Como a ningún gobernador se le había presentado, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz tiene la oportunidad histórica para transformar a fondo el muy deficiente sistema de transporte urbano de la zona metropolitana de Guadalajara. Quien se acercó a eso fue Flavio Romero de Velasco en 1983, cuando por menores razones –un pleito casado con el viejo dirigente de la CTM, Heliodoro Hernández Loza– le revocó las concesiones de la Alianza de Camioneros de Jalisco a quien en realidad era el principal dueño del pulpo camionero, junto con Clodomiro Martínez. Pero Romero de Velasco lo hizo segundos antes de que le dieran las 12, cuando ya iba a entregar el Poder Ejecutivo a Enrique Álvarez del Castillo, quien no hizo efectiva la aplaudida revocación. Ahora, el muy lamentable accidente del viernes 7, por mera torpeza y negligencia del conductor del camión de la Ruta 368 que arrolló a 20 preparatorianos de la UdeG causándole la muerte a María Fernanda Vázquez y lesiones, algunas de gravedad, a muchos de sus compañeros, es la coyuntura para poner freno a las barbaridades cometidas (van 14 muertes por estos incidentes en lo que va de 2014, y más de 110 en los últimos años) para decirles adiós y castigar ejemplarmente a los permisionarios, entre los que habría políticos y otros influyentes.
* * *
Decimos que la reestructuración del autotransporte metropolitano debe ser integral porque de otra forma se repetirá la historia de siempre y los perjudicados seremos los usuarios, en particular quienes no tienen otras opciones para trasladarse en la ciudad, que suman millones. Y para que haya un nuevo modelo de transporte citadino tendrá que empezarse por una requisa o estatización paulatina del sistema de transporte y rehabilitar empresas paraestatales, como el Sistecozome y, sobremanera, los trolebuses que los panistas mandaron al diablo; contratar conductores responsables y con un mínimo de educación, con su debida buena remuneración; proyectar modelos especiales, más grandes y más cómodos de unidades para el pasaje y dejar atrás el montaje de cajas de lámina con asientos sobre el chasís de camiones de carga. Asimismo tendrán que reorientarse las rutas y establecer nuevas, que lleven a todos los destinos –no únicamente al centro–, como se planteó hace más de tres décadas, además de ser directas y perpendiculares (ortogonales) para dar una auténtica movilidad a los usuarios y mayor rapidez. También se tendrá que cambiar de raíz el sistema de adquisición de vales y boletos para que el chofer se centre en su quehacer sin preocuparse de recibir dinero, dar boleto e ir haciendo paradas en cada esquina. En fin, existe una serie de propuestas, pero ha faltado dejar de lado intereses de particulares, tener decisión y sobre todo autoridad en beneficio de la población. Este es el momento en el que, si se es un poco inteligente siquiera, se obtendrán grandes resultados para todos.
* * *
Una vez hecho eficiente, moderno y ordenado el transporte de pasajeros en la ciudad, miles de automovilistas dejarán voluntariamente, y con mucha frecuencia, su automóvil para destinarlo a lo estrictamente indispensable. Entonces tendremos vías más fluidas, aires menos contaminados y un ambiente más amigable y, sin duda, más seguro.
* * *
Cumplidos dos meses de su inicio, la semana pasada debieron quedar concluidas las obras de ampliación y remodelación de las banquetas de la avenida de La Paz, entre Colonias y Chapultepec. No obstante, eso no ha ocurrido y los trabajos parecen no tener fin. ¿Y cómo van a terminar si apenas picotean y remueven la tierra unas horas, tapan lo que hicieron y luego vuelven a hacer lo mismo varios días después de haber dejado abandonada la obra? Además, aun cuando la construcción pública debe hacerse con dos o tres turnos para poder laborar sin descanso día y noche, días de fiesta, fines de semana y “puentes” para no obstruir la circulación de peatones y autos, y evitar que se pierdan horas-hombre de trabajo, nada de eso ocurre. En tanto, la gente tiene que caminar entre el polvo y los escombros, en ocasiones a media calle con los consecuentes riesgos. ¿Hasta cuándo entrarán en razón el ayuntamiento tapatío y las constructoras? ¿Por qué esta tardanza, esa falta de planeación y de orden? l
fcobian@proceso.com.mx








