A partir del Tratado de Libre Comercio, el tema cultural se convirtió para Canadá en la expresión de su soberanía, pues consiguió aplicar la “exención” para sus industrias culturales. México, a decir del especialista canadiense en el tema Charles Vallerand, debería seguir su ejemplo y desarrollar políticas en favor de su diversidad e identidad cultural sin temor a sanciones en los tribunales del comercio internacional. Vallerand participará esta semana en el foro Paso libre a la cultura. Tratos y maltratos del TLCAN, en la UAM-Xochimilco.
Como en México, cuando se negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el gobierno conservador de Canadá intentó convencer a los ciudadanos de sus noblezas. La diferencia es que mientras los tecnócratas mexicanos se fiaron de “la fortaleza de nuestra cultura”, para los canadienses la cultura se convirtió en un tema nacional:
“La expresión de su soberanía”, ni más ni menos.
Si bien la lucha por preservar su identidad y diversidad cultural ha sido constante frente a las imposiciones de Estados Unidos, Canadá introdujo en la firma del TLCAN la llamada “exención cultural”, para dejar fuera de la negociación sus industrias culturales.
En opinión del especialista Charles Vallerand, director ejecutivo de la Coalición Canadiense para la Diversidad Cultural y secretario general de la Federación Internacional de Coaliciones para la Diversidad Cultural, México debería seguir su ejemplo y desarrollar políticas en favor de su diversidad e identidad cultural sin temor a sanciones en los tribunales del comercio internacional.
Vallerand cuenta con más de 20 años de experiencia en el medio: fue agregado cultural de la Embajada de Canadá en Francia y director del gabinete del vicepresidente de la televisión francesa de Radio-Canadá, después de haber dirigido proyectos de francofonía en el Departamento de Patrimonio Canadiense. Participará en el Foro Paso libre a la cultura. Tratos y maltratos del TLCAN, que se realizará los días 25 y 26 de marzo en la UAM-Xochimilco y en el Senado de la República, respectivamente.
Hablará de las políticas culturales canadienses y su impacto en la producción, difusión y consumo de bienes y servicios culturales por el público nacional e internacional, explica en una entrevista con Proceso realizada vía correo electrónico, en la cual aborda el tema de la exención y expone los impactos positivos y negativos del TLCAN en materia cultural.
–¿Qué ha representado la firma del TLCAN para la cultura de Canadá?
–Un acuerdo histórico.
Detalla:
“El gobierno del partido conservador hizo del TLCAN la pieza maestra de su programa y el tema central de la elección de 1988. El primer ministro Brian Mulroney, al igual que Ronald Reagan, estaba empeñado en construir una nueva relación económica entre Canadá y Estados Unidos. Los partidos de oposición rechazaban la firma del acuerdo porque pensaban que con ese tratado Canadá otorgaba parte de su soberanía a Estados Unidos y que el país sería lentamente dominado por el flujo del dinero estadunidense, su influencia y su eventual control.”
Al destacar que en Canadá hay un sistema de servicios sociales único, con programas como Medicare, rememora que los ciudadanos sentían amenazado ese sistema y temían la pérdida del control de su política monetaria. Los conservadores argumentaban que al formarse un bloque regional, sus beneficios económicos compensarían “con creces” los impactos y quedarían salvaguardados la identidad y los recursos naturales del país, a favor de los canadienses.
Al final, como la opinión pública estaba muy dividida, los conservadores ganaron la elección con una mayoría de escaños, pero sin la mayoría del voto. En ese contexto logró Canadá la exención cultural.
–¿Cuáles han sido los efectos positivos y negativos?
–La cultura se convirtió en un tema nacional y se impuso a partir de ese momento como un medio para definir lo que distingue a la identidad canadiense de aquella de su vecino del sur, plasmándola al mismo nivel que el seguro médico (Medicare) o el reconocimiento de las dos lenguas oficiales, el inglés y el francés, en la Constitución canadiense. La cultura se convirtió en la expresión de la soberanía de Canadá.
En el caso canadiense el papel del ministro responsable de las industrias culturales de entonces fue determinante: Insistió en su contribución a la economía del país para justificar su exención. Aunque la cláusula que logró introducirse en el tratado “no disuadió a Estados Unidos de impugnar con éxito ciertas políticas culturales de Canadá”, indica Vallerand.
