Nuevos fantasmas del paraje rulfiano

El pueblo de San Gabriel, parte del paisaje rulfiano, perdió a dos de sus mejores promotores: uno, el ingeniero Juan Villalvazo, que soñó con el desarrollo sustentable de su tierra natal, y el escritor Federico Campbell, entusiasta de la literatura de Rulfo, quien se unió desinteresadamente a la iniciativa del festival cultural en honor del autor de Pedro Páramo. Sin embargo, muchos piensan que sus nombres ya quedaron unidos a la cultura de estos lugares, hoy asolados por la delincuencia.

 

SAN GABRIEL.- Febrero inició con malas noticias para los lectores de Juan Rulfo en el pueblo donde vivió su infancia: Juan Villalvazo Naranjo, oriundo de aquí y primer académico de la Universidad de Guadalajara que obtuvo el grado de doctor en ciencias (en 1982), falleció de cáncer a los 66 años, el día 4, cuando el pueblo se preparaba para el festejo 17 de la Ruta Rulfiana, festival creado en 1998 y promovido por personajes como Villalvazo y Federico Campbell, quien murió el 15 del mismo mes, a los 72 años.

Sólo unas cuantas personas podrán dar fe de que un día de diciembre de 1997 el escritor y periodista Campbell llamó a uno de los directores de Radio Universidad (de Guadalajara) para proponerle que abriera una transmisión de 24 horas a fin de que “todo mundo leyera a Rulfo a través de los micrófonos de esa estación”.

Campbell seguramente estaba soñando, porque en la capital y en el estado donde se celebra la Feria Internacional del Libro, el ejercicio de la lectura es menor que la media nacional. Mientras en el país se leen 2.2 libros por año, en Jalisco el reporte es de 1.5.

El escritor pretendía contagiar sus ideas. Pensaba que todo un día dedicado a Rulfo podría tener resultados satisfactorios para Guadalajara; planeaba experimentos similares con figuras consagradas de la literatura mundial, como el irlandés James Joyce, pero además pensaba en promover los recorridos rulfianos en la región del sur de Jalisco, que conoció en compañía de dos periodistas jaliscienses amigos suyos.

Campbell y Villalvazo estaban unidos en su admiración por la obra rulfiana.

A la muerte de Villalvazo, la UdeG publicó una esquela en periódicos, pero no se supo de alguna ceremonia especial. Así lo hubiera preferido el doctor, a quien le gustaba estar en su oficina. De repente parecía huraño, pero cotidianamente era un maestro dispuesto a apoyar a cuanto alumno se lo pedía.

En San Gabriel la noticia corrió velozmente. Con su muerte quedó en la orfandad la Ruta Rulfiana, festival cultural que cambió de nombre porque las autoridades municipales trataban de no molestar a la familia de Rulfo, aunque en diciembre pasado, en el festival de cine del municipio de Tapalpa, Juan Carlos Rulfo –hijo del autor de Pedro Páramo– comentó al reportero que sus parientes nunca se enteraron del asunto.

La tierra natal de Villalvazo vive en estado de sitio. Después de las siete de la noche sus dos plazas y calles empedradas se quedan solas por temor a los “levantones”. Es una zona de silencio.

En San Gabriel también nacieron el cantante, actor y religioso José Mojica, y el músico y autor de sones con mariachi Blas Galindo.

La exregidora de la Comisión de Cultura y pariente del compositor, María Galindo Ramos, recuerda: “A Rulfo lo citan como una persona a la que casi no le gustaba hablar con desconocidos”. Y de Galindo dice: “Me tocó verlo en una ocasión. Yo era pequeña y el señor apareció en la campaña del entonces candidato a la presidencia de la República por el PRI, Luis Echeverría Álvarez”.

En la plaza, los organizadores del mitin de apoyo a Echeverría “le preguntaron si no tenía algo que decir a sus paisanos y él dijo que no, se negó a hablar”. El padre de Galindo Ramos también se llama Blas y era primo del músico.

En entrevista, admite su temor de que los mejores tiempos de la promoción cultural en tierras gabrielenses hayan pasado ya, con el deceso de Villalvazo y de Campbell, pues el primero se dedicó por años a promover en forma desinteresada la obra rulfiana, igual que lo hizo Federico Campbell, a pesar de que en la población se sabe –dice– que éste no era bien visto por la familia de Rulfo.

 

Los sueños del científico

 

Otro producto cultural que impulsó el ingeniero Villalvazo fue el periódico regional La Voz del Llano, cuyas páginas fueron claves para que el municipio de Venustiano Carranza recuperara el nombre de San Gabriel en 1993, cuando gobernaba Jalisco Carlos Rivera Aceves.

Juan Villalvazo salió de su pueblo en 1973 para estudiar la carrera de ingeniero químico en Guadalajara. Ya egresado, en la población de Apango convenció a varios de sus paisanos para cultivar rosas a fin de sustentar a sus familias.

