El Consejo Mundial de Boxeo, una de las organizaciones deportivas más grandes del orbe, hoy se encuentra sin cabeza, pero no por mucho tiempo… Tras el fallecimiento de su presidente, el mexicano José Sulaimán –que estuvo en el cargo 38 años–, las piezas comenzaron a moverse y los reflectores apuntan a su hijo, Mauricio Sulaimán Saldívar, actual secretario del CMB.
Mauricio Sulaimán, hijo de quien durante casi 38 años fue presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), asegura que él mismo no se propondrá como candidato para dirigir el organismo, pero si alguien más lo postula y los integrantes de la Junta de Gobierno lo favorecen tomará la decisión de asumir el cargo.
Considerado como el candidato natural para reemplazar a José Sulaimán, quien falleció el pasado 16 de enero, Mauricio Sulaimán Saldívar (44 años) niega que su padre haya dejado instrucciones para heredarle el poder, afirma que el CMB no es un negocio familiar (y ni siquiera un negocio), que no ambiciona el cargo de presidente y que si le piden la renuncia como secretario ejecutivo del CMB se convertirá en un simple aficionado al boxeo. De hecho, ya convocó a una reunión extraordinaria con los integrantes de la Junta de Gobierno para el próximo 11 de febrero en la Ciudad de México.
La Constitución del CMB, máximo instrumento jurídico del organismo, prevé en el artículo 4-E la realización de elecciones especiales en caso de que el presidente esté incapacitado para ejercer sus funciones, sea por enfermedad, muerte u otras situaciones.
“Si no hay uno designado, entonces el secretario ejecutivo se convertirá en el sucesor interino del presidente en caso de que éste quede incapacitado, y organizará una reunión especial para elegir al sucesor, a más tardar 90 días después de que haya quedado incapacitado”, se lee en el documento.
En esa constitución se lee que tienen derecho a votar dos miembros de cada una de las 10 federaciones continentales que forman parte del CMB, así como los seis vicepresidentes: Kovid Bhakdibhumi, de Tailandia; Charles Giles, de Gran Bretaña; Houcine Houichi, de Túnez; Rex Walker, de Estados Unidos; Ju Hwan Kim, de Corea, y Bob F. Logist, de Bélgica.
Alberto León, uno de los abogados del CMB, dice en entrevista telefónica que el mismo día que se realice la reunión extraordinaria de la Junta de Gobierno se determinará cuál será el procedimiento para elegir al nuevo presidente.
“No sé si los candidatos van a postularse ellos mismos o alguien más los va a postular. También se decidirá durante esa junta si será a puerta cerrada o abierta o si el voto será secreto o público. Ya se está haciendo una lista de quiénes serán los votantes, pero no sé cuándo quedará lista y si los nombres se difundirán o no antes de la elección”, refiere desde Nuevo México Estados Unidos.
–¿Cualquier miembro del CMB puede aspirar a ser presidente?
–Sí, de preferencia debe ser una persona destacada.
–¿Nada impide que Mauricio Sulaimán, como secretario ejecutivo y ahora presidente interino, aspire a ocupar el cargo?
–No. Si es decisión de él puede aspirar a ser presidente. Como consejero legal puedo decirle que es un hombre increíblemente capacitado, inteligente y tiene todos los atributos para ocupar cualquier puesto en el CMB. Es mi opinión personal, no hablo a nombre del CMB.
Quien sea elegido nuevo presidente deberá contar con 75% de los votos; es decir, convencer a 20 de los 26 miembros del CMB con derecho a voto.
Mauricio Sulaimán, por su parte, se muestra precavido. Recibe a Proceso en la Ciudad de México, desde donde coordina a un organismo presente en los cinco continentes.
–¿Será usted el nuevo presidente del Consejo Mundial de Boxeo? –se le pregunta a Mauricio Sulaimán.
–No lo sé. He estado muy confundido desde que murió mi papá porque fue lo máximo, mi dios, mi vida. No me veo fuera del CMB de ninguna manera. Me veo apoyando al organismo. Siempre dije que cuando mi papá se fuera del boxeo yo también lo haría porque yo me dediqué al boxeo para apoyar a mi papá. En estos días he recibido apoyo de miembros del CMB en el sentido de que debo continuar como presidente del organismo. Ya hablé con la familia y mi conclusión es que siempre voy a estar en el Consejo, pero mi interés no es la presidencia. Puede ser en un comité o en otro cargo. La Junta de Gobierno aplicará la Constitución del organismo para ver quién queda como presidente.
–¿Ya hay candidatos registrados? ¿Usted está en esa lista como aspirante oficial?
–No lo sé. No sé ni siquiera si hay que registrarse o cómo es el sistema. Si hay que hacerlo yo no lo voy a hacer. No es mi intención buscar la presidencia.
–¿Pero alguien lo puede proponer?
