Los puntos del acuerdo firmado en Ginebra entre Kiev, Moscú, la Unión Europea y Estados Unidos para calmar las aguas en Ucrania no se han cumplido. Algunos de los firmantes no tienen la intención de respetar el pacto, pero el gobierno de la exrepública soviética simplemente no tiene control de la situación: su población se divide sin remedio entre los prorrusos y los proeuropeos, con el añadido de que el nacionalismo renacido despide un fuerte tufo a nazismo. Y todo esto antes de las elecciones presidenciales del domingo 25 y en medio de un clima que anticipa guerra.
Año tras año el 1 de Mayo inaugura casi 10 días de fiesta que culminan el viernes 9, fecha de la celebración no religiosa más importante en las antiguas repúblicas soviéticas: la capitulación de Alemania y el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.
Más que un día de protestas, el 1 de Mayo es considerado el verdadero día de la primavera, con sus tibios soles y sus agradables temperaturas, que invitan a pasear por los parques y organizar días de campo para comer shashlik (brochetas).
Por primera vez desde la desaparición de la Unión Soviética, este 1 de Mayo se festejó en la Plaza Roja de Moscú con decenas de miles de manifestantes. La diferencia fue que en vez de los tradicionales símbolos soviéticos de la hoz y el martillo o banderas rojas –ya en desuso–, la gente portaba en sus pechos la cinta de San Jorge, de colores negro y anaranjado, el símbolo del renaciente nacionalismo ruso ante la reincorporación de Crimea y la crisis en Ucrania.
La cinta, que en estos días adorna las solapas de los funcionarios, las antenas de los automóviles y hasta los collares de los perros, ha logrado sobrevivir todas las épocas históricas.
Catalina la Grande creó en 1769 la Orden de San Jorge como una condecoración para quienes se distinguían en el combate por su valor y valentía. La orden desapareció con la Revolución de 1917, pero volvió en 1943 como Orden de la Gloria, para quienes se destacaron en “hechos gloriosos de coraje y temeridad en la batalla por la patria soviética” durante la Segunda Guerra Mundial.
Así que Rusia se prepara para otra gran celebración este viernes 9: el Día de la Victoria.
Como todos los años, en los parques y plazas los veteranos de guerra saldrán a pasear con sus medallas, mientras los puestos ambulantes venderán la popular kasha de trigo sarraceno, la que alimentó al país durante la Gran Guerra Patria, y las llamas en la Tumba del Soldado Desconocido que arden en todos los pueblos soviéticos se llenarán de flores. Es que los horrores de la guerra están tan frescos en la parte occidental de la antigua Unión Soviética, que el triunfo sobre los alemanes es considerado un acontecimiento fundacional. Es su segundo nacimiento.
Esta vez el imponente desfile militar en la Plaza Roja y los 69 aviones que sobrevolarán el cielo moscovita (por los años que han pasado desde 1945) enviarán un mensaje de fuerza a Occidente, después de que el segundo funcionario de más alto rango de la OTAN, Alexander Vershbow, declaró este jueves 1 en Washington: “Debemos empezar a ver a Rusia no como un socio, sino como un enemigo”.
Tras los festejos en la Plaza Roja el presidente ruso observará el vuelo de los aviones rusos sobre Sebastopol, la “ciudad heroica” de Crimea, celebrando el aniversario 70 de su liberación del yugo alemán tras 250 días de asedio y su “reincorporación” a Rusia.
En el extremo opuesto, en Lvov, la capital occidental de Ucrania, el 28 de abril hubo un festejo de signo contrario: cientos de personas tomaron parte en una marcha por el aniversario de la formación de la División de Voluntarios Galicia de las SS, que combatió al lado de los nazis contra la Unión Soviética, con camisas ucranianas y sus propias insignias (un león amarillo y tres coronas con fondo celeste).
Los manifestantes desfilaron hasta la estatua de Stepan Bandera, el jefe de la Organización de Nacionalistas de Ucrania, y al cementerio local, donde está el monumento a los soldados de Galicia.
Estas imágenes contrapuestas marcan las contradicciones que están destrozando el tejido de Ucrania hoy.
Balanza de poder
En la medida en que se acercan las elecciones presidenciales del domingo 25 la situación en Ucrania sigue polarizándose. El acuerdo firmado el 17 de abril en Ginebra entre Rusia, Ucrania, la Unión Europea y Estados Unidos –en el cual las partes “condenan todas las manifestaciones de extremismo, racismo e intolerancia religiosa”, se comprometen “al desarme de todas las bandas armadas ilegales, a desalojar todos los edificios, plazas y calles ocupadas” y a iniciar un amplio diálogo nacional– ha quedado en letra muerta.
