Las corridas más recientes de la temporada “grande” quedaron muy chiquitas. Los matadores se esforzaron, pero los empresarios siguieron armando carteles flacos y recetando ganado manso. Así que el público respondió a la altura y volvió a vaciar los tendidos. El duopolio taurino continúa sin dar acuse de recibido, quitando toreo y comprando lentejuela
Cuando en una sociedad leyes y reglamentos ceden su lugar al poder económico, los poderosos, en vez de acatar las normas, simplemente las ignoran. Eso es lo que ha ocurrido al menos durante las últimas dos décadas con el duopolio taurino Alemán-Baillères, sin más acuerdo que la autorregulación y la nula competencia. Han promovido el devaluado espectáculo en sus propios términos, de espaldas a la fiesta y a la afición, sin rigor en los resultados artísticos ni económicos y sin pensar en el reposicionamiento del toreo en el interés del público. Tres hechos recientes reflejan los singulares criterios empresariales del duopolio.
Por lo que se refiere a la temporada “grande” 2013-14 en la Plaza México –desde hace 20 años bastión exclusivo y excluyente, concesionado a los Alemán–, en 16 tardes ha prevalecido una preocupante mansedumbre en las ganaderías contratadas, así como combinaciones poco atractivas o demasiado cómodas para los que figuran, contadas confrontaciones de figuras nacionales en ciernes, e inclusión injustificada de diestros extranjeros en perjuicio de la urgente comparecencia de toreros nacionales con probado potencial y sostenida trayectoria. Pobres entradas en la mayoría de las funciones es la respuesta, desde hace años, de un público a cuyas espaldas se diseña esta antojadiza oferta de espectáculo, avalada sistemáticamente por la crítica.
La Plaza México ha sido descuidada. Espectáculos Taurinos de México SA (ETMSA), división taurina del Grupo Bal y propiedad de los Baillères, se ha concentrado en otras cosas: Los Baillères son dueños de las plazas de Guadalajara, las dos de Aguascalientes, León, Monterrey, Acapulco, Irapuato y Ciudad Juárez; las ganaderías de San Miguel de Mimiahuapan, Begoña, Santa Teresa y recientemente San Martín, y de los poderes mundiales del matador español José Antonio Morante de la Puebla. Además, el año pasado editaron el lujoso libro Arte y Toreo, con fotografías de Denise de la Rue, textos de Enrique Krauze y Carlos Villasuso, y una sucesión de toreros en traje de luces teniendo como fondo obras maestras de la pintura.
Este despliegue de poderío taurino ha resultado ineficaz, pues salvo Guadalajara, en el resto de las ferias de las mencionadas ciudades presentan ganado sin suficiente edad ni trapío y combinaciones tan desalmadas como las de la Plaza México.
Lo verdaderamente novedoso es que en semanas recientes, a través de algún operador y aprovechando las ríspidas relaciones de cinco toreros que se sueñan imprescindibles (El Juli, Morante, Manzanares, Perera y Talavante) con el empresario de la Plaza de Sevilla, Eduardo Canorea, ETMSA hizo a los propietarios del coso sevillano una atractiva oferta “prácticamente irrechazable” para quedarse con la gestión de la Maestranza, en graves problemas financieros y taurinos a raíz de la crisis.
Silenciada la intención de ETMSA tanto en México como en España, escribimos en el periódico La Jornada: “Por muy urgidos de dinero fresco que estén algunos empresarios de España, deberán anteponer el profesionalismo taurino a la magnitud de las aportaciones, pues de otra manera les saldrá el tiro por la culata y queriendo aminorar la crisis que padecen sólo la agudizarán. De lujo hubiera sido empezar a tender hace años puentes sólidos para el desarrollo internacional de la fiesta de los toros entre España y el resto de los países taurinos, pero la voracidad de aquélla y el sometimiento de éstos lo han impedido. Así sucedió con la revista 6toros6, adquirida por el empresario mexicano Carlos Peralta pero dirigida por su antiguo director español, con un hispanocentrismo semanal que acabó por perder interés en México”.
La fiesta somos nosotros
A propósito de las declaraciones de “los cinco imprescindibles” (tan estridentes como las del empresario Canorea), el crítico taurino del diario El País, Antonio Lorca, advertía: “Exageran las figuras en su victimismo porque la fiesta está hecha a su imagen y semejanza. Ellos son los principales responsables de la problemática que excede de la crisis económica. Imponen el toro enfermizo, decadente y ruinoso que se arrastra por las plazas con la connivencia de la inmensa mayoría de unos ganaderos pusilánimes; exigen y alientan supuestamente la sospechosa manipulación de las reses que se lidian; imponen la composición de los carteles, vetan a compañeros, presionan a la autoridad y engañan a los públicos con un toreo alejado de la verdadera emoción que encierra la tauromaquia. Y lo que es más preocupante: sólo en fechas y ferias muy señaladas son capaces de colgar el cartel de no hay billetes. ¿Qué persiguen las figuras? No lo dicen, pero es evidente que se atisban dos objetivos: primero, que no les toquen la cartera; y segundo, afianzar, aún más, su poder en el desarrollo de la fiesta. Si ello supone la desaparición del espectáculo es evidente que les importa poco”.
Por cierto, mientras en España Julián López El Juli alardea de su “compromiso ético con la tauromaquia”, en México se dedica a hacer faenas apoteósicas y cortar orejas a impresentables novillones despuntados a lo largo y ancho de la República.
