Raúl Padilla, un “líder legítimo”

El rector de la Universidad de Guadalajara, Tonatiuh Bravo Padilla,  conversa con Proceso Jalisco sobre los proyectos sustantivos de la casa de estudios, las políticas educativas, sus perspectivas políticas y, sobre todo, acerca del cacicazgo que desde hace un cuarto de siglo ejerce Raúl Padilla López. “Liderazgo legítimo”, le llama.

Entre las principales metas de Tonatiuh Bravo Padilla en la UdeG, que es la segunda universidad más grande del país, con 240 mil alumnos y un presupuesto cercano a 10 mil 500 millones de pesos, está incrementar la matrícula en 48 mil lugares, así como el presupuesto en 30% antes de que termine su administración.

Consciente de las críticas, no evade responder a las preguntas sobre el cacicazgo (él lo llama “liderazgo generacional”) que desde hace un cuarto de siglo ejerce en esa casa de estudios y en la política estatal el exrector Raúl Padilla López.

Dos veces rector del Centro Universitario de Ciencias Económicas y Administrativas (CUCEA) y dos veces “diputado ciudadano” federal por el PRD, expresidente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) –que presidieran antes Raúl Padilla y su hermano José Trinidad, ambos exrectores de la UdeG–, Bravo Padilla descarta buscar un puesto político en este sexenio: “Yo realmente me quiero dedicar a la universidad.

–¿Ya pasó su tiempo político? –plantea Proceso Jalisco.

–No es que haya pasado. Simplemente tengo una responsabilidad, debo cumplirla. Hay que hacer un esfuerzo mayor en tanto haya condiciones, y si éstas cambian y siento que no son propicias, tampoco voy a aferrarme a las cosas. Aquí son seis años de responsabilidad y hay que tratar de hacerlos lo más útiles posible.

A la UdeG uno se acostumbra verla por los ciclos y los personajes. En las instalaciones donde se lleva a cabo la entrevista despachaba Carlos Briseño Torres, primero como secretario general y luego rector. Fue destituido el 4 de septiembre de 2008 por el Consejo General Universitario (CGU) tras confrontarse abiertamente con el Grupo Universidad y su líder político, Raúl Padilla. Casi 15 meses después se suicidó en su casa.

Se le pregunta: ¿Cree que este es el tiempo natural para que usted sea rector? ¿No fue hace seis años, cuando se daba por hecho que iba a ser electo?

–Creo que las cosas cuajan en un momento determinado porque uno logra ser asertivo en las condiciones del momento –contesta–. Nadie llega a un cargo público o privado, aun a director de revista o de periódico, si no tiene las condiciones, si no se desarrolla una relación recíproca entre el depositario de la confianza y los que como comunidad lo eligen.

“Si me preguntas cuál tiempo me hubiera gustado más, tengo la mitad de la respuesta para una y la mitad para la otra: la vez pasada tenía más entusiasmo pero menos experiencia, y hoy la experiencia me hace ver las cosas más completas.”

–¿Quién es el que decide el nombramiento? ¿El Licenciado Padilla?

–Todo se conjuga. Yo no soy de los que se pelean con la realidad. Por supuesto que Raúl tiene un liderazgo institucional; negarlo o no reconocerlo no llevaría a nada. Él tiene un rol. Ahora, ponerlo como el único decisor, tampoco es cierto.

–¿Es él o es el grupo (UdeG)?

–Lo que se da en todas las instituciones: hay órganos formales de gobierno. El Consejo General de Gobierno es el que elige institucionalmente al rector.

–Sí, pero sabemos que es instrumento.

–Si tú me preguntas: ¿entre los que conforman el CGU reconoces que es tabla rasa o hay liderazgos que esas personas se intercomunican, se interrelacionan, se enraízan? Yo te digo: hay liderazgos, liderazgos legítimos. Hay personas en las cuales éstos se han formado generacionalmente. Esto no solamente ocurre en la universidad, sino en cualquier espacio, público o privado. Voy a poner como ejemplo al grupo fundador de la revista Proceso. Julio Scherer tuvo un primer equipo y en ese equipo había una relación, y luego después ese equipo fue cambiando y la relación también.

“Esas cosas también ocurren en la universidad. Hay que verlo como un fenómeno natural, de generación en generación por un lado, y por el otro, de conformación de liderazgos académicos naturales. No tengo la menor duda de que exrectores como el mismo (Jorge) Zambrano seguramente tienen amigos dentro del CGU que escuchan su opinión; Trino Padilla (hermano de Raúl) tiene amigos dentro del consejo (…) En muchas ocasiones, cuando sé que (algunos) se identifican con ellos, les pregunto: ‘¿Cómo están? Salúdamelos’. Sabe uno que hay una relación afectiva, de discípulo o de colega. Pero yo no me peleo con esa realidad.

