La esencia del Festival Internacional Ollin Kan de las culturas en resistencia sigue vigente en su onceava edición, con una variante: se presenta por vez primera en tres etapas a lo largo del año.
La inicial concluye este domingo18.
“Somos el festival de la resistencia musical no sólo de México sino del mundo”, dice su fundador, el director escénico José Luis Cruz.
“Como su nombre lo indica, somos un festival en constante movimiento que cada año nos diversificamos, mutamos, esa es su esencia”, expresa orgulloso vía telefónica.
Cruz lleva once años al frente del proyecto en su periplo por varias delegaciones y que ahora se instala en la Miguel Hidalgo.
En una primera etapa, que va del 14 al 18 de mayo, presenta 22 agrupaciones que rinden homenaje a Nelson Mandela (1918-2013); para la segunda, entre los meses de septiembre y octubre (cuya programación sería anunciada en un mes), y una tercera a fin de año.
Hoy concluye en el Deportivo Plan Sexenal de la delegación Miguel Hidalgo a las 18 horas: Niuver (Cuba), Awa Shango (Costa de Marfil), Los Niños de los Ojos Rojos (España), Los de Abajo (México), el grupo Cheik Tidiane Seck, y el guitarrista Gimba Koyaté (ambos de Mali) en una denominada Noche mandengue, así como en el campo Xóchitl de la Delegación Iztacalco (https://www.10ollinkanfestival.com).
Después de que los primeros seis años se efectuaran en la Delegación Tlalpan, y posteriormente en Iztapalapa y Coyoacán, tras una conferencia de prensa efectuada el miércoles 14 Proceso preguntó a Cruz por qué la elección de la Miguel Hidalgo como sede si existen algunas más vulnerable y ávidas de expresiones culturales:
“Hemos estado en varias delegaciones, pero el festival como tal ha tenido una extensión en todas las delegaciones de la Ciudad de México, no es que nunca hemos estado por toda la ciudad, y de hecho estamos por llegar a un acuerdo con el actual secretario de Cultura para que el próximo año se haga en varias delegaciones al mismo tiempo.
“En esta ocasión fue en la Miguel Hidalgo por el interés específico de los proyectos culturales de su secretaría de cultura, y el delegado Víctor Hugo Romo Guerra ha estado muy interesado en albergarlo, sobre todo en la parte de infraestructura, abriendo los espacios. Y en especial porque la idea es extenderlo a las zonas donde habitualmente no hay actividades culturales, como Iztapalapa.”
–¿Por qué en homenaje a Nelson Mandela?
–Es un reconocimiento a un gran luchador social, símbolo de diversión africana, de la resistencia, ¿y quién mejor que él como símbolo de esto en un festival de resistencia musical? Es una gran oportunidad de escuchar a los grandes músicos del Oeste de África.
–¿Acaso en México no hay grupos o asociaciones dignos a los que se podía homenajear?
–Hemos hecho tantos homenajes a los mexicanos… el festival va cambiando y escogiendo temas. Le hicimos homenajes al zapatismo y a muchos movimientos sociales, hicimos coloquios y conferencias sobre el alter- mundismo. En este caso, como hay muchos grupos de África para esta edición, decidimos el tributo a Mandela. Pero eso sí, nunca hemos evitado o soslayado a nuestros rebeldes. ¡Lo hemos hecho, claro! De hecho uno de los padrinos fue Carlos Montemayor. Pero hay luchadores sociales que rebasan las fronteras y uno de ellos es Mandela, así como Emiliano Zapata, Pancho Villa o Gandhi.
–¿Que ofrece este año a diferencia de otros y en especial cuando se acaba de inaugurar la Feria de las Culturas Amigas en el Zócalo?
–Está bien que haya tantos festivales en la ciudad. El de las Culturas Amigas es importante pero a nivel artesanal. Ollin Kan es música en resistencia, es la promoción de la música en riesgo de desaparecer, es un festival de antigüedad que ha rolado por todo el mundo y nunca se ha dejado de hacer en México. Nos fuimos tres años a Iztapalapa, interesantísimo como fenómeno, porque dejamos una semilla ahí y la población lo disfrutó mucho, y la idea es también llegar a donde nadie más llega.
Gratuito en su totalidad, su fundador explicó que el Festival Ollin Kan forma parte de una red de festivales en todo el mundo con presencia en Colombia, Brasil, Mali, Portugal y Venezuela, con una red de festivales en todo el mundo y una cartera de agrupaciones que llegan a los mil grupos, todos bajo el concepto internacional de música de resistencia.
Cruz, al frente de un equipo de 45 personas “que trabaja 365 días al año”, asentó:
“Para el año entrante queremos seguir creciendo y expandirlo, para eso pensamos en tocar a empresas ‘socialmente responsables’, porque queremos que siga siendo gratuito. Este festival no es un festival de comercio, es un festival de cultura en resistencia.”








