El miércoles 7 el presidente de la Cruz Roja Guadalajara, Miguel Ángel Domínguez Morales, se quejó por merma en la recaudación de la benemérita institución en sus colectas anuales (Mural, jueves 8), incluso, dijo, el gobierno estatal le retiró el apoyo de 72 mil pesos, aunque no explicó si el donativo era mensual o anual. Eso lo atribuyó “a la poca sensibilidad gubernamental; no hay otra explicación”, expuso. Y tiene razón, porque, en contraste, a la fundación Teletón de Televisa el Ejecutivo le otorga alrededor de 37 millones de pesos cada año, que salen del presupuesto. A su vez, el ayuntamiento tapatío entrega al mismo Teletón 20 millones de pesos del erario municipal. La razón, sin duda, son los instantes de fama que obtienen los políticos en turno en la pantalla televisiva. La mejor colecta de la Cruz Roja en los últimos tiempos fue la de 2012, cuando alcanzó los 11 millones 870 mil pesos; en 2013 sólo obtuvo 10 millones 777 mil, cifra menor a la de 2009, que fue de 10 millones 812 mil. Es posible que la caída se deba a la deteriorada confianza de la gente hacia el señor Domínguez Morales.
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En octubre pasado, este semanario documentó que Domínguez Morales, también presidente del Consejo Regulador del Tequila y exdirector general de la Cervecería Modelo de Guadalajara, incumplió su promesa de ayudar con sus influencias a los señores Enrique Calderón Tapia y a su hijo Aníbal Calderón Rodríguez para recuperar 60 hectáreas en el poblado de San Agustín, municipio de Tlajomulco, a cambio de 10% del valor del terreno, una vez que se resolviera el caso de la invasión del predio por parte del empresario inmobiliario Vicente Chalita Noemí, quien lo tenía en posesión indebida desde 2004 (Proceso Jalisco 470). Y aun cuando Domínguez no cumplió, sí exigió el pago del 10% del valor estimado del terreno y el 20 de octubre de 2009 los hizo firmar dos títulos de crédito por 22 millones de pesos. El 1 de marzo de 2010 endosó los documentos a favor de la empresa Desarrollos Ecológicos Costa Alegre. El 18 de octubre de 2012, esa compañía demandó mercantilmente a los Calderón y el asunto se entrampó. Hoy, la autoridad moral del presidente de la Cruz Roja de Guadalajara está en entredicho, al igual que la desconfianza ciudadana por el manejo de los dineros en esa institución.
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¿Por qué casi la totalidad de los mercados municipales de Guadalajara están en condiciones tan lamentables? La razón es sencilla: desde inmemoriales tiempos los gobiernos del PRI han tenido con los locatarios una especie de compasión y los han afiliado tanto al sector popular como al obrero. La empatía que hay entre ellos no ha sido gratuita; es un toma y daca: Tú, locatario, me das tu apoyo económico y tu voto, cuando lo requiera; yo, convertido en papá gobierno, te doy protección. Tú me pagas una cantidad irrisoria por la renta y yo hago como que le doy mantenimiento a los mercados y así nos la llevamos hasta la próxima ronda electoral. Del comercio informal, mejor ni hablamos.
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Cocula –“la cuna del mariachi”– tiene en su centro una bonita plaza con cuidadas áreas verdes, adornada con cuatro fuentes labradas de cantera rosa a tono con la arquitectura. No obstante, están completamente fuera de servicio y secas, secas. Seguramente la insaciable sed de la piedra labrada se tragó hace mucho el agua que alguna vez corrió por ahí. Igual pasa con muchas de las fuentes de la zona metropolitana de Guadalajara. En tanto, en el amplísimo atrio de la Parroquia de San Miguel, de colonial manufactura y protegido con una elevada verja, parece la extensión misma del desierto: sólo con su enladrillado de mosaico color cemento rojo y amarillo. Ni un arbolito, ningún jardincito, ni una maceta. Y el calor de las tardes de mayo en su apogeo. ¡Lástima! l
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