Nació entonces –destaca– la idea de crear un nuevo instrumento internacional, concretizado en la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO, adoptada en 2005, en donde se establece que “las actividades, los bienes y los servicios culturales son de índole a la vez económica y cultural, porque son portadores de identidades, valores y significados, y por consiguiente no deben tratarse como si sólo tuviesen un valor comercial”, cita.
Entre los aspectos negativos, el especialista indica que la exención tiene un alcance limitado. Así, “si Canadá la utiliza para adoptar medidas que son incompatibles con el acuerdo comercial, Estados Unidos se reserva el derecho de establecer represalias comerciales que tengan un valor equivalente”.
Habla de un caso como ejemplo:
Desde 1965 Canadá prohibía la importación de publicaciones con publicidad que no se encontrara en la edición del país de origen para restringir el espacio publicitario a sus editores. En 1993 Time Warner (gigante de los medios de comunicación) trató de librar la prohibición transfiriendo vía satélite el contenido de su revista Sports Illustrated a imprentas ubicadas en Ontario y vendiendo el espacio publicitario a anunciantes canadienses.
Canadá reaccionó con un impuesto de 80% a los anuncios de los periódicos con doble publicación, tales como Sports Illustrated, pero Estados Unidos se quejó exitosamente ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) contra el impuesto y la prohibición de 1965.
Después de la decisión de la OMC, se adoptó una nueva ley que prohibía a los editores extranjeros vender sus espacios publicitarios a los anunciantes canadienses. Entonces Estados Unidos amenazó con imponer represalias comerciales previstas por el TLCAN en caso de que Canadá usara la cláusula de exención cultural.
Luego de las presiones de las industrias canadienses que sufrieron estas represalias (madera, acero y textil), se negoció un acuerdo: 18% de los ingresos publicitarios de los periódicos americanos vendidos en Canadá pueden venir de anunciantes canadienses.
Mecanismo único
Hay quienes consideran que con la exención cultural Canadá no ha sido tan afectado en su cultura como México. Vallerand considera en cambio que es difícil concluir que salió bien librado. La exención, precisa, protege las políticas y programas de ayuda a las industrias culturales, pero hay otros factores, como la competencia de productos extranjeros, la capacidad financiera de los poderes públicos para sostener la cultura, la adaptación de las políticas a los avances tecnológicos, a los medios de consumo sobre plataformas numéricas, lo atractivo de las creaciones canadienses, el dominio de una lengua extranjera, la evolución de los gustos del público, etcétera.
–¿Cómo debemos entender la exención cultural?
–Es una exclusión completa de las industrias culturales en los compromisos de liberalización. Dentro del TLC, Canadá obtuvo una exención completa de las industrias culturales, por lo tanto se comprometió a no liberalizar la circulación de bienes y servicios culturales. Esta manera de hacerlo es única. En general, los países prefieren formular una reserva, es decir, no adoptar compromisos de liberalización en un ámbito específico, por ejemplo el de los servicios o el de las inversiones.
Desglosa que existen dos tipos de reservas: Las del Anexo 1 se refieren a medidas específicas existentes, y las del Anexo 2 a sectores particulares. Ambas tienen el fin de “preservar la capacidad de intervención de los Estados en el futuro, lo que quiere decir que el país conserva su derecho de mantener sus medidas existentes, de adoptar nuevas medidas o medidas más restrictivas para las industrias culturales”.
Y señala que México inscribió en el Anexo 1 “un límite de 49% a las propiedades extranjeras de la prensa”, y en el 2 se reservó “el derecho de adoptar o mantener cualquier medida con respecto a la inversión en servicios de radiodifusión, sistemas de distribución multipunto, música continua y televisión de alta definición, y a la prestación de esos servicios”. Se excluyó de la reserva la producción, venta o autorización de derechos de programas de radio o televisión. La combinación de ambos, en opinión de Vallerand, protege menos la actividad cultural que la exención adoptada por los canadienses.
