan cerca de la paz”, dice el doctor en derecho constitucional y profesor de la Universidad de Los Andes, Rodolfo Arango.
Para Álvaro Leyva Durán, constituyente y promotor desde hace tres décadas de los diálogos de paz con la guerrilla, los realizados con las FARC “son irreversibles e ineludibles y, sin importar quién gane los comicios presidenciales de este domingo 15, el proceso continuará”.
Leyva Durán –político del Partido Conservador, exsenador y un antiguo interlocutor de las FARC que goza de la confianza de esa guerrilla– dice a Proceso que para ese grupo alzado en armas desde 1964 el presidente Santos, quien busca su reelección, y Oscar Iván Zuluaga, el candidato que es apoyado por el exmandatario Álvaro Uribe Vélez, “representan los mismos intereses”.
Santos, promotor de los diálogos con la guerrilla y quien hizo de la bandera de la paz su principal propuesta de la campaña electoral, ha dicho que, si repite en el cargo, dará prioridad a la búsqueda de un acuerdo con las FARC que ponga fin a la guerra interna en Colombia, la cual ha dejado 218 mil muertos, mil 982 masacres de civiles, 25 mil desapariciones forzadas y 5.7 millones de desplazados, más de 10% de la población del país.
Zuluaga, abanderado del uribista partido Centro Democrático y triunfador en la primera vuelta electoral del pasado 25 de mayo, había anunciado antes de esa fecha que de ganar la presidencia suspendería los diálogos con las FARC, pero después rectificó y prometió darles continuidad si el grupo armado decreta un cese unilateral del fuego y de las hostilidades. Algunos analistas consideran que eso resultaría inaceptable para los insurgentes, mientras que para otros se trata de un asunto que puede resolverse en la mesa de negociaciones.
Leyva Durán sostiene que todo lo que se ha dicho sobre el proceso de paz en la campaña electoral hay que analizarlo en ese contexto, “porque cuando hay elecciones un candidato se muestra duro para decir que el otro es complaciente, y éste dice que no es cierto y que el otro es demasiado duro”.
“Todo esto se ha dicho en un clima de confrontación electoral que desaparecerá este lunes (16 de junio), pues ya habrá un ganador. A partir de ese día, gane quien gane, el proceso de paz será el gran protagonista de la agenda nacional y adquirirá su propio ritmo”, dice el político que ha participado como mediador en los diferentes intentos de paz que se han registrado en Colombia desde los años ochenta.
El factor externo
Un elemento que abona a la tesis de que el proceso de paz en Colombia es irreversible es el amplio respaldo regional e internacional que tienen los diálogos con las FARC, los cuales se realizan en La Habana desde octubre de 2012.
“El conflicto armado en Colombia tiene una dimensión regional por el impacto que provoca en los países vecinos, en Venezuela, en Ecuador, en la frontera con Brasil, y lo que vemos es una América Latina interesada en que los colombianos pongan fin a esta guerra que tiene efectos desestabilizadores muy complicados más allá de nuestras fronteras”, dice la internacionalista Socorro Ramírez.
El proceso de paz con las FARC tiene como países garantes a Noruega y Cuba, mientras que Venezuela y Chile fungen como acompañantes.
Ramírez considera que el contexto regional es absolutamente favorable a la paz colombiana, y organismos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) han impulsado una salida negociada al conflicto, lo cual podría producir un aislamiento de cualquier gobierno que opte por la guerra.
Incluso Estados Unidos ha expresado su respaldo a las conversaciones con las FARC y el pasado miércoles 11 la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, expresó que su país “apoya los diálogos de paz del gobierno de Colombia en su esfuerzo por finalizar décadas de violencia”.
Arango sostiene que el Departamento de Estado ha brindado “un apoyo muy firme” al proceso de paz en Colombia y esto supone que el presidente colombiano, sea quien sea, no tendría mucho juego político para echar por la borda un camino que ya se ha avanzado en materia de negociación con las FARC.
Advierte sin embargo que “tampoco hay que subestimar la capacidad de irracionalidad y la capacidad de actuar voluntaristamente que tiene el uribismo, que por otra parte ve amenazados sus intereses en tenencia de tierras con un acuerdo de paz”.
Uribe Vélez, fundador y líder del Centro Democrático, partido que postuló a Zuluaga, es el más severo crítico de los diálogos que sostiene el gobierno de Santos con las FARC ya que, según afirma, éstos buscan la impunidad de los jefes guerrilleros que han cometido crímenes de lesa humanidad, lo que niegan los negociadores oficiales.
El exmandatario asumirá como senador el mes próximo y contará con una bancada de 20 legisladores en esa Cámara para mantener su ofensiva política contra esa guerrilla, a la cual redujo de 24 mil a 8 mil combatientes mientras gobernó Colombia, entre 2002 y 2010.