Los ramos se vendían en los portales de San Gabriel a precios accesibles y con la ventaja de que la tecnología y los métodos utilizados en su producción eran obra de un gabrielense que trabajó en los laboratorios de la universidad pública.

Otro cultivo que impulsó en la zona fue el de pinos de Navidad, que en diciembre pasado todavía se distribuyeron.

Son apenas muestras del compromiso del ingeniero con la sustentabilidad y el desarrollo humano. Incluso, en el predio del Aguaje construyó una casa que propuso como un modelo para las de San Gabriel.

Esas viviendas sólo utilizan agua captada de la lluvia, que se almacena en depósitos para que sus moradores dispongan de ella todo el año, al menos en las labores básicas. Para el suministro de energía eléctrica usan celdas solares.

Conocidos del doctor Villalvazo comentaron que uno de sus últimos proyectos consistía en mantener frescos los alimentos sin necesidad de refrigerador. También incursionó en la piscicultura, aunque con malos resultados porque constantemente sufría el robo de peces y crías.

En el aspecto político, el ingeniero tuvo cercanía con el PRI y el PRD, pero nunca buscó un cargo. María Galindo comenta: “Don Juan Villalvazo deberá ser recordado como el alcalde de San Gabriel que nunca fue”.

A decir de la entrevistada, el Llano Grande perdió a su principal promotor cultural, quien trabajó con el equipo de Radio UdeG para sumar al recorrido de la primera Ruta Rulfiana a escritores como José Luis Martínez y el propio Campbell.

Recuerda que esta celebración se inauguró en mayo de 1998, cuando el panista Jorge Sedano era presidente municipal de San Gabriel: “Gratos recuerdos tiene la gente de aquí sobre el recorrido de la primera Ruta Rulfina, a la que después le cambiaron de nombre por Festival Cultural de San Gabriel o Festival de Los Murmullos”.

Por eso, ante la crisis que vive el pueblo por la inseguridad y la virtual desarticulación del mencionado proyecto cultural, Galindo afirma que las autoridades estatales y federales deberán implantar una propuesta de desarrollo social para cientos de familias en la zona.

“En el primer recorrido de la Ruta Rulfiana se vieron destacadas personalidades recorriendo las calles empedradas de San Gabriel, como el señor Federico Campbell o José Luis Martínez. Ellos dejaron su pasiva vida en la capital del país para llenarse los zapatos de tierra en los parajes rulfianos –señala María Galindo–. Por aquí pasaron varios de los promotores de esa idea y decenas de escuchas de Radio Universidad inundaron el pueblo un día en el que la voz de Rulfo se escuchó a través de un equipo de sonido que se instaló en la plaza.”

Detalla que “Campbell pretendía que la emisora dedicara todo un día para leer la obra de Juan Rulfo, pero los productores de la estación decidieron convocar a muchos otros interesados para hacer más atractiva la oferta, y abrieron la transmisión en torno a Rulfo, pero sólo 12 horas”.

Señala que en esa transmisión, realizada en mayo de 1998, se programaron materiales producidos por Radio Universidad de Puerto Rico y un “paisaje sonoro” elaborado en las calles de San Gabriel por gente de la estación alemana WDR.

En esa ocasión el ayuntamiento aportó sólo 5 mil pesos para trasladar a los invitados a San Gabriel, donde se les ofreció una comida y un recorrido por diferentes lugares del paraje.

La profesora Galindo lamenta que el autor de Tijuanenses, igual que Villalvazo, no hayan sido reconocidos por su aportación a la cultura y la economía de San Gabriel. Y resalta la coincidencia de que poco antes de su muerte Campbell pronunciara una conferencia magistral sobre Rulfo en su natal Tijuana.

Afirma que, no obstante que el festival está alicaído, de manera aislada y poco articulada están surgiendo propuestas de los municipios de Sayula y Tapalpa para convertirla en una opción para reactivar el turismo en el sur del estado.

Reconoce que falta involucrar a fondo a otras poblaciones, como Atemajac de Brizuela, Ciudad Guzmán, Tuxcacuesco y Tonaya, y no descarta que incluso se construya una iniciativa compartida de Jalisco y Colima.

A propósito de Tuxcacuesco, ese ayuntamiento pretende participar en la Ruta Rulfiana, ya que existe la versión de que Rulfo originalmente comenzó Pedro Páramo con la frase: “Vine a Tuxcacuesco porque me dijeron”…, pero su paisano y amigo Juan José Arreola lo convenció de que sonaba mejor Comala.

De todas formas, para la entrevistada esos dos sabios estarían encantados de pasear por el llano rulfiano, aun después de su partida, siempre y cuando este pueblo de altos muros y viejas casas no se convierta en un pueblo fantasma, por la inseguridad.