“Las trampas del deseo”

La telenovela estelar de Argos llamada Las trampas del deseo y que lleva por subtítulo La intimidad de un país regresa sobre los asuntos abordados por la productora en sus melodramas recientes insertados en Canal 28. Destaca, por sobre todos los temas, la violencia desplegada en intimidación verbal –como forma de trato entre antagonistas–; el terror para controlar, someter, humillar, y la criminalidad con despliegue de armas de fuego. 

Las escenas están sobrecargadas de groserías proferidas a gritos o entre llantos histéricos; se asesina a sangre fría, a bocajarro. El resultado es que la pieza se corre hacia la farsa y toca el límite de lo verosímil. En el melodrama, los personajes están entrampados por sus deseos pasionales surgidos de emociones como la venganza, el rencor, la envidia, la ambición. Subyace en todos el ansia de hacerse del poder para obtener sus fines.

La historia gira en tres ejes centrales protagonizados por tres mujeres: Aura, marcada por el suicidio de su madre y dispuesta a todo para salvar a su progenitor; Marina, mujer policía, justiciera decidida a arriesgar la vida para rescatar a las jovencitas secuestradas por el crimen organizado; y Roberta, empeñada en pasar aún por encima de sus hijos con tal de hacerse del poder supremo de su país: la presidencia de la república.

La obra de Argos que comentamos se distingue debido a la presencia en segundo plano de los hombres. Si bien son los autores de la malignidad social (red de secuestros, trata de blancas, prostitución, tráfico de drogas), en el relato se ven desplazados por la astucia, el valor, e incluso la perfidia de los personajes femeninos, siempre más inteligentes.

Un elemento que sobresale en la factura de Las trampas del deseo es la presencia del narrador: voz en off que reflexiona sobre las maniobras y el sentido profundo de éstas, como si nos alertara a no tomar literalmente las acciones, para ir más allá de lo evidente; tal técnica permite al espectador alejarse de la trama, verla en perspectiva, juzgar sin involucrarse totalmente. Provee al teledrama de originalidad, pues la clásica novela para televisión eliminó ese recurso.

Argos produce, en la línea de sus orígenes, estilo cinematográfico con alusiones directas o veladas a situaciones políticas, a los sucesos de distintos ámbitos sociales, a personalidades del mundo real. Actores noveles que aportan caras nuevas, la mayoría jóvenes que luego han hecho carrera en teatro o cine. Episodios  redondos, a la manera de las series, aunque la continuidad sea sostenida por la intriga.

Sin embargo, ya en varias obras difundidas por Cadena Tres, hay una especie de encantamiento con la violencia y demasiada recreación del crimen organizado. Tal insistencia hace que se vaya perdiendo el interés en las tramas por repetitivas, colindantes con lo exagerado.