–Pues ya me han hablado algunos miembros de la Junta de Gobierno. En la Convención de Tailandia (noviembre de 2013) representé a mi papá porque él por primera vez no pudo estar (José Sulaimán convalecía en un hospital después de una cirugía a corazón abierto). Como yo preparé todo lo que se iba a tratar en la Convención, me dieron la conducción. Hay quienes me han hablado para decirme que llevé bien la Convención y que por ser su hijo debo ser yo el presidente. A mí me interesa servir al CMB y que no vaya a haber un rompimiento en el organismo, que no haya una lucha de poderes que fue algo que evitó mi papá durante 38 años. Para mí sería tristísimo suscitar eso; antes de que suceda, yo me retiro del organismo.
–Además de usted, ¿quiénes podrían ser candidatos?
–Mauro Betti, de Italia (uno de los nueve secretarios internacionales); Rex Walker, de Estados Unidos (presidente de la North American Boxing Federation, NABF), y Houcine Houichi, de Túnez (presidente de la African Boxing Union, ABU), que ha estado desde que mi papá resultó presidente en 1975. También entre los europeos hay gente muy capaz que puede dirigir el organismo.
–¿Es viable que un miembro del CMB manifieste que usted, por ser de la familia Sulaimán, no debe ser presidente?
–Si hay un nuevo presidente, bienvenido. Si me invita a estar en algún puesto, estaré ahí por la memoria de mi papá. Si no me invita entonces seré un gran aficionado al boxeo.
–¿Su padre no lo dejó protegido para que usted sea su sucesor?
–No, de hecho discutíamos mucho sobre que ya me dedicara a la empresa de la familia y que no estuviera tanto en el box (la familia Sulaimán posee una fábrica de papel). Los últimos 10 años dejé de atender el negocio por dedicarme al boxeo.
–¿De verdad se concibe fuera del CMB como un simple aficionado?
–No creo, pero tú planteaste si alguien llega y me saca. Si alguien llega con esa postura y procede, entonces habrá otro CMB diferente al que conocemos.
–Cuesta creer que su padre no le haya dicho que cuando estuviera ausente se hiciera cargo del organismo que él construyó.
–Nunca me lo pidió. Yo fui su asistente, carga-maletas, valet parking.
–¿No le heredó el poder en el CMB?
–Para nada. Y mi papá jamás hubiera tratado de hacerlo porque no era así.
–Usted es una extensión de él. Es copia al carbón de su padre.
–Yo soy el reflejo en un espejo. Desde niño lo quise imitar. Estudié administración de empresas como él. No sé por qué me le pegué tanto. Quería ser todo lo que él era.
–Por eso mismo, ¿no se aferrará al CMB?
–No, antes de hacerle un daño al organismo me iría. Yo no tengo ninguna ambición de nada.
–Pero el CMB es algo que es muy de su padre. ¿Se podría sentar a ver que alguien más se apodere de él?
–Nunca provocaría un pleito que lo pusiera en riesgo.
–¿El CMB debe abrirse a la democracia y a la alternancia? Su padre se quedó 38 años y eso es antidemocrático, aunque algunos lo consideran un gran liderazgo.
–La democracia fue una prioridad para mi papá. Cada cuatro años se abría el proceso de elecciones, pero siempre lo reeligieron por aclamación. La gente lo aplaudía y lo reelegía. No estoy en posición de saber si es bueno o malo. Sé que en los 38 años de su presidencia el CMB creció y jamás hubo un señalamiento de que tomaba decisiones fuera de lugar por su edad. Mi papá fue un gran hombre que ayudó a mucha gente. José Sulaimán sólo hay uno, por su calidad moral, porque él nunca obtuvo un beneficio personal. Todo lo contrario, llevar el organismo le costó dinero, tiempo y oportunidades con la familia. Yo creo que no hay problema con el tiempo que dure un presidente. Mi papá nunca se sintió poderoso, que por ser presidente ejerciera presiones o tuviera beneficios.
–Pero no se puede negar que sí acumuló mucho poder. En el boxeo mundial no se movía nada si no era con la venia de su padre.
–Sí, pero en casa nunca nos dimos cuenta de ese poder. Mi propia esposa me dijo que ella ni se imaginaba lo que era mi papá. Pero cuando vio las fotos con Mandela, con Ronald Reagan, con reyes y presidentes de muchos países de donde nos han llegado condolencias… Fue una persona que trascendió porque su máximo éxito fue la sencillez. Nunca se sintió más que nadie.
“Y de verdad sentía a los boxeadores como a sus hijos. Sufrió muchísimo de ver a boxeadores campeones y excampeones con problemas. Ver a Julio César Chávez al borde de la muerte con una adicción terrible, luchó por que se rehabilitara. A nuestra casa llegaron incontables personas del boxeo a pedir ayuda por situaciones de urgencia médica, despojos de casas, injusticias. Nunca mi papá dijo ‘No vengas a buscarme’. Atendió a todos. Yo como hijo sentí celos de compartir a mi papá en tiempo y recursos con tanta gente.
