La paradoja Hoeness: Corrupto pero querido

El presidente del FC Bayern de Múnich defraudó a Hacienda en un país respetuoso de las leyes como suele ser Alemania. Hoy está a punto de pisar  la cárcel,  pero la gente lo sigue queriendo: Sacó a su equipo de la crisis y lo llevó a la cima del futbol mundial. Su caso abre el debate sobre el poder absolutorio que otorga el balompié y, más importante, sobre la mínima fiscalización que se aplica a las enormes cantidades de dinero que ese deporte mueve en el mundo.

 

BERLÍN.- Mientras que el FC Bayern de Múnich sigue mostrando su supremacía como el mejor equipo de futbol alemán, la persona que lo llevó hasta esas alturas y a lo largo de tres décadas lo convirtió en una de las empresas más rentables del mundo, Uli Hoeness, enfrenta la que podría ser la peor tragedia de su vida: la cárcel.

El equipo no deja de cosechar éxitos. El pasado 25 de marzo se coronó como campeón de la Bundesliga y avanza con solidez en la Champions League. En contraparte, a Hoeness lo espera ya la celda donde purgará una condena de tres años y medio por defraudar al fisco.

Paradójicamente, la evasión fiscal es uno de los delitos que, a nivel moral, más severamente condena la sociedad alemana, pero Hoeness sigue gozando del cariño y respaldo de una parte importante de la afición bávara. Más aún, gracias a una buena asesoría, logró una condena que, para los analistas, es inversamente proporcional al tamaño de su fraude fiscal.

 

Del lujo al encierro

 

Después de la Semana Santa Hoeness tendrá que cambiar su mansión y su gigantesco palco del Allianz Arena –el estadio del Bayern– por una celda de nueve metros cuadrados ubicada en la penitenciaria de Landsberg, en el estado alemán de Bavaria.

A esta histórica cárcel, y por única vez, tuvieron acceso el pasado 31 de marzo alrededor de 150 periodistas alemanes. Así de grande es la expectativa en el país por el sitio que albergará al expresidente del Bayern. La visita guiada fue la única solución que encontró la prisión ante el caudal de solicitudes que recibió para conocer el lugar. El trato fue: Un día de puertas abiertas en Landsberg a cambio de que el ingreso y estancia de Hoeness pueda darse en tranquilidad, sin la presión permanente de los medios.

Construido entre los años 1905 y 1908, ese reclusorio recibe principalmente a aquellos delincuentes que han infringido la ley por primera vez. Albergó a afamados criminales, entre los que destaca Adolfo Hitler. El dictador estuvo ahí en 1923, luego de su fallido golpe de Estado. Fue en ese sitio donde el genocida escribió la primera parte de su obra Mi Lucha.

Para Uli Hoeness no habrá distinciones ni trato especial, según las autoridades. Así, al igual que el resto de los recluidos, no tendrá teléfono celular ni computadora y sólo recibirá visitas dos veces al mes.

El retrato que la prensa alemana ha hecho de Landsberg es de austeridad pura… en el sentido alemán. Comparada con prisiones en México, la celda es lujosa: tiene una cama pequeña, un roperito, un librero y una silla con un escritorio. Con suelo de baldosas color beige y paredes pintadas de amarillo, la habitación cuenta con un baño colocado en la esquina al lado de la puerta de metal, más un lavabo. Sólo hay una ventana, protegida con rejas.

El potentado tendrá que acoplarse a un estilo de vida lleno de reglas. La hora de despertar es a las 5:50 de la mañana; a las 6:20 horas se sirve el desayuno y el trabajo en prisión comienza a las 7. El almuerzo, en un amplio comedor, se sirve a las 12:00 y, a las 15:40, la comida. A partir de las 5 de la tarde los internos gozan de dos horas de tiempo que pueden emplear en practicar algún deporte o pasarlo en la biblioteca de la prisión. A las 7 de la tarde se regresa a las celdas. Sólo en un caso excepcional podría recibir una tercera visita al mes.

El estafador Josef Müller –quien también tuvo que pagar condena en cárcel– explicó en una entrevista que dio al semanario Focus lo que le espera al expresidente del Bayern: “Al principio será un shock para él. No sólo por la reclusión sino porque al cruzar la puerta uno deja el respeto y la dignidad detrás de sí. Para un ‘animal alfa’ como Hoeness la experiencia puede ser una pesadilla”.

El soccer lo cura todo

 

El caso de Hoeness es atípico: Él mismo reconoció que evadió más de 28 millones de euros en impuestos, aproximadamente 490 millones de pesos, mediante operaciones especulativas en la bolsa. Y los alemanes lo siguen queriendo pese al secular repudio de ese pueblo a la deshonestidad. Incluso los jugadores y el propio director técnico del Bayern, Pep Guardiola, no se cansan de repetir lo valiosa e importante que su figura sigue siendo para el club.

El pasado 10 de marzo, justo el día en que comenzó el juicio, Guardiola afirmó en conferencia de prensa: “Uli es la persona más importante en este club según me he dado cuenta en los siete meses que llevo aquí. Lo queremos mucho y la mejor forma en que podemos ayudarlo es ganando”.

Un día después de ser condenado, durante la segunda parte del juego entre el Bayern y Leverkusen en el Allianz Arena, la afición coreó su nombre como apoyo.

“Efectivamente el caso de Hoeness es curioso. La gente lo quiere porque en la memoria colectiva lo que permanece es la forma en que rescató de la crisis al equipo y lo convirtió en el mejor de Alemania, además de las alegrías que le ha dado a la afición. Efectivamente lo siguen respetando porque ha dedicado más de 30 años a llevar al club hasta donde hoy está y ese mérito nadie se lo puede quitar”, explica en entrevista el periodista y escritor Daniel Martínez, especialista en la Bundesliga y autor del libro Pep Guardiola, así va el futbol moderno.

Como el resto de la prensa deportiva alemana, Martínez refiere que los tres años y medio de prisión debieron ser el resultado de una negociación con la justicia alemana y que incluso la decisión de no apelar la sentencia, lejos de implicar la aceptación de un error, permitió al directivo evitar una sentencia mayor.

“Sólo el juez y la defensa saben qué y cómo se negoció. Y es que de no haber sido así el proceso se hubiera alargado mucho y con consecuencias quizás peores para Hoeness. Además, al hablar de derecho tributario hay que entender que a la autoridad lo que le interesa, más que un escarmiento contra el infractor, es que se le pague el dinero que se evadió, y en este caso se calcula que pueden ser hasta 50 millones de euros”, explica.

Para Martínez el caso del ya legendario expresidente del Bayern no es el único: “La limpieza de futbol no sólo alemán, sino mundial, está en entredicho. Se mueve dentro de él tal cantidad de dinero que es difícil saber con certeza de dónde viene y a dónde va. Por eso, en el caso de la Bundesliga, queda cuando menos disfrutar la calidad del deporte como tal”.