El proceso de paz, en vilo

BOGOTÁ.- El sorpresivo triunfo del candidato presidencial Óscar Iván Zuluaga en la primera vuelta electoral del 25 de mayo, y la posibilidad de que sea elegido como el nuevo mandatario de Colombia en la segunda ronda del 15 de junio, pone en vilo el proceso de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y genera incertidumbre a nivel regional sobre el rumbo que tomaría este país en caso de que el aspirante del partido Centro Democrático (CD) llegue al poder.

Zuluaga, el “delfín” político del exgobernante Álvaro Uribe Vélez –fundador y líder del CD–, ha advertido que lo primero que hará si llega a la presidencia será suspender de manera provisional los diálogos con las FARC y exigiría a esa guerrilla decretar una tregua unilateral, la desmovilización de sus combatientes y aceptar que sus jefes vayan a la cárcel, lo que implicaría la virtual ruptura de las negociaciones.

El candidato de Uribe Vélez, el más enconado crítico del proceso de paz con las FARC, obtuvo 29.25% de los votos en los comicios del domingo 25, seguido del actual mandatario y candidato de la Unidad Nacional, Juan Manuel Santos, quien logró 25.69% de los sufragios. Ambos deberán presentarse a una segunda ronda electoral el 15 de este mes, ya que fueron los dos candidatos con mayor respaldo, aunque ninguno de ellos logró la mitad más uno de los votos que se requieren para ganar en la primera vuelta.

La especialista en el proceso de paz del diario El Tiempo, Marisol Gómez Giraldo, considera que la contienda entre Zuluaga y Santos se ha convertido en un referendo sobre las negociaciones con las FARC en el cual los electores decidirán entre la continuidad de los diálogos –en caso de que el actual mandatario logre su reelección–, o su virtual cese y la prolongación del conflicto armado interno que vive Colombia desde hace medio siglo si es que los votantes se inclinan por el candidato uribista.

Santos ha hecho de la pacificación de Colombia su principal oferta de campaña, mientras que Zuluaga ha centrado su discurso en descalificar las negociaciones con las FARC, las cuales, a su parecer, garantizan “la impunidad” para los jefes guerrilleros que hayan cometido delitos de lesa humanidad, algo que el gobierno descarta.

De acuerdo con el asesor de Santos, Mauricio Rodríguez, durante la primera vuelta electoral “fue evidente nuestra incapacidad para transmitir a los colombianos los beneficios de la paz en términos de seguridad, de progreso, de desarrollo del país, y esto explica en parte el triunfo de Zuluaga, pero también influyeron las distorsiones que hizo el uribismo de nuestra propuesta de paz”. Dice que en la campaña para la segunda ronda afinarán ese mensaje.

Aunque todas las encuestas indican que la mayoría de colombianos respalda el proceso de paz con las FARC, más de 80% cree que los jefes de la guerrilla deben pagar con cárcel sus delitos, y tres de cada cuatro rechaza que participen en política tras un eventual acuerdo.

Según la firma Gallup, la paz con la guerrilla ocupa el séptimo lugar entre los principales problemas que, según los colombianos, debe resolver el próximo presidente. Por delante están el desem­pleo, el mejoramiento del sistema de salud, el combate a la delincuencia común, educación de calidad, atacar la corrupción y disminuir la pobreza.

“El beneficio de un proceso de paz es un asunto difícil de explicar al ciudadano común. Por eso es tan fácil que el uribismo lo manipule políticamente y por eso es que el tema polariza la campaña política. Los demás son temas en los cuales las diferencias son de matices, pero el de la paz y la guerra sí que plantea una gran controversia acerca del futuro del país”, afirma el vicedecano de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (UNC), Alejo Vargas.

El también coordinador del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la UNC señala que lo que existe en Colombia es “una clara polarización entre un sector (los uribistas), que pretenden seguir vendiendo la tesis que el conflicto armado se va a resolver por la vía de la capitulación militar, y otro amplio sector de la sociedad que considera que es a través de mecanismos concertados que se va a lograr este propósito”.

De acuerdo con Vargas, la confrontación de estas dos visiones “será el eje central de la segunda vuelta electoral y de la contienda entre Santos y Zuluaga”.

Dimensión regional

El proceso de paz entre el gobierno de Santos y las FARC, que arrancó en La Habana en noviembre de 2012 y el cual sigue desarrollándose en la capital cubana, cuenta con el unánime respaldo de la comunidad internacional: desde Estados Unidos y la Unión Europea hasta Latinoamérica en pleno. Cuba y Noruega actúan como países garantes de los diálogos, mientras que Chile y Venezuela participan como acompañantes.

Luego de su triunfo en la primera vuelta electoral, Zuluaga repudió el papel de Venezuela en el proceso de paz y catalogó al gobierno del presidente del vecino país, Nicolás Maduro, como una “dictadura”, lo que augura la vuelta al periodo de inestabilidad que caracterizó las relaciones colombiano-venezolanas durante la administración de Uribe Vélez (2002-2010), en especial durante la última etapa, cuando las dos naciones rompieron nexos diplomáticos en medio de amagos de guerra.

Fue Santos quien restableció las relaciones bilaterales con Venezuela, en agosto de 2010, días después de juramentar como presidente.