El tercer hecho reciente que refleja el taurinismo de ETMSA, concesionaria además de la plaza monumental de Mérida –8 mil localidades–, es que el juez de ésta, Ulises Zapata León, se atrevió a rechazar cinco de los ocho toros de la ganadería de Begoña, propiedad de Baillères, destinados a la corrida del 19 de enero pasado. Concedió 72 horas “para sustituir los cinco toros que no presentaron ni cumplieron con el trapío que merece una plaza de toros de primera categoría, como lo es la plaza de toros Mérida”.
En vez de acatar las disposiciones de la autoridad y dar una muestra de profesionalismo y de respeto a la afición meridense, ETMSA decidió suspender esa corrida y cancelar el resto de la temporada en esa ciudad –dos o tres corridas–, y en conferencia de prensa anunció: “No obstante los esfuerzos hechos por Espectáculos Taurinos de México, ante los criterios irregulares y divergentes de las autoridades, se ha llegado al punto de no poder continuar con la temporada, ante los atropellos de los que han (sic) sido objeto, como lo es el rechazo de cinco toros que cumplen sobradamente con las disposiciones reglamentarias, como todos los lidiados anteriormente en la plaza de toros Mérida”. En inusual democracia y tras la conferencia, la empresa abrió a la prensa y aficionados los corrales de la plaza para someter a su consideración la gallardía de los toros que fueron rechazados. Para fortalecer el voluntarismo de ETMSA, los gremios de empresarios y subalternos enviaron al presidente municipal de Mérida, Renán Barrera Concha, sendas cartas de protesta, en tanto que los matadores dirigían su misiva al gobernador de Yucatán, Rolando Zapata Bello, invocando todos la pérdida económica y de fuentes de trabajo, así como la “intransigencia” del juez, y solicitando que los diferentes gremios de profesionales de la fiesta sean miembros de la comisión taurina. Ninguna aludió al respeto a la dignidad animal del toro ni al público.
25 toros, escasa bravura
Poco puede decirse de cuatro carteles “diseñados por el enemigo” y ofrecidos por el prurito de sumar fechas tras las 12 tardes a que, todavía, obliga a la empresa el reglamento del Distrito Federal. En la decimotercera corrida en la México se anunció un encierro de La Punta para Fabián Barba, Pedro Gutiérrez El Capea y Arturo Macías, pero como la empresa venía armando carteles sin pensar en el público, éste no tuvo inconveniente en darle la espalda a otra mínima oferta de espectáculo, dejando casi vacíos los tendidos de la plaza, lo que siempre ha tenido sin cuidado a los contumaces promotores. Y si bien Macías (luego de suplicar al palco del juez la segunda), se alzó con dos orejas del mejorcito por una faena derechista a la que faltó estructura, fue el valiente y solvente Fabián Barba, sin toro aborrecido, quien realizó lo más torero de la tarde, a base de colocación, quietud y mando. Hace tiempo debería estar en carteles de mayor importancia. El Capea no consigue despojarse de la tiesura ni de la sombra de su padre.
Con bastante retraso la empresa medio afinó sus criterios de combinación de toros y toreros y en la decimocuarta tarde hicieron el paseíllo Juan Pablo Sánchez, Arturo Saldívar y Diego Silveti para estoquear un encierro de La Joya, con presencia pero escaso de juego, a excepción de dos boyantes. A pesar de que se trataba de tres sólidos aspirantes a figuras con una trayectoria sostenida, el coso no registró ni media entrada. Sánchez anduvo empeñoso y sin suerte, incluso con uno de regalo; Saldívar volvió a demostrar una actitud y unas aptitudes que lo pueden llevar muy lejos, al realizar dos entonadas y mandonas faenas a toros de muy distintas características, cortando la oreja de su segundo luego de un pinchazo. Y Diego, bueno, volvió a dejar ir el triunfo con el mejor toro, luego de una faena entre altibajos.
“A beneficio de la escuela taurina de la Plaza México que maneja la Comisión Taurina del DF” fue el desalmado cartel de la decimoquinta corrida, nocturna, enterándose así el contado público de que el mismísimo Gobierno del Distrito Federal apoya a la empresa del coso de Insurgentes –y no sólo la delegación Benito Juárez con su incondicionalidad y sus jueces–. Partieron plaza seis miembros de la Unión Mexicana de Toreros (agrupación inventada por la calamitosa empresa con el propósito de dividir y debilitar a la Asociación Nacional de Matadores): Humberto Flores; José Luis Angelino; Christian Ortega; Jorge López, que salió al tercio; Víctor Mora, y Luis Manuel Pérez El Canelo, que confirmó su alternativa y también fue llamado al tercio. Las reses fueron de San Lucas, con trapío pero sin calidad, salvo la primera y la cuarta. Ni las obras benéficas le salen bien a esta empresa.
En la corrida 16, vuelta a los criterios absurdos de combinación para una deslavada despedida de Rodolfo Rodríguez El Pana, uno de los toreros menos aprovechados por el sistema taurino y más taquilleros de la México. Estuvieron también Morante de la Puebla y Joselito Adame para lidiar una descastada corrida de Villa Carmela, que sin explicación cambió la empresa por la originalmente anunciada de Montecristo. Algunas palmas escucharon los veteranos con sus deslucidos lotes, y otra gran faena bordó Adame con el alegre reserva de Montecristo, Atrevido, gracias a su noble y repetidora embestida por el derecho. Fue una completa y rotunda labor con capote y muleta que culminó con una soberbia y certera estocada en la desusada suerte de recibir. Confundidos público y autoridad en una plaza que abarató las orejas, lo que debió premiarse con un rabo quedó en dos apéndices.








