De ninguna manera es suficiente que los diputados de Jalisco hayan desaparecido la partida 412 para las llamadas “casas de enlace”, que en realidad son casas de campaña política anticipada. Lo que deben hacer –si quieren recuperar un poco de credibilidad ante los ciudadanos– es regresar las millonadas de pesos que se llevaban anualmente para promoverse o pagar altos salarios a familiares y amigos incluidos en sus nóminas y que disfrazaban de esa manera. Baste recordar que cada legislador local se llevaba al bolsillo 93 mil pesos extras cada mes sólo por ese concepto, aparte de su dieta nominal. ¿Habrá alguien que todavía les crea a los diputados? Tal vez sus favorecidos y nadie más.
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Hace más de un mes –se cumplió el 23 de enero–, la estadunidense Doris Ruth Shepard, residente en Chapala, denunció ante el investigador o agente del Ministerio Público del lugar, César Paul, un robo a su domicilio, ubicado cerca del lago, ocurrido el 21 de diciembre pasado (AP 3912/2013). El monto del atraco, que consistió esencialmente en alhajas, relojes y dólares en efectivo, asciende a cerca de 360 mil pesos. Los peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses se comprometieron formalmente a ir pronto –a más tardar en ocho días– a tomar las huellas digitales y algunos otros datos indispensables. Ante la inasistencia del mencionado personal, la señora Esther Solano, facilitadora e intérprete de los residentes estadunidenses y canadienses en la zona, acompañó a la afectada ante el fiscal regional, Carlos Alberto Rodríguez Ramírez, quien reside en Ocotlán. El funcionario se comprometió a tomar el caso en sus manos. Pasaron los días y nada. Finalmente les aseguraron estarían ahí el 28 de enero a las 13:30 horas. Esperaron hasta después de las 19:00 horas y nadie llegó. Al cierre de edición seguían esperando la llegada de los agentes investigadores.
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Según la también activista Esther Solano, no van a averiguar lo que ocurrió y a tomar huellas porque, dice, “quien cometió el atraco está más o menos identificado tras haber roto el cristal de una ventana e introducirse a la vivienda. Hay testigos que lo señalan, e incluso identifican al malhechor, quien presumiblemente tiene algún tipo de protección, de complicidades en los medios judiciales, y por eso no investigan”. Asevera además que cuando se cometió el robo, el 21 de diciembre, la señora Shepard “intentó hacer la denuncia formal, pero le dijeron que no, que mejor el día 23 a ver si se podía, porque ya estaba cerca la Navidad. Sí pudo hacer la denuncia, pero si esto le hacen a uno que puede defenderse, qué no hacen con la pobre gente. Todo es una vil corrupción”, precisa.
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El 31 de enero debió ser el último día que estuvo abierta la tienda del ISSSTE número 230, situada en la popular colonia La Tuzanía, en Zapopan. De todo el personal –en total unos 15 empleados–, “algunos fueron liquidados muy mal y los que no, fuimos reubicados en otras tiendas, incluso fuera de la zona metropolitana” –Lagos de Moreno, Puerto Vallarta y Autlán–, dice uno de los perjudicados. Tales fueron los casos de Carmina Quezada Guzmán, quien está embarazada; Carina del Castillo y Angélica González Candelario, respectivamente. “Lo peor es que de la delegación del Instituto llegaron ocho personas muy prepotentes, nos trataron muy mal. Sólo dijeron que eran del Departamento de Personal y que los enviaba el delegado Javier Galván Guerrero”, se quejaron varios de los trabajadores, quienes aseguran que la intención del presidente Enrique Peña Nieto es acabar con todas las tiendas del ISSSTE “para favorecer a los grandes supermercados. Por lo pronto cerrarán 35 tiendas en el país”, expresaron.
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¿Sabía usted que, dados los antecedentes militares y la natural herencia que se lleva en la sangre, un periodista que ahora ocupa relevante cargo en un diario de reciente aparición aquí anda armado? Claro, con el debido permiso de portación y, claro, amparado también en nueva chamba.
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Y otra cosa aparte. En la Zona Escolar 10, concretamente en una secundaria mixta, hay una persona que firma hasta certificados como si fuera el director –lo hace sobre el nombre, y casi igual del que cobra como director, pero que ni el polvo le ven en el plantel. Por supuesto que es con anuencia de las autoridades.
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