Como lo había prometido, Mario Vargas Llosa donó a la ciudad de Arequipa su biblioteca. Bueno… no toda. Apenas han llegado poco más de 2 mil ejemplares de los 30 mil que posee el ganador del Nobel de Literatura. Los demás vendrán después, poco a poco. Y los que ahora se hallan en su ciudad natal están resguardados en vitrinas. Nadie los podrá ver mientras el peruano viva. Después, sólo algunos investigadores tendrán acceso a esos volúmenes, donde están las anotaciones personales del escritor.
AREQUIPA, PERÚ.- El grupo de alrededor de 20 estudiantes arequipeños observa los estantes llenos de libros, casi todos novelas. Hay un poco de todo, pero particularmente autores latinoamericanos. Aunque la mayoría son en español, también hay ejemplares en inglés y en francés. Se puede encontrar desde el Fausto de Goethe hasta una nutrida representación de la obra del gran innovador del periodismo literario estadunidense Norman Mailer en su idioma original o una no menor del uruguayo Rubén Loza Aguerrebere.
Teóricamente las obras están en orden alfabético por autor, pero con constantes alteraciones. De pronto se pasa de un estante con libros de autores con la letra D –entre ellos las memorias en francés de Alejandro Dumas– a la otra con la M –con Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez, o La llama y el hielo, de Plinio Apuleyo Mendoza– o bien, en la G, entre las obras de Günter Grass, Luis Goytisolo, Graham Greene o Julien Gracq se cuelan Las buenas conciencias o Todos los gatos son pardos, de Carlos Fuentes.
“Esta es la sala de lectura que acabamos de inaugurar. Tenemos la primera entrega que nos ha hecho el señor Vargas Llosa, que consta de 2 mil 741 ejemplares de su propiedad. La mayoría de estos textos son de ficción”, indica a los adolescentes Patricia Valdivia, coordinadora cultural del gobierno de Arequipa, región sureña de Perú, quien hace en esta ocasión de guía de los jóvenes visitantes.
Varios grupos de estudiantes de secundaria de la ciudad natal de Mario Vargas Llosa ven la primera remesa de la inmensa biblioteca personal de éste, donada íntegramente al gobierno regional.
El peruano, Premio Nobel de Literatura, ha querido rendir así un homenaje a la ciudad donde nació el 28 de marzo de 1936 –si bien apenas vivió allí los primeros meses de su vida–, a su madre, Dora Llosa, y al resto de su familia materna.
Ella le transmitió durante su infancia el recuerdo de Arequipa, de sus rebeliones, de sus constantes sismos y de sus características casonas hechas de sillar, los bloques de piedra volcánica blanca (de ahí el sobrenombre de La Ciudad Blanca) provenientes de las canteras de Añashuayco, producto del afloramiento del magma expulsado hace miles de años por el Misti y el Chachani, los dos volcanes que forman el horizonte de la ciudad.
Precisamente una de estas casonas ya ha comenzado a albergar la biblioteca de Vargas Llosa. Se trata de un edificio recién restaurado, de una sola planta y con la clásica estructura de las casas de la época virreinal, con tres patios. Alrededor del primero se disponen tres grandes habitaciones con techos abovedados. El segundo, al que se accede por un pasillo, está entre una sala que originalmente hacía de oratorio y otra comunicada con el último patio a través de unos arcos y la cual será destinada a exposiciones.
Los libros van a ser repartidos en las habitaciones del primer patio, todas con el característico techo abovedado arequipeño. Pero, como señalaba Valdivia a los visitantes, sólo ha llegado una primera remesa de los más de 30 mil libros que el escritor tiene distribuidos en sus departamentos de Lima, Madrid y París.
“No hay un plazo establecido” para las siguientes entregas, afirma Mario Rommel Arce, responsable de la obra donada y director de la Biblioteca Regional de Arequipa, que se abrió en 2011 en otra casona justo al lado de la destinada ahora a la colección de Vargas Llosa y que también tiene el nombre del literato.
Éste “ha dicho que va a hacer entregas progresivas, pero el grueso de su biblioteca va a ser entregada después de su muerte. Ya ha encargado a su esposa e hijos que cumplan su voluntad de que esos libros vengan a Arequipa”, agrega Arce.
Ni 10%
La inauguración de la biblioteca fue el pasado 14 de abril con los 2 mil 741 ejemplares adelantados. No es ni 10% del total, por lo que sólo ocupa una parte de las librerías de casi tres metros de alto que cubren totalmente las paredes de una de las tres salas.
La mansión –tiempo atrás era una preparatoria pero llevaba tiempo abandonada cuando el gobierno regional la compró por 5 millones de soles (unos 23 millones de pesos) para albergar la donación de Vargas Llosa– todavía no está completamente restaurada; faltan algunos detalles, aunque Arce asevera que para agosto la obra estará finalizada.
Por ello hasta ahora sólo se ha mostrado a grupos de estudiantes en visitas guiadas.
“El propósito es estimularlos, motivarlos, conociendo el patrimonio bibliográfico, y que valoren la importancia de esta donación”, subraya el responsable de la biblioteca del escritor.
De todos modos los jóvenes se tienen que contentar con mirar los libros a través de las vitrinas, pues el Nobel puso como condición que no fueran consultados, al menos hasta después de su muerte.
