Anécdotas, críticas, elogios…

Expertos del pugilismo nacional vaticinan que el hijo de José Sulaimán, Mauricio, heredará la presidencia del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), pese a los errores de su padre.

Ignacio Beristáin, el más exitoso manager mexicano del Consejo Mundial de Boxeo (nombrado así por el propio José Sulaimán, en 2011), siempre ha dicho que el CMB es en realidad patrimonio de la familia Sulaimán.

Admite por tanto su preferencia por el empresario texano Rex Roos Walker, uno de los seis vicepresidentes del organismo y avecindado en Cozumel desde hace 20 años. “Es un apasionado del boxeo, y de las personas más rectas en la impartición de justicia en las peleas. Es muy honesto, del estilo de Raúl Macías, tan difícil de encontrar en el medio”.

Walker construyó un imperio de ranchos “con la manada de caballos más grande de América del Norte”, según se lee en la pequeña biografía que aparece en su página web, en la que se ufana de “de ganar una batalla tras otra en los negocios” y de ser “un líder entre los líderes”, atributos que le sirvieron para presidir “el programa juvenil de boxeo del CMB”. El texano, que también supervisa las peleas del CMB, es uno de los mayores propietarios inmobiliarios en Cozumel.

Con todo, Beristáin no le resta méritos ni a Mauricio Sulaimán ni a su padre, al punto de considerar que el pugilismo mexicano podría verse beneficiado si el actual secretario ejecutivo del CMB queda al frente de la asociación.

En su opinión, el éxito de José Sulaimán “fue tener contentos a todos los que formaban parte del CMB: a los tailandeses, coreanos, japoneses, africanos… A todos los tenía conformes”.

 

Roces con José Sulaimán

 

Como manager, Ignacio Beristáin ganó 26 títulos mundiales del CMB y entrenó a los equipos olímpicos de boxeo que participaron en México 68 y Múnich 72, con un saldo de cinco preseas, cuatro de las cuales en la justa realizada en el Distrito Federal.

Miembro del Salón de la Fama del Boxeo Mundial y reconocido como uno de los grandes entrenadores de la historia del pugilismo, Beristáin descalifica al CMB por ostentarse como el organismo número uno del mundo. Para eso, dice, deberá darle su debida importancia a los boxeadores.

En ese sentido, revela que los hermanos Juan Manuel y Rafael Márquez “y un servidor estábamos desesperados por pelear el título del mundo. Los boxeadores ya estaban listos, pero los organismos nos negaron la oportunidad, entre ellos el CMB. Nos hicieron esperar cerca de dos años. Entre el CMB y el promotor Fernando Beltrán nos escondieron a Érik Morales. Nunca quisieron que peleara con Juan Manuel Márquez, quien todavía era un chamaco”.

Asegura que con la Federación Internacional de Boxeo (FIB) los hermanos Márquez alcanzaron el reconocimiento. Ambos se coronaron campeones mundiales. “Y desde entonces todos los organismos sí los querían tener. Eran peleadores de mucha convocatoria en Nevada”.

Tiempo atrás, “cuando regresamos de los Juegos Olímpicos de Múnich, esperaba que mi peleador Daniel Zaragoza disputara el título del mundo. Ya estaba listo para emprender la búsqueda del cinturón. Siempre fue un gran peleador, pero no nos dieron la oportunidad hasta tres años y medio después. Daniel peleó por el título mundial cuando la prensa empezó a presionar para que disputara el cinturón. Ganó el campeonato apenas le autorizaron combatir”.

Pero Zaragoza fue un campeón efímero. “Le resultaba imposible dar el peso gallo; cuando ganó el campeonato ya estaba muy castigado en su alimentación. Luego, en supergallo, fue tres veces campeón del mundo. Esas fueron las diferencias, los roces con el presidente del Consejo Mundial de Boxeo”.

De igual forma, revela que algunos de sus peleadores obtuvieron una bicoca cuando disputaron un título mundial con el CMB: Daniel Zaragoza cobró sólo 17 mil dólares y Víctor Manuel Rabanales recibió 35 mil dólares, pese a que ambos fueron campeones del mundo. En contraste, Efraín Pintor obtuvo 40 mil dólares en su combate avalado por la Federación Internacional de Boxeo (FIB) y Rafael Márquez devengó 134 mil 500 dólares como retador al título gallo de esa organización, además de 50 mil dólares que le entregó el promotor Bob Arum al derrotar por nocaut –octavo asalto– al campeón estadunidense Mark Johnson.

 

Una bandera

 

Eduardo Lamazón, quien fue secretario ejecutivo del CMB durante 25 años y en la actualidad es analista de boxeo de TV Azteca, dice que Mauricio Sulaimán (quien lo relevó en el cargo) es un buen candidato para presidir la comisión. “José Sulaimán era como Julio César Chávez, personajes que se dan cada 100 años. (José) fue mi jefe y mi amigo, todo lo que diga será positivo; tengo mucha gratitud. Espero que el liderazgo de la persona que venga, se trate de Mauricio o quien resulte, sea poderoso. En estos momentos no podemos andar con tibiezas, porque hay desorden en el boxeo mundial”.

Precisa que al organismo “le hace falta un envión. Tiene que cargar baterías y empezar de nuevo. Debe haber un cambio generacional”.

–¿José Sulaimán preparó a su hijo para asumir el cargo en el CMB?

–No como una actitud calculada; simplemente se fue dando. Al estar en ese lugar, Mauricio adquirió el conocimiento y se hizo cargo de cosas que el papá fue dejando los últimos 10 años por cuestiones de la edad. El muchacho creció, se hizo más apto y, al ser José Sulaimán un anciano, ocupó un lugar en el que se convirtió en un personaje fuerte.

–¿Imagina al CMB sin un Sulaimán en el organigrama?

–Sí, porque (Mauricio) es el único hijo que tomó ese camino. Si no quiere no se le puede obligar. Sería pueril decir que el CMB desaparecerá si no se queda Mauricio como presidente. El CMB es un organismo muy grande.

Ofrece ejemplos: “En Estados Unidos seis cadenas transmiten el boxeo, en Europa este deporte estuvo muerto durante 50 años y ahora está resplandeciente. En México cada sábado hay al menos cuatro transmisiones. El problema es la conducción”.

–¿El procedimiento para elegir al presidente del CMB debe ser más democrático para que no haya otro periodo de 38 años?

–Sí es democrático. La gente le pedía (a Sulaimán) que se quedara. Eso fue cierto. El que me diga que no, que me nombre una persona que quería la presidencia. Las aclamaciones en las convenciones eran sinceras. Ha sido muy llorado. Sigue siendo una bandera. Es un liderazgo raro. Comprendo que defender el poder por más de 30 años no es habitual, pero en su caso sucedió. Fue un buen hombre, créame. (Con información de Beatriz Pereyra y Sergio Caballero)­