Al responder a la pregunta acerca de si México debería luchar por la exención, el especialista canadiense recuerda que no se creyó necesario; sin embargo, después de Canadá y la Isla Mauricio, México fue el tercero en ratificar la Convención sobre Diversidad Cultural de la UNESCO en los últimos días del gobierno foxista, y ha sido uno de sus “fervientes defensores”.
Uno de los propósitos de este acuerdo, cita el experto, es “reiterar los derechos soberanos de los Estados a conservar, adoptar y aplicar las políticas y medidas que estimen necesarias para proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales en sus respectivos territorios.”
Ahora, junto otros países firmantes, subraya, México debe trabajar por su implementación. Cumplir también con los artículos 20 y 21, en los que se establece que las obligaciones internacionales deben considerar las disposiciones de la Convención, cuyos objetivos deben promoverse en otros foros internacionales.
“Canadá quiere ver a México, así como a los demás firmantes de la Convención de la UNESCO que son miembros del Acuerdo Estratégico Transpacífico (Chile, Perú, Vietnam, Australia, Nueva Zelanda), afirmarse para respetar sus compromisos y proteger sus industrias culturales. Si bien las negociaciones son confidenciales, debe suponerse que Canadá busque proteger su capacidad de adoptar políticas y medidas de soporte al sector cultural, conforme a sus costumbres y al TLCAN.
“México podría, sin ningún problema, seguir los pasos de Canadá en el marco del Acuerdo Estratégico Transpacífico. Según nuestra información, otros países en la mesa de negociación trabajan con miras a fomentar la preservación de la cultura en el marco de este acuerdo. ¿Por qué no también México? De hecho, sería beneficioso que estas voces se hicieran escuchar más fuerte y de manera más convencida.”
–¿Cómo evitar que la cultura de un país sea afectada por la libre circulación de bienes, capitales y servicios culturales, si no tiene la exención cultural?
–La exención no es una medida proteccionista que tenga como objetivo cerrar la puerta a la circulación de productos y de servicios provenientes del extranjero. Al revés, se pretende preservar un espacio en el cual las políticas y los programas en favor de la diversidad de las expresiones culturales nacionales pueden desarrollarse.
“México debería seguir el ejemplo de Canadá, de Francia, de Ecuador, de Argentina… desarrollando políticas favorables para la producción, la difusión y el acceso de sus ciudadanos a productos y servicios culturales que reflejen la creatividad, la diversidad y la identidad cultural nacional, tradicional y emergente. Luego deberá adoptar políticas a través de medios legislativos y políticos que justifiquen sus decisiones sin temor a una respuesta ante los tribunales del comercio internacional.”
Balance mexicano
El experto prefiere reservarse su opinión sobre los impactos del TLCAN en la cultura de México, pues “corresponde a los propios mexicanos hacer el balance”. Y advierte que “proteger la propia cultura no implica encerrarla en un espacio hermético, afectar su exportación ni afectar la de otros”.
Se ha escrito, menciona, que México no solicitó la exención para poder hacer negocios con productos culturales en lengua española en el mercado estadunidense. Desde esa perspectiva comercial, considera que el objetivo se está alcanzado con empresas como Televisa, “la más grande de habla hispana en el mundo”, que está “en posición de tomar control de Univisión, líder de televisión hispana en Estados Unidos”.
Cuando en enero pasado se presentó el foro de la UAM-Xochimilco, los organizadores revelaron que el impacto del TLCAN ha sido devastador, la balanza comercial no sólo es desfavorable a México, sino que “está empobreciendo la diversidad y la comunicación cultural de lo que se produce” (Proceso 1941). Se pide su opinión a Vallerand:
“No cabe duda que el poder de atracción de la cultura estadunidense afecta la balanza comercial y representa un riesgo para la identidad cultural. Particularmente, los jóvenes que aspiran a ser ciudadanos del mundo quieren tener libre acceso a los artistas y a las obras de su preferencia, desde los menos comerciales hasta los más populares. La joven generación busca su propia identidad rechazando la de los padres.”
Refiere que el fenómeno no es nuevo: Las generaciones que escuchaban a Elvis Presley, The Beatles o The Rolling Stones buscaron lo mismo, pero hoy se hace más universal por la emergencia de la clase media y los nuevos medios de comunicación. En ese sentido, es difícil que los creadores canadienses puedan competir contra las multinacionales de la cultura, que poseen los medios técnicos y financieros.
