En la narrativa mexicana actual dos temas han interesado por su relevancia: el narcotráfico y la inmigración. Así, varios novelistas han abordado estos problemas y profundizado en sus causas y consecuencias, como Elmer Mendoza (Balas de plata), Alejandro Hernández (Amarás a Dios sobre todas las cosas), Lolita Bosch (Campos de amapola), Víctor Hugo Rascón Banda (Contrabando) y F. G. Haghenbeck (La primavera del mal).
A este grupo se une Antonio Ortuño con La fila india (Ed. Océano. Col. Hotel de Letras; México, 2013. 228 pp.). La novela cuenta las vicisitudes por las que pasa una joven burócrata para repatriar a los sobrevivientes de una matanza, en un pueblo del sureste. En esta acción es importunada por las autoridades coludidas con el crimen organizado. Ante esto se alía con un periodista comprometido y con una expatriada para proteger a los emigrantes y lograr su objetivo. Sin embargo, la respuesta de los infractores será brutal y desatará una serie de persecuciones y crímenes.
En La fila india Ortuño aborda la complicidad entre el crimen organizado y ciertas instituciones gubernamentales para explotar y prostituir a los emigrantes. La colaboración permite la impunidad y el ocultamiento de los crímenes. Así como el uso de ciertas dependencias para simular actos de protección. No obstante, la simulación se cae cuando aparecen actores comprometidos, ante lo cual los delincuentes actúan con una violencia inusitada, desatando una espiral de atropellos y fechorías. La fila india es una narración seca, sin artificios, como tienen que ser escritos los hechos ominosos que cuenta. También un doloroso acercamiento a la cruel realidad de los emigrantes centroamericanos.








