MÉXICO, D.F. (apro).- En los últimos cinco años el porcentaje de mujeres que trabajan en el Ejército mexicano en áreas administrativas y operativas creció de 3.83% a 7%, según un estudio elaborado por María de los Ángeles Herrera Romero, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM.
Los datos anteriores, dijo, demuestran que ahora hay mayor apertura y aceptación para que las mujeres desarrollen labores antes consideradas sólo para varones.
Con base en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, la experta del área Educación Especial y Rehabilitación de la Clínica Universitaria de Salud Integral (CUSI) aporta otro dato no menos importante: que 71.6% de las mujeres trabajadoras en México eran madres en ese año.
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En el mismo periodo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) calculó que 96.3% de las mujeres económicamente activas participaban en la producción de bienes y servicios, mientras 3.7% se dijeron “desocupadas”, aunque se detectó que no era así, sino que el trabajo que realizaban no era remunerado o carecía de base salarial.
En la primera categoría se incluyó a quienes se dedicaban al comercio informal, pero no a las vendedoras de artículos para el hogar (actividad no considerada formal), por lo que las amas de casa que además venden por catálogo se encuentran en el segundo rubro.
“Esa población registró un incremento de madres solteras, divorciadas y separadas. El 71.8% de las primeras recibió remuneración en un trabajo estable; de las segundas, 77.7%, y de las terceras, 68.3%”, expuso la académica.
Según Herrera Romero, las mujeres aún enfrentan desventajas respecto de los hombres, pese a que un número cada vez mayor se integra a la fuerza laboral con empleos estables, remunerados y reconocidos socialmente.
Sostiene que la trabajadora es recriminada socialmente y persiste una carga negativa en su contra.
“No obstante, si una soltera o casada gana un sueldo, usualmente lo destina al bienestar familiar y no considera su empleo como algo para ella, a diferencia de muchos varones sin vínculo matrimonial, que destinan su salario sólo a gastos personales”, puntualiza.
La especialista señala que pese a la notoria presencia laboral femenina, el hombre tiene prioridad en puestos como cargos directivos, pues cuando personas de ambos géneros, con los mismos conocimientos y currículum, solicitan el mismo cargo, es a él a quien se le da preferencia.
“Hay empresas que consideran contraproducente contratar a mujeres porque pueden ausentarse si los hijos o algún familiar enferman. Incluso hay lugares que exigen constancias de no embarazo”, apuntó Herrera Romero, también integrante del Programa Institucional de Estudios de Género de Iztacala (PIEGI).
Además, sostiene, ellas padecen violencia en ámbitos laborales. Aunque tengan mayores cargas que los varones, reciben menor paga y es frecuente que algunas secretarias se encarguen del trabajo de su jefe mientras él recibe reconocimientos y aumentos salariales y ella permanece en el anonimato.
En encuestas realizadas por el PIEGI se detectó que las agresiones son frecuentes. “Si una mujer asciende de puesto, de inmediato se le atribuye a coqueteos con el jefe o intercambios sexuales. Se demerita y desprestigia así el esfuerzo realizado”, establece la especialista.
Incluso, dice, hay quienes las culpan por los altos índices de violencia y aumento de divorcios.
“Algunos hombres argumentan que si estuvieran en casa para cumplir sus funciones de madre y esposa, los hijos tendrían mejor educación, desempeño y valores”, agrega.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, que se festeja este sábado 8 de marzo, Herrera Romero comenta también que a la fecha todavía que persiste la idea en los varones de que las madres trabajadoras descuidan a la familia.
“No obstante, desde los estudios de género decimos que no hay que culparlas, sino fomentar la equidad y valorar el papel masculino en el ámbito doméstico”.
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“Es común que la mujer que sale a ganarse un salario ayude a la manutención del hogar, cubra parte del gasto en gas, luz, agua y otros servicios, y además regrese a casa a realizar labores domésticas y cuidar a los hijos. El varón debería hacer lo mismo para que la situación sea lo más equitativa posible”.
Por cultura social, dice, se considera que ella debe cumplir con su empleo, el hogar y otros ámbitos, pero eso no es una condición innata ni natural.
Y subraya la importancia de distribuir el trabajo doméstico entre hombres y mujeres y respetar la decisión de cualquiera de trabajar o quedarse en casa a cuidar a los hijos.













