La educación, una cadena de desatinos

La educación media superior y superior en Jalisco es un rompecabezas que afecta por igual a las instituciones públicas, a los padres de familia y los alumnos, lo cual es aprovechado por las universidades privadas que convierten la educación en un negocio. En ese juego de suma cero, los rechazados de la UdeG, por ejemplo, son cautivos de las “universidades patito” que, amén de caras, son de calidad académica cuestionable, según comentan especialistas y los propios educandos afectados.

 

Con publicidad engañosa y a veces con el consentimiento de autoridades educativas de Jalisco o de la misma UdeG las universidades privadas se están convirtiendo en la opción para quienes no alcanzan cupo en las instituciones públicas.

Sin embargo, en la mayoría de ellas los planes de estudio no cumplen con los estándares académicos y son costosas, como la Universidad de Guadalajara Lamar, en la cual los padres de familia deben pagar hasta 55 mil pesos por semestre para que sus hijos cursen alguna licenciatura.

Los jóvenes que se enganchan en la publicidad y se inscriben en las instituciones privadas pronto se desengañan y se quejan ante la delegación de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) por malos servicios y abusos en los cobros. De 2012 a la fecha, según la dependencia, se acumularon 95 querellas; en ese mismo periodo se resolvieron 39 inconformidades vía conciliación.

La UdeG y el gobierno estatal admiten que existen al menos 100 planteles privados de educación media y superior cuya población rebasa los 75 mil alumnos, en tanto que la universidad pública cuenta con una población  regular de 240 mil.

La Dirección General de Acreditación e Incorporación y Revalidación de la Secretaría de Educación estatal, a su vez, tenía registradas en 2012 a 53 instituciones privadas, de las cuales sólo cuatro tenían un nivel de calificación elevado: Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (Ipade); Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM); Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), y la Universidad Panamericana.

De acuerdo con la dependencia, la mayoría no cumplía con los requisitos académicos mínimos. Entre las de menor nivel destacó las siguientes: Instituto Tecnológico de la Constitución, Tec Milenio; Universidad Marista; Centro de Estudios Universitarios Univer (unidad Mar Egeo y Lagos de Moreno); Escuela Superior de Arquitectura; Centro de Estudios de Postgrado en Odontología.

En otra categoría enumeró las que sí cumplen con los requisitos: Universidad Metropolitana de Occidente; Univer (Arandas); Utegra; Universidad Interamericana para el Desarrollo (Tepatitlán y Ocotlán); Univer (Ciudad Guzmán); Universidad Cuauhtémoc; Universidad Anáhuac; Instituto de Psicoterapia Psicoanalítica; Centro de Estudios Universitarios Veracruz (Autlán), e Instituto Diseñador de la Moda (Puerto Vallarta).

En enero de 2013 la Profeco publicó en la Revista del Consumidor que de los mil 100 centros de educación superior privados en el país, sólo 74 acreditaron los estándares de calidad en la enseñanza. Y lanzó una advertencia a los estudiantes y a sus padres: antes de inscribirse en alguna de esas instituciones, deben verificar si cuenta con los permisos de la Secretaría de Educación Pública y con el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (Reveo).

En internet también se pueden leer mensajes de jóvenes matriculados en escuelas privadas por los abusos y cobros onerosos.  En la página electrónica  Apesta.com, un estudiante de medicina de Guadalajara Lamar  escribió el 7 de marzo pasado:

“Te venden los manuales que ellos mismos (los académicos) hacen que no sirven de nada y es obligatorio que los compres, o no te dan calificación. Congresos, viajes y demás eventos son obligatorios (se tienen que pagar), si no, te afectan en la calificación, además a cada alumno le cobran 55 mil pesos por semestre”.

El plantel de Lamar se ubica en lateral de Avenida Vallarta. Es un jacalón donde estaba una fábrica de tequila y donde, según algunos de los adolescentes consultados por el reportero,  el exrector de la UdeG Raúl Padilla López presuntamente tiene “fuertes intereses”.

Algunos de los médicos de los hospitales civiles de Guadalajara, por ejemplo, dicen, suelen dar clases en la Universidad Guadalajara Lamar.  Asimismo, Jaime Andrade, egresado de una universidad privada, es rector del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la UdeG y durante años estuvo a cargo la unidad de Sida en el Fray Antonio Alcalde.

La misma queja del portal Apesta.com establece que en el cuarto semestre cada  alumno de medicina debe pagar una cuota adicional por “campos clínicos” para poder realizar sus prácticas profesionales en el Hospital Civil, donde por lo general los tratan mal.

Además, dice el mensaje, los laboratorios del nosocomio “apestan y te tienes que trasladar de un campus a otro para las prácticas”; y la escuela de medicina parece fábrica o cárcel medio acomodada “para que parezca escuela”. Afuera te asaltan, te roban el coche o las autopartes y los directivos de Lamar ni se inmutan.