Por ejemplo, menciona que mientras en Hollywood el presupuesto promedio de una película era en 2011 de 78 millones de dólares estadunidenses, en Canadá el presupuesto promedio para una película de ficción era de 4.6 millones de dólares canadienses. Y cerca de 70 % de los ingresos de las películas de Hollywood provienen del extranjero.
Agrega que las multinacionales tienen el poder de atraer a “varios de nuestros mejores artistas y sacar ventaja de su popularidad”. Por eso es posible ver que la cantante quebequense Celine Dion o la colombiana Shakira son “estrellas internacionales” de la disquera Sony”; los directores quebequenses Jean-Marc Vallee y Denis Villeneuve trabajan en Hollywood; y el mexicano Alfonso Cuarón obtuvo el Oscar al mejor director por su película Gravity.
–¿Qué efectos ha tenido el Tratado en la cultura de Estados Unidos y Canadá?
–Canadá es uno de los mercados más abiertos a los productos culturales extranjeros. Las empresas extranjeras registran 46% de las ventas interiores de libros en Canadá, 81% de los periódicos de habla inglesa en kioscos, 84% de los ingresos de la industria de la música y 98 % del tiempo de proyecciones en salas de cine canadienses.
“No obstante, las empresas culturales que pertenecen a intereses canadienses, privados y públicos, aseguran la producción y distribución de obras canadienses al público canadiense. Es, particularmente, el caso de la radio y la televisión. El Consejo de la Radiodifusión y de las Telecomunicaciones Canadienses (CRTC) impone obligaciones de inversión en la producción y en la difusión de contenidos canadienses.”
–¿México ha logrado presencia cultural (simbólica y a través de bienes y servicios) en Canadá como resultado del TLCAN? ¿En qué beneficia a los ciudadanos comunes?
–La presencia cultural de México en Canadá, y viceversa, existe sobre todo gracias a la colaboración entre los editores de libros, los festivales de danza y las salas de espectáculos que intentan ofrecer una programación diversa y abierta al mundo. Esta circulación de obras y de artistas se hace al margen de circuitos comerciales dominados por las multinacionales del entretenimiento.
Menciona como ejemplos el Festival Transamérique de Montreal, que ha incluido espectáculos escénicos con artistas mexicanos, como Border Brujo, La Negra Ester, El Concilio de Amor y Heavy Nopal. Canadá fue invitado de honor en el Festival Internacional de Cine de Monterrey en 2011. Quebec será el invitado de honor de la 29º edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara del 21 al 30 de marzo. Y desde 1995 hay colaboración entre el Centro para las Artes de Banff y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes para que artistas mexicanos participen en las actividades del primero:
“Sería evidentemente falso pretender que estas colaboraciones resultan del TLCAN, pero podemos seriamente considerar que el acercamiento y los intercambios más frecuentes entre nuestros países han creado un contexto favorable para una cooperación más profunda.”
–¿Cuáles son los riesgos de que en materia cultural se impongan las leyes del mercado? –se le pregunta finalmente.
–Solamente los productos culturales que prometan ganancias van a ser apoyados por los empresarios de la cultura. Las obras más personales, más interesantes artísticamente, que tocan temas sensibles y abren horizontes culturales, encontrarán con mayor dificultad financiamiento porque son percibidas como riesgosas sin el apoyo público. La lógica comercial basada en el estrellato se impondrá como la única capaz de generar ganancias. Este fenómeno tocará particularmente al cine, donde los costos de producción son elevados y el éxito en taquilla difícil de predecir.
Organizado por el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), el Foro Paso libre a la cultura. Tratos y maltratos del TLCAN, se inaugura el martes 25 a las 9:00 horas, en la UAM-X. A las 9:45 se iniciará la mesa “La integración de los mercados culturales de Canadá, Estados Unidos y México”, en la que participarán Charles Vallerand y Eduardo Cruz –coordinador del GRECU y del foro–, así como Miguel Ángel Corzo y Gregorio Luke Contreras, que vienen de Estados Unidos y a quienes también se solicitó entrevista, sin éxito.








