“Castillo de naipes”

Producida por Netflix y sólo visible en su plataforma de internet, la serie House of Cards, aquí traducida como Castillo de naipes se ha convertido en el barco insignia de la empresa estadunidense.

La pieza consta ya de dos temporadas de 13 capítulos cada una de las cuales se puede acceder siempre y cuando se cuente con una tarjeta de crédito para adquirir la suscripción mensual y da posibilidad de entrar también al catálogo de la compañía, amplio y dedicado tanto a niños como adultos.  Esta es una de las primeras series que realiza, la mayoría de ellas son compradas a otros productores de contenido.

House of Cards retrata a la clase política de Estados Unidos, incluyendo en ésta a los periodistas. Los personajes principales son el jefe de la bancada con mayoría en el Congreso; su esposa, quien es su cómplice y se dedica a dirigir una fundación de beneficencia privada; una joven que inicia sus armas en el periodismo, llena de ambición y ganas de tener poder acercándose a los poderosos para servirles de vocera obteniendo fama y fortuna. En torno de estos tres que pivotan la serie, están los oponentes: el presidente y sus secretarios a quienes no vemos físicamente; pero sabemos que sus decisiones afectan el comportamiento de los protagonistas. También un enjambre de ayudantes, empleados, guardaespaldas, secretarios y amantes. Como entre los mafiosos, el valor supremo es la lealtad hasta la ignominia.

El argumento refleja la corrupción, falta de principios, pragmatismo, lucha por el poder, carencia de ideología. La ambición rige sus vidas, ésta es despiadada y no se detiene para conseguir los fines propuestos. Oscuras intrigas e incluso el asesinato tienen lugar en un medio en que todos tiran a matar.  No se necesita mucha imaginación para transpolar lo que sucede en la serie con lo que podría estar pasando en los entretelones de la política mexicana actual. Es verosímil y repugnante.

En materia de realización, cada capítulo es unitario; aunque entre unos y otros hay continuidad y suspenso. La trama está muy bien urdida, mantiene en ascuas al espectador que no puede sino seguir viendo los episodios para conocer cuál será el desenlace. En el camino suelen ocurrir hechos que van a trastocar los planes trazados, se debe virar hacia senderos secundarios.

Sostenida por una edición ágil, actuaciones en tono, mujeres de carácter incontenible sobre todo para la perfidia así como de belleza sobresaliente, cada episodio atrapa al espectador de principio a fin. La ausencia de cortes para anunciar productos hace el resto. Los comerciales se insertan en las escenas en forma de productos cuyas marcas son evidentes: de whiskey, de autos, CNN, de cigarrillos. No hace falta fastidiar al suscriptor con ocho spots cada 10 minutos, como suele hacerse en teleseries.

Netflix, con 32 millones de suscriptores en América y Europa, planea crecer más…