La guerra por el futuro de Ucrania ya empezó con las armas del gas y del petróleo.
Rusia anunció que a partir del martes 1 Ucrania deberá pagar 485 dólares por cada mil metros cúbicos de gas, casi el doble de los 268.5 dólares que pagaba a comienzos de este año.
El jueves 10 el presidente ruso Vladimir Putin envió a los dirigentes europeos una carta en la que explica que Rusia ha ayudado a Ucrania por 35 mil 400 millones de dólares en los últimos cuatro años gracias a los bajos precios del gas.
Desde la firma del acuerdo de 2009, logrado tras la “guerra del gas”, durante la cual Rusia redujo el suministro causando graves problemas en Europa oriental, Ucrania recibió 147 mil 200 millones de metros cúbicos del combustible.
En 2010 se firmó el acuerdo de Jarkov, mediante el cual Rusia aceptó reducir el precio del gas a cambio de la extensión del arriendo de las instalaciones de Sebastopol para la flota rusa.
En 2013, después de que Ucrania suspendió la firma del acuerdo de asociación con la Unión Europea –con lo cual se desató la crisis–, Rusia de nuevo redujo los precios; el resultado fue que a principios de este año Ucrania pagaba 268.5 dólares por mil metros cúbicos de gas.
En su carta a los líderes europeos Putin expresa su preocupación por la deuda de 2 mil 200 millones de dólares que Ucrania tiene con Gazprom y amenaza con vender gas sólo con pago por adelantado. Irónico, Putin señaló que Europa “reconoce la legitimidad del actual gobierno en Kiev pero no hace nada para apoyarlo. Nosotros no reconocemos su legitimidad, pero seguimos subsidiando su economía”.
Según el primer ministro ruso Dmitri Medvedev, la deuda de Ucrania con Rusia es de 16 mil 600 millones de dólares, incluyendo los 3 mil millones prestados al presidente Yanukovich y 11 mil 400 millones pagados por Rusia como arriendo por las bases militares que ahora ya no se justifican, luego de la incorporación de Crimea a la federación rusa.
Kiev pide que se retorne al precio subsidiado y dice que no va a pagar el nuevo precio, pues el costo promedio de gas para Europa es de 380 dólares.
Amenazó a Moscú diciendo que el aumento del precio pone en riesgo el paso del gas siberiano a través de Ucrania, que representa 40% de todo ese combustible ruso que va a Europa.
Medidas revanchistas
Así como Rusia usa la carta del gas con Ucrania, los dirigentes occidentales analizan cómo golpear a Rusia con su dependencia de los combustibles, pues 70% de sus exportaciones proviene de los hidrocarburos.
“El arma más poderosa de Estados Unidos es vender el petróleo de su reserva estratégica, lo cual reduciría el precio y arruinaría la economía rusa”, dijo el multimillonario George Soros en una entrevista el 26 de marzo. Como prueba, por primera vez desde 1990, Estados Unidos vendió 5 millones de barriles de sus reservas ese mes.
La forma en que la caída del precio del crudo afectaría a la economía rusa fue calculada por Louis Woodhill en un artículo publicado el 14 de marzo en la revista Forbes: Rusia produce 10.4 millones de barriles diarios y exporta 7.2 millones, lo cual, a un precio de 106 dólares por barril, le reporta 402 mil millones de dólares anuales; la mitad de los ingresos de su presupuesto proviene de las ventas de gas y petróleo.
A su vez la reserva estratégica de Estados Unidos es de casi 700 millones de barriles, por los cuales el país pagó un promedio de 29.75 dólares. Según Woodhill se puede vender el crudo barato para hacer caer el precio mundial y perjudicar a Rusia.
“Si pudiéramos bajar el precio del petróleo Brent a menos de 70 dólares el barril, esto costaría a Rusia cerca de 13 mil 500 millones de dólares mensuales en ingresos para la industria y 10 mil millones en ingresos de exportaciones, lo cual podría llevar el déficit ruso de 0.4% para este año a 7.4% del PNB, un golpe masivo a la economía rusa”, dijo.
Esto no es fácil porque hay otros productores de petróleo –Arabia Saudita y los países del Golfo– que se verían perjudicados, así como la tambaleante economía de Irak.
Sin llegar a esos extremos, con el presupuesto ruso de 2014 basado en un precio del petróleo de 93 dólares, una caída por debajo de 90 dólares ya significaría un duro golpe a su economía.
Tampoco es sencillo reducir la dependencia europea del gas siberiano. Si bien las exportaciones rusas a Europa representan 13.5% de su producto nacional bruto
–mientras las exportaciones europeas a Rusia son apenas 0.8% de su economía–, por ahora el viejo continente no puede prescindir de un día para el otro del gas siberiano, que cubre un cuarto de su consumo; 40% de las importaciones de gas de Alemania proviene de Rusia, y muchos países del este europeo dependen en 100% del combustible ruso.
Una víctima del enfrentamiento podría ser el gasoducto South Stream, el proyecto para conducir gas ruso desde Siberia a través del mar Negro, prescindiendo de Ucrania, que se propone transportar 15% del volumen anual a finales de 2018 y debería empezar a funcionar en 2015. Si bien se estudian otras variantes, como comprar el gas a Azerbaiyán, Irak o Irán, hay grandes intereses en juego por parte de las compañías alemanas, francesas e italianas que participan en el proyecto.
Como publicó The Moscow Times el jueves 3, Siemens firmó un contrato con South Stream Transport, la sociedad de Gazprom y la Entidad Nacional de Hidrocarburos de Italia, que controlan la construcción del gasoducto, para proveer los sistemas de control y comunicaciones. Además, EDF de Francia y Wintershall de Alemania firmaron en marzo un acuerdo para empezar a construir a mediados de este año la primera línea del gasoducto bajo el mar Negro.
Otra esperanza es el aumento de la producción de gas shale en Estados Unidos para vender a Europa. La escritora canadiense Naomi Klein denunció el jueves 10, en un artículo en The Guardian, que Estados Unidos utilizará el gas shale producido a partir del método del fracking para debilitar la economía rusa, para lo cual ya se presentaron dos proyectos de ley en Washington, uno en la Cámara de Representantes y otro en el Senado, con el fin de acelerar las exportaciones de gas natural licuado a Europa.
“Durante años la industria ha vendido el mensaje de que los estadunidenses deben aceptar los riesgos a su tierra, agua y aire que implica el método de la fractura hidráulica para ayudar al país a mantener la independencia energética, pero ahora, de manera súbita y subrepticia, se ha cambiado el objetivo. Ahora se trata de la ‘seguridad energética’, lo cual significa vender gas shale al mercado mundial”, escribe Klein.
La autora de Terapia de shock advierte sobre las consecuencias de la industria del fracking, pues libera masivas cantidades de metano, uno de los gases más potentes para producir el efecto invernadero.
Sin embargo llevará años construir terminales, gasoductos y estaciones compresoras en Estados Unidos, además de lo cual Europa deberá adecuar sus instalaciones para recibir el gas proveniente del otro lado del Atlántico. No hay camino fácil.








