En la sierra sonorense un mentidero es el lugar donde se toma café después de una ardua jornada de trabajo en el campo. Podrán contar mentiras o verdades, pero es ahí donde se reúnen los amigos a compartir, a escuchar, a hablar.
La obra El mentidero de Chico Talegas, de Sergio Galindo, retoma estos espacios norteños y convierte a la palabra en el elemento fundamental de la propuesta escénica. Las historias que cuentan estos personajes: el Cuate Córdoba, Sapo Morales, Chico Talegas y Chile Verde, es lo que importa, pero no en abstracto. Cobran relevancia porque surgen precisamente de ese punto donde se reúnen cuatro amigos en una estrecha relación.
Paulo Galindo, el director y actor de esta obra, que se presenta los domingos en el Foro de la Gruta en el Centro Cultural Helénico, arriesga en la concepción de la puesta en escena al omitir mesas y sillas y proponer un espacio metafórico y al mismo tiempo físico, que provoca y trastoca tanto a los actores como al espectador. Galindo elige colocar a los personajes en tinas de metal gastado, viejos tambos con agua de donde aparecen y desaparecen los personajes. Cada uno de ellos no tiene una silla sino un lugar utilizado de múltiples maneras, que lo obliga a estar siempre mojado. Al salir de escena se sumerge en la tina y al llegar emerge con una jarra de café, un portafolio o un chínguere para alegrar el vicio por la bebida del Sapo Morales, muy bien caracterizado por Dettmar Yáñez.
El mentidero de Chico Talegas está dividida en dos historias independientes pero unidas por el lugar donde ocurren. El primer relato es contado por el Cuate Córdoba, quien lo interpreta con naturalidad y frescura por Paulo Galindo. Él cuenta una historia fantasiosa pero que convence a los otros de su realidad: En medio de la sequía en la que están inmersos, una noche se aparece en el cielo de su casa una nube a la que persigue, e intenta lazar para provocarle un chubasco y tener agua tanto él como sus amigos. Es poderosa la narración del Cuate Córdoba por el ritmo que alcanza y la forma lingüística que utiliza. Los coloquialismos y la melodía sonorense que al principio se escuchan lejanos, van penetrando nuestros oídos hasta volverse festivos y disfrutables. Las mínimas expresiones, a veces solitarias o en grupo, que los amigos expresan durante la narración del Cuate Córdoba apoyan el ritmo y abren la puerta del humor.
En la segunda historia el subtexto político está presente, aunque de lo que se hable sea de un engaño: Desiderio Noriega trae un portafolio lleno de dinero porque el pueblo está en venta, incluyendo pobladores, casas, animales, tierras y tiendas. Chico Talegas se ilusiona, Tata Lázaro se escandaliza y opone, y el comisario está tentado a aceptar. A diferencia del primer relato, esta historia es compartida y los textos dialogados son lo preponderante.
Las actuaciones en El mentidero de Chico Talegas gozan de un tono común y una gran naturalidad. Entre los actores también se encuentran Jorge León, Adrián El Potro Aguirre y Osvaldo Sánchez.
El grupo de Teatro pa’ llevar es el responsable de la iluminación y la realización de la escenografía; una iluminación discreta y eficaz que maneja los sepias sin permitir una luz blanca que enfríe el espacio. Los tambos de agua y su manejo escénico son una magnífica idea que, a riesgo de parecer una ocurrencia, se convierte en un atractivo espacio donde cuatro amigos toman café y el espectador se convierte en el quinto invitado.