El candidato uribista señaló que en un eventual gobierno suyo invocaría la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA) para exigir el restablecimiento de la democracia en Venezuela, donde el gobierno de Maduro enfrenta una serie de movilizaciones estudiantiles y populares desde febrero pasado en repudio al desabasto de productos básicos, la carestía y la falta de garantías ciudadanas.

La internacionalista y doctora en ciencias políticas por la Universidad de La Sorbona, París I, Socorro Ramírez, explica que Zuluaga ha patentizado que, como presidente, pretendería revivir el clima de confrontación con Venezuela que caracterizó al gobierno de Uribe Vélez, cuando Colombia “se aisló de la dinámica regional y se enfrentó en un conflicto estéril y peligroso con el gobierno del país vecino”.

“Esto me parece muy dañino para Colombia y la región”, puntualiza la autora del proyecto de investigación El conflicto colombiano: ¿un asunto doméstico, regional o internacional?, con el que obtuvo un posdoctorado en estudios latinoamericanos por la Universidad de La Sorbona, París III.

Para Ramírez, ni Zuluaga ni su mentor, Uribe Vélez –quien goza de una popularidad de 57% entre los colombianos– entienden la dinámica regional.

“La ven simplemente como un asunto de chavismo y castrismo, con una concepción muy simplista, por lo que un gobierno del Centro Democrático sería una fuente de conflicto para Colombia y el conjunto de la región, con efectos de desestabilización regional y de aislamiento para Colombia”, indica.

La especialista en relaciones exteriores comenta que Zuluaga y Uribe Vélez “son hombres de provincia (de Pensilvania, Caldas, y Medellín, Antioquia, de manera respectiva), muy parroquianos, que no conocen el mundo, que no siguen la evolución de las tendencias internacionales y que miran el mundo y la región a partir de las angustias locales. Me parece que la reedición de esa política exterior sería para Colombia un golpe realmente desastroso”.

La senadora electa del Centro Democrático, Paloma Valencia, considera que las posiciones de Zuluaga en materia de política exterior son las correctas porque Colombia “debe manejarse con base en principios y no por intereses”.

“Uno no puede aceptar que haya un dictador en Venezuela asesinando a los estudiantes (suman más de 40 los muertos en el marco de las protestas) y metiendo presos a los líderes de la oposición (entre ellos Leopoldo López, Daniel Ceballos y Enzo Scarano). Nosotros debemos defender modelos de sociedad y contribuir a que los países latinoamericanos tengamos más libertad y más democracia”, asegura la legisladora electa.

Caudillismo

La profesora Ramírez piensa que la eventual llegada de Zuluaga a la presidencia de Colombia y la ruptura del proceso de paz tendría un enorme costo social, humanitario, político y económico para el país.

“Si Zuluaga se convierte en presidente y rompe los diálogos, sería muy irresponsable. Ninguno de los acuerdos que se ha alcanzado hasta ahora con las FARC en La Habana se opone a los intereses de Colombia, al contrario”, sostiene la doctora en ciencias políticas.

Para Ramírez, lo que el país se juega en la segunda ronda electoral del 15 de junio es “la opción entre la guerra y la paz, y entre un proyecto caudillista como el de Uribe y un proyecto más anclado en el siglo XXI, como el de la pacificación que propone Santos”.

Colombia gasta entre 3.7 y 6.5% de su producto interno bruto (PIB) en enfrentar el conflicto armado interno y la partida de seguridad y defensa figura como la más alta del presupuesto nacional, con 14 mil 717 millones de dólares este año, monto que supera en mil millones de dólares lo que el gobierno canaliza a educación y duplica a la partida de salud y protección social en un país donde 32.9% de su población es pobre y 10.4% es indigente, de acuerdo con cifras de 2012 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

“Aquí hay un elemento que es fundamental y es el nefasto caudillismo que le está haciendo daño a Colombia y a otros países de América Latina. En unos lados tiene un contenido ideológico de izquierda y, en el lado colombiano, de derecha, y esto propicia la desinstitucionalización de los países, el retroceso en avances democráticos, el desprecio por la ley y por el estado de derecho, y todo esto lo representa en particular el segundo gobierno de Uribe Vélez (2006-2010)”, asevera Ramírez.

A su vez, la senadora electa del Centro Democrático sostiene que más que un proyecto caudillista contra un proyecto modernizador, lo que se juega en la segunda vuelta electoral “es un modelo de país basado en la eficacia para ejecutar las políticas públicas, como lo hizo el presidente Uribe durante su gobierno, y un modelo basado en el clientelismo político, que es lo que defiende el presidente Santos”.

De acuerdo con el gerente de la encuestadora Cifras y Conceptos, César Caballero, Santos puede remontar la desventaja porque “creo que en esta segunda vuelta es más sencillo conformar una alianza contra Uribe y su candidato Zuluaga que una alianza contra el presidente”.

Para el especialista en opinión pública, la clave de los comicios del 15 de junio está en los departamentos de las costas del Caribe y del Pacífico, donde Santos goza de más apoyo que Zuluaga, pero en los cuales la abstención llegó a 71% el 25 de mayo, 11 puntos más que el promedio nacional.

El pasado 27 de mayo, el jefe de los negociadores de las FARC en La Habana, Iván Márquez, declaró que más allá de la coyuntura electoral, la paz debe ser “asumida como una política de Estado”, y negó que las críticas de Zuluaga a las negociaciones hayan colocado el proceso en el limbo.