“Con toda esta especulación de que si yo voy a ser el presidente del CMB me da temor manchar esa imagen que dejó mi papá. Me da temor fracasar, que digan: ‘Mira la diferencia’. Mi padre tomó decisiones muy fuertes. Cuando se equivocó rectificó y cuando no, fueron logros que quedaron para siempre, como bajar las peleas de 15 a 12 rounds. Me da temor empañar la imagen de su legado.”
–¿No le preocupa su propia imagen? De usted se ha dicho que es la sombra de su padre, que no tiene el carisma ni facultades para hacerse cargo del CMB.
–No. Quien lo diga tiene razón. Quien me compare con mi papá cometería un error al decir que puedo ser como él. Por mucho que yo haga jamás seré como él.
–¿La muerte de José Sulaimán puede crear inestabilidad en el CMB?
–No lo creo, mi papá lideró un grupo de gente de primer nivel y comprometida que durante años ha trabajado sin esperar nada a cambio. Los integrantes de la Junta de Gobierno, por ejemplo, no tienen un beneficio especial, es un servicio que le dan al boxeo. Es gente buena que ve en el boxeo la manera de dar un servicio.
–¿Diría usted que entonces el CMB no es una fábrica de hacer dinero?
–Para nada. Si supieras lo que hemos oído en estos días.
–¿El CMB no es un organismo con el que la familia Sulaimán ha hecho un negocio?
–El CMB no es de la familia Sulaimán. Lo creó el presidente Adolfo López Mateos para servir al deporte. Estuvo en manos de Luis Spota, de Ramón G. Velázquez y luego de mi papá. El crecimiento del Consejo se dio con mi papá, que lo tomó con 23 países y actualmente tiene 165 afiliados. Todo, cada peso, dólar o yen de una pelea, todo regresa al boxeo. Lo reinvertimos. Nuestras finanzas son públicas. En Estados Unidos se entrega año con año una declaración de impuestos y en México la hacemos como asociación civil que somos. La de México es una oficina de representación, pero el CMB está registrado en Miami y Puerto Rico.
“Tenemos 40 personas que trabajan en el CMB que viven en México y que han estado 30 años en el organismo. Todos pagan impuestos y están afiliados al Seguro Social. Si el presidente que llegue decide llevarse la oficina a otro país –la Constitución marca que la sede del CMB estará en el país donde resida el presidente– esto tomaría un poco de tiempo, porque aquí están todos los archivos. No descarto que la sede del CMB pudiera salir de México. No es lo ideal, creo que sería más un daño que un bien.”
–¿Cuánto cobra el CMB por sancionar las peleas de los distintos títulos?
–Depende del tipo de título. Hay títulos de 500 dólares como el de Fecarbox (Central American Boxing Federation) o el de Cabofe (Caribbean Boxing Federation). En México hay un subsidio muy importante para los promotores, igual que en Nicaragua, Filipinas, Tailandia, en países con economías menores. En los títulos mundiales la cuota del promotor es de 5 mil dólares más un porcentaje de las bolsas de los boxeadores. En las peleas grandes es donde hay números más significativos, pero todo ese dinero es para donaciones, por ejemplo a la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) para estudios del cerebro o a la Casa de la Amistad para niños con cáncer o a apoyar a personas del boxeo.
–¿Es un pendiente del CMB eliminar el sinnúmero de títulos que se otorgan actualmente y que han sido criticados porque le restan seriedad al boxeo?
–No. Esos títulos fueron creados para desarrollar talento y darle más oportunidades a los boxeadores, no para competir con el campeón mundial de cada división. Los títulos Plata, el Juvenil, el de Norteamérica, el Latino, el Europeo, etcétera, todos fueron diseñados para apoyar al boxeador.
“Por ejemplo, Manny Pacquiao, un filipino muy pobre que encontró en el boxeo la manera de ser alguien. No empezó en una cartelera de Pago Por Evento, ¿verdad? Primero fue campeón de Filipinas, luego de la región del Pacífico (la OPBF-Oriental & Pacific Boxing Federation), luego campeón Internacional del CMB, luego campeón mundial mosca, luego gallo, supergallo, y en la segunda etapa de su carrera ganó el título mundial del CMB contra Érik Morales. Para la pelea que tuvo con Miguel Cotto hicimos el título Diamante para celebrar ese gran combate. Esas estructuras son por el bien del boxeo. Nada que ver con que son para hacer dinero, no es un asunto económico porque esos campeonatos no cuestan. Cuesta el cinturón y una cuota mínima para operar, poner jueces y réferis. Son apreciaciones. Lo nuestro es lo técnico, ya cómo la gente lo percibe es un tema de relaciones públicas, pero sabemos que siempre habrá críticas.”








