“Parábola”

Al sur de la Ciudad de México, en el tradicional barrio de Tlalpan, se encuentra un atractivo proyecto independiente que, con el nombre de Taller de Arte Contemporáneo (TACO), integra actividades formativas, residencias artísticas, producción de estampa, dinámicas de discusión y exposiciones de artes visuales.

Fundado en 2009 por el artista gráfico Sergio Ricaño, el espacio cuenta con el apoyo de relevantes creadores de trayectoria media que habitan en las inmediaciones de la zona, como el pintor Francisco Castro Leñero y la escultora Maribel Portela. Interesados en presentar exploraciones recientes de un grupo de amigos, Portela y Ricaño organizaron una sugerente muestra que, bajo el título de Parábola, integra excelentes piezas de pintura, escultura, dibujo y grabado.

Conocido por sus saturadas narrativas de hibridación pictórico-dibujística de mediano y gran formato, Jesús Lugo participa con una extraordinaria propuesta de pequeños objetos que, manteniendo la identidad del cuadro, expanden la bidimensión tanto en su volumen como en su emplazamiento. Construidas conceptualmente a partir de la transformación visual que caracteriza a las nubes, las pequeñas piezas realizadas sobre madera alternan diminutas composiciones cromáticas de amplios campos, papeles encontrados –y alterados– con esquemas de procesos fisicoquímicos, y siluetas de madera con figuras de personas pintadas que, o bien se enciman en el soporte, o lo trascienden generando una intimista instalación a pared. Con una narrativa oscilante entre lenguajes abstractos, referencias gráficas de intención científica provenientes de libros de preparatoria, y discretas insinuaciones espirituales que se perciben en las composiciones atmosféricas, el pintor genera seductoras pinturas en las que el espectador decide si descifra racionalmente la narración o, simplemente, disfruta estéticamente el misterio de la propuesta pictórica-objetual.

En el ámbito del dibujo, la osadía de Ricaño es tan audaz como sugerente. Concentrada en el dramatismo lumínico que genera la intervención con ácidos en el metal, el artista aborda la ambivalencia entre la violencia del cautiverio animal y la frivolidad urbana a través de la destrucción-creación química del dibujo sobre láminas de fierro. Emplazados de manera ficticia en construcciones abandonadas que sobresalen por la emotiva estética de su espacialidad, osos, jirafas y changos señalan las contradicciones del romanticismo ecológico contemporáneo.

Y por último la escultura. Un género abandonado por la museística gubernamental que, en esta muestra, se impone como una disciplina en constante reinvención. Representada por los bellos hundimientos y abultamientos textiles de Miriam Medrez, los excesivos papeles recortados de insinuación vegetal de Maribel Portela y las diminutas cabezas cerámicas incrustadas en volúmenes textiles de poéticas funerarias de Laura Rosete, la tridimensión se impone como una disciplina que merece una profunda revisión.

Enriquecida con expresionistas litografías retratísticas de Iván Gardea y desconocidos dibujos del ceramista Gerardo Azcúnaga, la exposición puede consultarse en el sitio www.tacoarte.org