Himmler: cartas sin remordimiento

BERLÍN.- “Mi querida Mami, mi querida hijita. El señor B. va para allá y así tuve la posibilidad de enviar esta carta. Ya él le contará en persona a mamá muchas cosas. Les llevará un par de líneas mías junto con un paquetito. Los tiempos para todos nosotros son enormemente difíciles. Y sin embargo, tengo la firme creencia que todavía todo se encausará por el buen camino. Pero es difícil. El Grande nos protegerá, especialmente al buen pueblo alemán y no nos dejará caer. Les envío a ti, mi querida Mami, y a mi querida Püppi  mi amor, muchos, muchos besitos amorosos y saludos. Heil Hitler. Con amor, su Papi”.

Tal fue la última carta que Heinrich Himmler, el jefe máximo de la policía nazi y artífice del Holocausto, envió a su mujer Margarete y a su hija Gudrun el 17 de abril de 1945, cuando ya los campos de concentración y exterminios nazi habían sido liberados por las fuerzas aliadas y la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial era inminente.

Cinco semanas después de firmar ese escrito, el jefe nazi se suicidó al ingerir una cápsula de cianuro en un centro de detención inglés.

La misiva forma parte de un notable hallazgo, conformado por otras 700 cartas, fotos y notas  de Himmler, dado a conocer públicamente por el diario alemán Die Welt en ocho largas entregas. Se trata de documentos únicos de corte personal –la mayoría enviados a su esposa– que dan acceso  al mundo privado de una de las cabezas más importantes del régimen nazi: el Reichsführers-SS Himmler.

Él fue uno de los hombres más cercanos a Hitler. Además de ser el jefe de la policía, de las SS (el poderoso grupo de combate nazi) y de la Gestapo (el servicio secreto de inteligencia del régimen), Himmler diseñó y se ocupó del funcionamiento y operación de los campos de concentración y exterminio, en el que fueron asesinadas más de 5 millones de personas.

Ferviente creyente de la superioridad aria y de su dominio sobre el resto de la humanidad, Himmler no muestra en sus escritos, en apariencia banales, algún dejo de remordimiento. Más aún, en ningún momento desvela detalles o apenas indicios de la maquinaria de muerte diseñada por él.

El último día de agosto de 1941 escribió a su esposa: “Hoy estuve durante el mediodía y la tarde con el führer. Fuimos a pasear. Todo va muy bien. Sobre todo si uno piensa que mañana 1 de septiembre se cumplen dos años de guerra y todo lo que hemos logrado”.

Las frases eran ordinarias, pero tenían un significado de fondo, como los “viajes de inspección” que realizaba a los campos de concentración y exterminio: “Viajo hacia Auschwitz. Besos. Tu Heini”. Así escribía, sin añadir una palabra sobre los horrores que sucedían  en la hoy célebre localidad polaca.

Otro ejemplo. El 15 de julio de 1942 le reporta a su mujer: “Los próximos días estaré en Lublin, Zamosch, Auschwitz, Lemberg y después en el nuevo cuartel. Tengo curiosidad por saber si habrá telefonía ahí y cómo funcionará. Al fin y al cabo son unos 2 mil kilómetros de distancia”.

 

“Procreación de hijos”

 

Las cartas más antiguas publicadas apenas la semana pasada  dan cuenta de la época de noviazgo con Margarete Siegroth, quien por cierto era una antisemita declarada y después ferviente nacionalsocialista.

“Y tú, buena mujer, no te enojes más con esos judíos ni con la gente. Piensa siempre que muy pronto estarás al lado del hombre ‘malo’, que te quiere infinitamente”, le escribió en junio de 1928.

Ya comprometido, las cartas de Himmler tenían el toque que años después, con una amante, perderían: “Querida y buena Marga, no puedo imaginarme qué festejo más grande sería si mi pequeña mujer estuviera sentada a mi lado y fuéramos el uno con el otro tan amorosos”, escribió la noche previa a la Navidad de 1928.

Otro ejemplo: “Niña, qué hermoso sería ver cada día tus ojos, sentir tus manos y besar tu boca y demostrarle a la pequeña mujer cuánto la quiere su servidor”.

Pero a partir de 1938, el tono de los mensajes cambió. Ya no era más “querida y buena Marga”. Ahora su mujer se convertía en “querida Mami” y las despedidas incluían en lugar de un “te quiero”, un “besos amorosos para Mami y Püppi (Gudrun, la hija común). Himmler dejó de ser “tu Heini” para convertirse en “su Papi”.

El motivo: el Reischsführers-SS había comenzado una relación fuera del su matrimonio con Hedwig Potthast, quien desde 1936 era su secretaria privada.

A finales de 1939, el propio Himmler emitió una orden de “procreación de hijos”, bajo la cual se pedía a los hombres de las SS entablar relaciones extramaritales a fin de reproducir la raza aria. Él, desde luego, predicó con el ejemplo.

Con su antigua secretaria procreó dos hijos. Pero, a diferencia de Marga, con Hedwig apenas mantuvo intercambio epistolar. Pese a su nueva familia, Himmler no perdió comunicación con su esposa oficial hasta el último momento e, incluso, nunca reconoció plenamente a su amante.

 

El “tío Hitler”

 

Los documentos históricos también dan cuenta de la profunda relación de Himmler con su hija Gudrun y de la admiración que ésta le profesaba. El hallazgo, cuya autenticidad fue certificada por el Archivo Federal alemán, incluye el diario de la joven Himmler, nacida en agosto de 1929, y quien tampoco conoció en aquel momento detalles del macabro trabajo de su padre.

Con sólo 12 años, una inocente Püppi escribió el 2 de julio de 1941, a propósito de una visita que hizo en compañía de su amiga Röschen a uno de los campos diseñados por su padre: “Hoy viajamos al centro de concentración de Dachau. Fue muy lindo. Después comimos, mucho, y cada una recibió un regalo”.

Ahí donde 41 mil 500 personas fueron asesinadas, Püppi conoció, por supuesto, la parte agradable del lugar: las amplias huertas donde los presos eran obligados a cultivar hierbas medicinales y aromáticas.

Por las cartas, se desprende lo obvio: la ideología nacionalsocialista se le inculcó al máximo desde muy pequeña. Así, para la niña el jefe máximo del horror nazi era el “tío Hitler”, por quien se preocupaba de corazón. En su diario, su madre escribió la vez en que la niña inquieta preguntó si “el tío Hitler” también tenía que morir algún día y cómo logró tranquilizarla, al punto de quedarse plácidamente dormida, cuando le contestó que el tío viviría 100 años.

Ya adolescente, Püppi expresó en su diario las preocupaciones que le generaba la guerra: “En Rusia, los rusos ya alcanzaron casi la frontera, lo que es algo horrible. Pero todos creen firmemente en la victoria (Papi). Y yo, como hija del hombre apreciado y querido,  debo pensar así también. (…) Ni pensar en la posibilidad de que perdamos”, plasmó en su diario el 15 de julio de 1944.