“Esos libros que han llegado le han servido de insumo para redactar sus novelas, sus ensayos… y muchos tienen anotaciones suyas: valoraciones personales, autógrafos, dedicatorias. Cada libro que él ha leído lo ha sometido a una crítica literaria y hay anotaciones y notas inclusive, porque algunos de los libros que leía los calificaba”, explica Arce. Por ello, el dueño de los libros “considera que no sería conveniente por ahora que sean leídos ni siquiera por investigadores”.
Por lo general el escritor y político ocupaba las páginas en blanco al final de cada libro para escribir sus observaciones y poder repasarlas cuando necesitaba refrescar la memoria.
“Es como un archivo. Hay todavía muchos autores (de los libros comentados) que están vivos. Otros quizás no, pero tienen hijos. Él mantiene con algunos de ellos una relación de amistad y no le gustaría de ninguna manera que se prestaran esos contenidos a ser mal utilizados”, agrega el director de la biblioteca, quien es ahora el celoso guardián de las llaves de las librerías. El propio Vargas Llosa le conminó a velar por sus libros el día de la inauguración. “Con el mismo cariño con que yo los compré, los reuní y los he ido cuidando hasta ahora”, dijo.
“Él lo ve como valoraciones personales íntimas. Como un diario. Cuando uno lee, opina y lo hace desde la intimidad de su lectura. Eso es lo que él considera que no sería prudente que se abra”, asevera el bibliotecario.
“El libro en sí mismo, tratándose de una colección tan especial, reviste la categoría de patrimonio bibliográfico. Así lo consideramos nosotros, y como tal debe tener otro tratamiento, distinto de los que están en estantería abierta y uno los puede tomar y leer”, argumenta.
“Por la naturaleza de la colección no podrá ser abierta, y, en caso de que lo fuera, sólo para investigadores acreditados, como suele ocurrir en la mayoría de bibliotecas en el mundo”, expone Arce. “Es con el afán de preservar ese material, que es único. Si ese material se deteriora o se pierde, ya es irreemplazable”.
Por lo tanto, las mesas y las sillas, con asientos y respaldos de cuero negro, que contiene la única sala habilitada hasta ahora –presidida, por cierto, por un retrato de Simón Bolívar que fue descubierto bajo capas de pintura en uno de sus muros durante la restauración–, van a ser un simple adorno, al menos por un tiempo.
Cuando finalmente la casona esté totalmente restaurada y la biblioteca se abra al público, los arequipeños sólo podrán acercase a la singular colección como quien ojea los libros en una casa ajena para conocer los gustos de su dueño.
En este caso, resulta complicado hacerse una idea, salvo la de que el autor de La ciudad y los perros es un lector compulsivo de todo tipo de obras.
Vargas Llosa “ha intentado conocer con amplitud la mayoría de países, o al menos a los grandes escritores representativos de cada país. Son muy variados los que tiene”, apunta Arce, quien se aventura a señalar alguno de sus favoritos: Faulkner, Flaubert, Sartre, Hemingway, Onetti, Rulfo, Cortázar…
Sí queda claro que la literatura latinoamericana ocupa un papel preponderante, al menos en esta primera remesa, y predominan los autores relacionados con el boom latinoamericano, tanto sus principales representantes como sus precursores: El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso; Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier; Gabriela, clavo y canela, de Jorge Amado; El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias; Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante…
Otros, pese a ser indispensables en cualquier biblioteca que se precie, no dejan de sorprender por la forma, como las versiones en inglés de Cien años de soledad y de El coronel no tiene quien le escriba, del recientemente fallecido García Márquez.
También “hay un porcentaje de esos libros que no tienen dedicatorias ni anotaciones”, advierte Arce. “Esos libros posiblemente sí puedan ser compartidos sólo con los investigadores”.
Para ello, sostiene, se está evaluando la posibilidad de digitalizarlos “y poderlos compartir con un público más amplio, inclusive a través de las computadoras de la biblioteca y así se conserva el libro para evitar el deterioro que provoca su manipulación”.
No es la primera donación de libros que hace Vargas Llosa a su ciudad. En los últimos años regaló a la biblioteca regional un centenar de ejemplares de sus obras traducidas a 20 idiomas, desde el portugués al japonés, pasando por el alemán. Estos ejemplares están en exhibición en una de las salas de la anexa biblioteca regional. Para leer las obras en español del autor arequipeño que tiene la Biblioteca Regional en su acervo, unos 20 títulos, hay que hacerlo en el salón de lectura que también lleva su nombre.
El día de la inauguración de la casona que acogerá su colección y de la formalización de la entrega del primer lote, el escritor admitió que le resultaba “doloroso” separarse de sus libros.
“Tengo la esperanza de que estos libros, como lo hicieron conmigo, a muchos lectores arequipeños de todas las generaciones los ayuden a vivir con más intensidad”, afirmó entonces.
El cariño con el que trataba el autor a los que calificó como “los amigos más queridos y entrañables, los más leales, compañeros y testigos de las aventuras y las desventuras vividas a lo largo de toda una vida” se aprecia en que hizo encuadernar buena parte de ellos para su mejor conservación.
Patricia Valdivia conmina al grupo de estudiantes que le tocó guiar por la biblioteca de Mario Vargas Llosa a “apreciar todo el trabajo intelectual que desarrolló el escritor” para que, “de alguna manera, se incentiven a leer y, ¿por qué no?, a escribir posteriormente”.
“Ya están en secundaria y quizás a muchos de ustedes les guste la literatura, la lectura, cualquiera sea su tipo. Anímense a escribir y de poco a poco podemos llegar a ser un Nobel como el señor Mario Vargas Llosa”, los alienta.








