“Rupestre”: autenticidad, condición existencial

El miércoles pasado en la Cineteca fue presentado Rupestre, el documental (Conaculta, Sinestesia; México, 2014), proyecto impulsado por Jorge Pantoja, promotor incansable.

“Se trata solamente de un membrete que se cuelgan todos aquellos que no están muy guapos ni tienen voz de tenor ni componen como las grandes cimas de la sabiduría estética o (lo peor) no tienen un equipo electrónico sofisticado lleno de sinters y efectos…”

Extraído del Manifiesto Rupestre, escrito por Rockdrigo González (1950-1985), sus palabras plasman la postura –no prefabricada– de una manifestación del rock mexicano que no es sino consecuencia natural de orígenes provenientes de un estado de marginación y, al mismo tiempo, de la esperanza –una esperanza no pasiva– por un cambio de la realidad social, en donde libertad e independencia creativas son el poderoso recurso.

Si bien es posible afirmar que el canto de protesta es el antecedente inmediato de la música rupestre, sobre todo de los primeros años, la de Bob Dylan es una figura que provee ciertas similitudes en tanto a la idea literaria en los textos como expresión contestataria (al margen de haber obedecido a oportunidades de mercado, según él mismo confesó), así como a la voz, guitarra acústica y una armónica como formato primigenio.

A lo largo de su evolución y al día de hoy, Rupestre se nutre también de expresiones diversas, por ejemplo, no sólo del blues sino de otras músicas populares y algunas tradicionales de nuestros pueblos, e incluso, a veces, de un espectro más amplio que toma contribuciones del pasado musical europeo.

Así, se advierte la reiteración de ese sueño de libertad en el que los rupestres ejercen la capacidad –y responsabilidad– de decidir acerca del camino o caminos de aliento expansivo pero alejado de toda contaminación de músicas como producto de consumo, revelando hoy tratamientos diversos musicales y literarios, en una estética en la que sencillez y claridad sustentan el poder del discurso.

De tal forma, entre otros, Nina Galindo, Rafael Catana, Roberto Ponce, Roberto González, Armando Rosas, Fausto Arrellín, Eblen Macari y Carlos Arellano son una suerte de sobrevivientes de una cultura urbana tan sólida como auténtica, y Rupestre, el documental da cuenta de ello.

Algunas piezas completas y varias voces externas pueden aun aportar riqueza testimonial para la comprensión de un contenido significativo y su inherencia identitaria.