“Ninguna de las partes que participó en las negociaciones de Ginebra está dispuesta a asumir ninguna responsabilidad, y usan las formulaciones generales del acuerdo sólo como un instrumento para presionar a su opositor”, escribió el 30 de abril la analista rusa Tatiana Stanovaya en el sitio web politkom.ru.
El gobierno de Ucrania dice que Rusia sigue provocando las ocupaciones en el este y sur del país, al tiempo que Moscú acusa a las autoridades de Kiev de no desarmar a las bandas ilegales ni impedir las manifestaciones de extremismo.
Mientras que en Moscú todo eran globos blancos, rojos y azules, en Donetsk la fiesta del 1 de Mayo estuvo marcada por un serio enfrentamiento entre los manifestantes prorrusos y la policía, el cual culminó con el triunfo de los manifestantes, que ocuparon el edificio de la fiscalía como parte de las ocupaciones de inmuebles que se extendieron toda la semana en las regiones de Luhansk y Donetsk.
“La balanza del poder se está inclinando y se mueve inexorablemente lejos del gobierno de Kiev, hacia los militantes apoyados por Moscú, que están al borde de declarar su Estado autónomo”, escribió desde Luhansk el corresponsal del inglés The Guardian, contando cómo los separatistas ocuparon los cuarteles de la agencia de seguridad, de donde tomaron fusiles Kalashnikov, pistolas y granadas.
La policía no opuso resistencia, lo que hizo que el presidente ucraniano en ejercicio Oleksandr Turchinov reconociera en una reunión de gobernadores el 30 de abril: “Seré honesto. Hoy las fuerzas de seguridad son incapaces de mantener bajo control la situación en Donetsk y Luhansk”.
Al día siguiente Turchinov decretó un llamado a la conscripción de todos los jóvenes entre 18 y 25 años y removió al ministro del Interior, Arseni Avakov, colocando como responsable al jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania, Valentin Nalivaichenko.
Referéndum
El domingo 11 deberá celebrarse un referéndum convocado por los rebeldes prorrusos para definir el estatus de Donetsk y Luhansk. Si bien no está claro cuánta gente participará, la ocupación de los edificios oficiales hará muy difícil para las autoridades de Kiev controvertir sus resultados.
“Es difícil decir qué porcentaje apoyará ese referéndum”, dice a Proceso Volodimir Ishenko, sociólogo de la Universidad de Kiev. “Las encuestas muestran que la mayoría está por vivir en Ucrania, pero quieren descentralización y más autonomía”.
“La realidad es que la autoridad de Kiev se ha desvanecido tal vez para siempre”, concluye por su parte The Guardian.
Moscú alega que Kiev no ha hecho nada para cumplir el acuerdo de desarmar a las bandas ilegales, frenar las manifestaciones de extremismo y desocupar los edificios, las plazas y las calles ocupadas, y que existe un doble estándar según el cual lo que es permitido en Occidente es prohibido en Oriente; es decir, lo que es democracia en Kiev y en la Plaza Maidan, es considerado terrorismo en Donetsk o Luhansk.
Maidan sigue ocupada por activistas y en todo el país se organizan batallones regionales promovidos por las fuerzas de seguridad y con la activa participación del llamado Sector de Derecha, coalición de grupos radicales creada el año pasado.
Según el sitio web 112.ua, Dmitri Yarosh, líder del Sector de Derecha y candidato presidencial, escribió una carta a Turchinov exigiendo “iniciar de inmediato el armamento de los ciudadanos, en particular, las formaciones patrióticas de voluntarios”.
Yarosh declaró el 24 de abril: “Como partido político no podemos tener grupos armados, pero tenemos los suficientes recursos humanos que serán muy útiles para defender la integridad territorial de Ucrania, y por eso nuestros miembros participan en la formación de los batallones de defensa en los territorios de Dniéper, Donbass” y Solbozhanshina. Yarosh movió su cuartel general a Dnipropetrovsk, al sureste, donde ya hay más de 10 mil milicianos inscritos, según informó.
Según Ishenko, Kiev tiene dos alternativas: “Ir hacia una mayor descentralización, como exigen los habitantes del sureste, o reprimir”. Sin embargo, señala que el gobierno ucraniano “no tiene recursos militares”. Recuerda “la negativa de los soldados enviados al sureste a disparar contra la población, que dejan sus armas y se van”.
Ante este escenario, la preparación de milicias armadas para enfrentar a los sectores prorrusos genera el temor de que la situación se acerque cada vez más al enfrentamiento.
Para Ishenko “crece el riesgo de una guerra civil”.