Marco Antonio Torres comenta a Proceso Jalisco que su hija Ariana Elizabeth Torres, quien estudia psicología de esa universidad, tuvo problemas en agosto de 2013 cuando intentó cambiarse a la Universidad del Valle de Atemajac (Univa) para concluir sus estudios.

En Lamar no quisieron devolverle su certificado parcial, por lo que el señor Torres pidió una entrevista con el rector de la Universidad Lamar, Ricardo Ramírez Angulo, quien le dijo que sólo podía entregar el certificado parcial de un año porque su hija entregó tarde sus documentos de ingreso.

El padre de Ariana Elizabeth recurrió a la UdeG, donde le respondieron que debido a una auditoría, varios expedientes no podían ser dados de alta, entre ellos el de su hija, por lo cual “el reclamo no procedía”. Luego descubrió que había más alumnos que no se podían graduar ni cambiar de escuela por situaciones similares.

Erick Iván García Gutiérrez, alumno de bachillerato semiescolarizado de la Universidad de América Latina, ubicado en Avenida Patria, frente a la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG),  en Zapopan, presentó una queja ante la Profeco por los cobros excesivos:

“Dejé de estudiar –dice– porque no podía con los gastos, pero resulta que ahora debo pagar más todavía para recuperar mis papeles e ingresar a otra escuela”.

Cuando acudió a la Profeco descubrió otras irregularidades, entre ellas que la razón social de la universidad no correspondía con la que tiene la Secretaría de Hacienda en su registro.

 

Tolerancia institucional

 

Pese a las demandas acumuladas, los quejosos aseguran que las autoridades educativas se muestran tolerantes con las instituciones de educación superior que son más de 100 en la entidad, incluyendo las “universidades patito”.

En Jalisco hay 24 mil estudiantes de nivel medio y superior reconocidos por la Secretaría de Educación Jalisco, de los cuales 19 mil están en los Conaleps, mientras que la UdeG reporta 51 mil procedentes de escuelas incorporadas a la institución.

A ellos se suman los 240 mil alumnos de la propia UdeG. En total son 315 mil los estudiantes de educación media y superior en el estado, y millón y medio en educación básica, lo que totaliza un millón 800 mil educandos.

Jalisco tiene 7 millones 350 mil habitantes, de los cuales 87% residen en zonas urbanas y el resto en áreas rurales, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) de 2010.

Y aunque el estado se consolida como uno de los más importantes en materia educativa, las ofertas son cada vez menores. La UdeG no ha tenido capacidad para ampliar su matrícula, pese a las presiones, admite el rector general de la UdeG, Tonatiuh Bravo Padilla.

De acuerdo con el Inegi, 15 tienen un nivel de escolaridad superior al de Jalisco, que, al igual que Tlaxcala y Chihuahua, reporta 8.8 años cursados, apenas 0.2 arriba de la media nacional y 1.8 por debajo del Distrito Federal, donde el promedio es de 10.5 años. Una diferencia de casi dos años, lo que significa que mientras aquí el promedio es de tercer año secundaria, en el Distrito Federal es de bachillerato.

María del Pilar Aguirre Thomas, responsable de la Coordinación de Estudios Incorporados de la UdeG, comenta que existen al menos 88 instituciones privadas en Jalisco avaladas por la casa de estudios: “Al menos siete trabajan en el nivel superior y el resto en educación media superior. En su distribución hay 25 mil alumnos inscritos en nivel superior y otros 26 mil en medio superior.

“En los noventa había 276 instituciones; ahora sólo hay 88. Muchas cerraron por falta de alumnos o se acabó el interés de continuar con la impartición de estudios”.

Con respecto a los planes de estudio y a la supervisión en cada plantel, Aguirre Thomas comenta: “La norma nos marca que tenemos la capacidad de desincorporar a quien no cumpla con los requisitos, e incluso quitarle el Revoe cuando presenten problemas administrativos o financieros; algunas incluso piden la desincorporación”.

–¿Hay señalamientos de que funcionarios y exfuncionarios universitarios están metidos en el negocio de las universidades privadas? –se le pregunta.

–No sé… Son grupos de personas o de empresarios; no veo tantos funcionarios o exfuncionarios.

Sin embargo, Bernardo Jaén Jiménez, representante del Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU), dice que uno de los personajes más visibles en la apertura de universidades privadas es el mismo Raúl Padilla López, a quien se le menciona como uno de los promotores; algunas de ellas incluso se promocionan en la Gaceta Universitaria y otros espacios de la propia UdeG.

Por desgracia, añade, las “universidades patito” proliferan por la enorme cantidad de jóvenes rechazados por la UdeG cada semestre, superior al 60%.

Esta situación, que se viene arrastrando desde la década de los ochenta, tiene como filosofía el neoliberalismo, pues, dice, de manera errónea se piensa que “la educación en manos del sector privado es mejor”.

En materia educativa, sostiene Jaén Jiménez, “la calidad debe estar por encima de todo”, pero lo cierto es que ese tipo de negocios se rige por criterios gerenciales cuyo propósito es tener mayores ganancias, de ahí lo lamentable de los resultados.