El ELN
En un intento por “blindar” el proceso de paz y demostrar que el fin del conflicto es viable, el gobierno de Santos anunció el pasado martes 10 que inició conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la otra guerrilla activa en Colombia y la cual contaría con mil 500 combatientes.
En un comunicado conjunto, el gobierno y el ELN expresaron que el objetivo de los acercamientos que se han producido entre las partes desde enero de este año es acordar una agenda y el diseño del proceso que haga viables el fin del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.
De acuerdo con Santos, un proceso de paz integral en el que estén tanto las FARC como el ELN “es la mejor garantía para las víctimas y para el país de que este conflicto terminó para siempre y nunca más se va a repetir”.
Profesor y doctor en Historia de la Universidad Nacional (UN) de Colombia, Carlos Medina Gallego considera que el diálogo de paz con el ELN es fundamental para poner fin a la guerra interna, ya que constituye una fuerza beligerante que ha tenido una presencia importante en el conflicto durante las últimas cuatro décadas y sin su incorporación a la mesa de negociaciones hubiera sido imposible pensar en una pacificación total de Colombia.
“Estamos en un momento crucial por los avances que ha habido en las negociaciones con las FARC, y el anuncio de un diálogo con el ELN viene a reforzar la idea de que estamos avanzando de manera firme hacia un escenario de paz en que uno de los elementos centrales será que todos los actores, las guerrillas, el Estado, los particulares, los políticos, reconozcan su responsabilidades frente a las víctimas que ha dejado la guerra”, indica el autor de los ensayos FARC y ELN, una historia política comparada y Violencia y lucha armada: el caso del ELN.
Arango considera que con un triunfo electoral de Santos el proceso de paz con las FARC y con el ELN adquiriría una dinámica “muy importante que permitiría al país pensar, por primera vez en medio siglo, que se puede llegar al fin de la guerra interna”.
Los cuatro años que gobernaría Santos con su eventual reelección “serían suficientes para culminar un proceso de pacificación exitoso y construir un escenario de posconflicto con un país más incluyente e instituciones más sólidas y representativas de nuestra pluralidad como nación”, señala Arango.
Y agrega: “Vemos que hay voluntad de las partes para avanzar en las negociaciones, y aunque hay temas muy difíciles por tratar, como el de justicia, porque los jefes de las FARC no aceptan ir a la cárcel, existe un clima propicio para profundizar el diálogo y construir un acuerdo satisfactorio para el país”.
Medina Gallego plantea que de ganar Zuluaga los comicios presidenciales éste replantearía el proceso de paz con las FARC, sometería a revisión los acuerdos alcanzados “y seguramente colocará unos nuevos inamovibles y prerrequisitos que harán que se retorne al escenario de conflicto y de guerra”.
“Zuluaga no podrá romper lo avanzado con las FARC de manera inmediata, pero puede poner condicionantes para que el proceso se vaya diluyendo en el tiempo. No hay que olvidar que tiene tras de sí el liderazgo carismático de Uribe Vélez, quien tiene una clara convicción de que el camino de la finalización del conflicto se hace por la guerra y mediante la exterminación militar de la guerrilla. Si no se sacude de esa tutela política, no habrá proceso de paz”, señala el académico.
Para Leyva Durán, en cambio, el proceso de paz continuará su curso con Zuluaga o con Santos en la presidencia “porque todo es negociable y uno no negocia con los amigos, sino con el enemigo”.
El político conservador, quien impulsa que los eventuales acuerdos con las FARC sean refrendados por una Asamblea Constituyente –una iniciativa que respalda la guerrilla–, sostiene que en cualquier escenario los diálogos con ese grupo armado serán largos, de más de un año. “Pero este proceso se demoraría lo mismo con Santos que con Zuluaga porque no hay temas nuevos, ya todos están sobre la mesa”, asegura.
Respecto a la posibilidad de que le ayude a Zuluaga a tender puentes con las FARC si este llega a la Presidencia, dice: “Desde luego. Es que el oficio mío durante los últimos 30 años ha sido ese: promover la paz, y para eso no importa el nombre del presidente. Si mañana hay un presidente distinto habrá que seguir negociando con la guerrilla”.
El pasado 7 de junio, en una carta dirigida a Zuluaga, el jefe máximo de las FARC, Timoleón Jiménez, Timochenko, señaló: “Siempre hemos sido los primeros en plantear la solución política al conflicto colombiano. Jamás hemos rechazado la invitación a dialogar en esa dirección por parte de ningún gobierno, sobre la base de que sean atendidas las causas que dieron origen a la guerra”.








