“Testosterona”

Allá, en el piso 32, en medio de nubes y atardeceres, se entabla una batalla campal donde parece que nada está pasando. El mal tiempo obliga al director de un periódico y a la subdirectora de contenidos, permanecer en la oficina y resolver el reto de la sucesión.

En Testosterona, Sabina Berman, autora y directora de la obra, aborda el tema del poder y la diferencia de sexos, combinando la agudeza y la ligereza en el diálogo y las situaciones. El director, interpretado por César Évora, provoca el enfrentamiento entre el subdirector de información ausente y la subdirectora de contenidos con la que se relaciona en el escenario, interpretada por Verónica Merchant. Antonio abre la posibilidad de ser sustituido y ejerce su poder sobre sus subalternos. Lo que él se encuentra es una acción subterránea donde ambos se revelan a su fuerza y entran a ese juego tan masculino de querer estar “encima del otro”.

En la obra, Sabina Berman añade un elemento de moda: el uso de la testosterona  cutánea. El jefe, en un acto de generosidad, le regala un poco a Magdalena para que tenga más… en la presentación de su proyecto de sucesión. Y sí, le hace efecto la hormona y ella, en el segundo acto, va tejiendo una urdimbre sofisticada para intentar hacerlo caer silencioso y sumiso.

Algunas de las preguntas que surgen frente a la propuesta de la autora se matizan por el aderezo humorístico con que está planteada la obra, aunque permanecen presentes: ¿Será necesario aplicarse la hormona masculina para enfrentarse al juego de poder?, ¿el mundo construido verticalmente nos obliga a ello?, o ¿qué armas se necesitan para vencer al otro?

En el primer acto de Testosterona, la autora presenta a Antonio y Magdalena: ella la alumna enamorada secretamente del maestro, él, el adulto halagado por esto. Los personajes presentan al espectador su pasado: su época universitaria, sus encuentros, sus vidas amorosas, su trabajo… en fin, lo que ellos saben y requieren compartirle al público.

Es hasta el segundo acto donde se desata el conflicto: el desencuentro, los retos y lo imprevisto. Los giros dramáticos en esta parte fortalecen la obra y nos hacen sorprendernos gratamente. El personaje ausente también actúa, chantajea y contrataca. De la noche a la mañana, que es donde sucede el intermedio, suceden muchas cosas que modifican el acontecer matutino. La nieve ha bloqueado puertas, pistas de despegue y otras rutas de escape, pero la autora ha abierto un sinfín de emociones, razonamientos y estrategias entre los contrincantes.

La obra nos provoca un placer visual gracias al diseño escénico de la directora, la propuesta escenográfica de Philippe Amand, el video de Pablo Corkidi y Damián Walsdorf, y la producción de Isabelle Tardán. La oficina de un rascacielos “inteligente” está ricamente acondicionada y los ventanales que la rodean muestran una gran ciudad y un cielo sorprendente donde suceden todos los fenómenos de la naturaleza posibles: llueve, nieva y se oscurece progresivamente hasta que sale la luna.

En Testosterona, que se presenta hasta el 8 de junio en el Foro Cultural Chapultepec, no sólo está involucrado el amor entre los personajes: los intereses personales, el futuro de cada uno de ellos y las expectativas de vida son factores que los van redefiniendo.

Se es lo que se aparenta, pero escondemos pivotes poderosos que saltan en momentos de conflicto y nos hacen mejores o peores personas. ¿Usted qué opina?