“¡Óyeme, no! ¡No seas cabezón! ¿No ves que es mi editorial la que organiza todo lo de los autógrafos?”, espetó molesto en una ocasión Gabriel García Márquez en una pequeña sala del Centro de Estudios de Literatura Latinoamericana (Casa Julio Cortázar), cuando Raúl Padilla López, presidente de este organismo y de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, le acercó un altero de libros, propios y de sus allegados, para que los firmara el entonces todavía recientemente galardonado Premio Nobel de Literatura. De no muy buena gana, Gabo firmó uno o dos libros. Del hecho da cuenta un fotógrafo de prensa que fue testigo y asegura que fue precisamente en la inauguración de la Cátedra Julio Cortázar.
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Fabuloso maestro, narrador de historias increíbles, reales o inventadas pero siempre mágicas, García Márquez escribió, en al menos una de sus muchas colaboraciones en Proceso, que el suceso que más le gustaría describir sería su propia muerte. Que se sepa hasta ahora, no hizo siquiera una aproximación a partir de su enfermedad. No obstante, dada su ilimitada imaginación, a nadie extrañaría que hubiera pergeñado o dictado algo ante el ser y luego el misterioso volverse nada material; aunque en honor a la verdad, y como lo recordó su hermano Jaime García Márquez a Rafael Croda en Cartagena de Indias, Colombia, Gabo hizo algún acercamiento a lo que es el fin cuando escribió el pasaje de la peste del olvido, capítulo en el que habla de la pérdida de la memoria, preámbulo de la propia muerte del Premio Nobel que ahora vive, a través de sus creaciones y su innata simpatía, en la mente de millones y millones, al grado de que como lo habrán hecho muchas personas, Cynthia, una de mis hijas, le lloró como huérfana. A la mejor lo mismo habrían querido hacer escritores, pensadores, poetas y periodistas que, como él, nos han dejado súbitamente en lo que va del aún joven 2014: Juan Gelman, el 14 de enero; José Emilio Pacheco, el 26 de enero; Federico Campbell, el 15 de febrero; Luis Villoro, el 5 de marzo, y Emmanuel Carballo el 21 de abril –cuando aún se celebraban las honras fúnebres de García Márquez, fallecido el 17 de abril que era Jueves Santo.
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¿Por qué las corporaciones de seguridad pública están tan desprestigiadas y la ciudadanía en general desconfía de ellas? La razón fundamental es que tradicionalmente dichas corporaciones han sido el símbolo de la corrupción, de la mordida, y ahora, salvo excepciones, del chantaje y la complicidad con malhechores comunes y corrientes, y algunas, destacadamente con el crimen organizado. Esto viene a cuento luego de que en días pasados un comerciante del Mercado de Abastos, Sergio Alberto Valle Barrera, cansado de acudir a distintas instancias sin encontrar respuesta, publicó un desplegado en un diario local en el que denuncia que pese a dedicarse sólo a su trabajo y no haber cometido actos ilícitos ni contrarios a las buenas costumbres, “he sido víctima de múltiples actos de molestia por parte de algunos elementos de la policía, tanto estatal como municipal, ya que desde 2011 se han presentado a diferentes eventos en mi negocio, afectando tanto a mi persona como a mis empleados, tratándonos y haciéndonos ver como unos delincuentes”. Se queja porque un día uno de sus trabajadores fue llevado la comandancia de la avenida Revolución (la sede de la Policía estatal), “donde fue brutalmente golpeado y torturado (…) Lo querían obligar a señalarme como una persona que realiza actos ilícitos y supuestamente relacionado al narcotráfico”. Luego los policías dirían que se habían equivocado. Agrega que, no obstante, han seguido vigilándolo y acosándolo afuera de su negocio. “Incluso cuando circulo hacia mi hogar me persiguen y me realizan revisiones supuestamente de rutina por parte de la Policía Municipal”. Afirma que en diciembre pasado acudió ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) y presentó la queja 9036/2013/11, pero los hostigamientos no cesaron. El comerciante deja entrever la posibilidad de que los uniformados se estén prestando a intereses de otras personas para desprestigiarlo, por lo que quiere hacerse escuchar por parte de las autoridades estatales y municipales, pero primordialmente por el presidente de la CEDHJ, Felipe de Jesús Álvarez Cibrián.”
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