“Mi maestro de filosofía me decía: ‘Tonatiuh, si tú no existieras esa sería la realidad de todas maneras, no es uno el que determina eso’. Entonces, lo que tienes que hacer, y ese es el reto, es interactuar con esa realidad y cambiarla a partir de la interrelación. Si quieres cambiarla, hay que convencer. Pero en principio, para ocupar el cargo de rector se requiere ser una representación de los afanes del CGU.”

–Pero el “liderazgo” universitario data de hace 25 años. Se le califica de cacicazgo.

–Lo considero un liderazgo. Con toda sinceridad, (a Padilla) lo veo como un actor que tiene desarrollo en la institución y aspectos importantes, proyectos…

–Y que es determinante…

–Yo creo que es un liderazgo que tiene peso, no iría más allá. No lo pondría ni como factótum ni como “determinante”, porque también ahí depende cómo ejerza ese peso, y no le veo voluntad de ejercer un liderazgo de características impositivas. En la medida que sea más bien la discusión de ideas, el debate, y se oriente por razonamientos, lo considero más bien un liderazgo. Y en el liderazgo hay un toma y daca, interacción.

–¿La hay realmente en la UdeG?

–Raúl Padilla, pero también Horacio (Pérez, expresidente de la FEG, y contrario a Raúl) generaron en su época un liderazgo con diversos cuadros. Llegó un momento en el cual el tiempo, la experiencia, las vicisitudes, los roles que juegan en la institución sí conformaron un liderazgo de época. Por ejemplo, nuestro amigo don Julio Scherer tiene un liderazgo generacional en el periodismo de su época, tiene un rol, y no es que lo vea todo el mundo como el jefe, el que tiene que decidir, pero sí ven con respeto ese liderazgo moral. Y yo te digo que Raúl tiene un liderazgo en nuestra generación. Si me preguntas: ¿tiene un liderazgo sobre mí, sobre Tonatiuh Bravo? Sí, sí lo tiene.

–¿Lo obedece a él o sólo es líder moral?

–Ahí es donde viene la diferencia. Es una opinión que a mí me importa, que escucho, y en un momento determinado, si fuera necesario, la tomo (…) Pero de igual manera te digo: hay ocasiones que me siento a comer con el arquitecto Zambrano; le pregunto cosas que, sin duda, orientan en muchos sentidos algunas decisiones. En otros momentos me junto con Trino…

“Raúl tiene eso: sí logró cuajar un liderazgo generacional y lo malo está en no reconocerlo, no verlo. Ahora, una cosa que es muy importante: el hecho de que haya cuajado él no implica que uno deje de interactuar con maestros, directivos y alumnos, o dejar de mediar con ellos muchas de las decisiones y cosas que tengas que hacer. Tú me preguntabas si es impositivo. No, porque yo no veo que contra la realidad haya imposición; más bien hay una valoración colectiva.

“Hay una gran cantidad de liderazgos institucionales, deportivos, académicos y de todo tipo en la institución, así como liderazgos por afinidades políticas. ¿Cuál es mi rol? Articular el trabajo, valerme de esos liderazgos, o más que valerme, darles una guía, un curso que los haga valiosos para la institución y les permita aportar.”

Al recordarle que, al menos desde su refundación en 1925, la UdeG ha tenido una serie de liderazgos o cacicazgos: los Zuno, los Ramírez Ladewig, Raúl Padilla…, el entrevistado argumenta:

“Ha habido hombres de su época. Cuando se reabre la universidad en la época posrevolucionaria las cosas no estaban tranquilas. Había liderazgos muy fuertes de generales y había que abrirse camino en ese medio. Yo creo que José Guadalupe Zuno fue visionario, hizo la refundación en esta nueva época, y yo creo que jugó sus cartas. Si tú me preguntas qué pasó después, veo a varios en esa situación: a Constancio Hernández Alvirde, a Enrique Díaz de León… Ves varias interacciones: el conflicto con los Tecos, la separación y demás.

“Después de eso se asienta el régimen institucional, pasa la Federación de Estudiantes Socialistas de Occidente y después viene otra etapa para la UdeG. Ya no son los generales, son sus hijos. Como estuvo don Javier García Paniagua estuvo Carlos Ramírez, hijo de don Margarito.

“Y Carlos se abrió paso, hizo una especie de bloque que generó sobre esa base; hay que recordar que él fue artífice de que varios académicos llegaran a la universidad. Pudo haber tenido sus fallas pero también tuvo aciertos más que otras cosas. Quizás en momentos clave sí tuvo que actuar como jefe político. Trajo a gente como Manuel Rodríguez Lapuente y del exilio chileno.”

Agrega el rector: “Ahora es un liderazgo diferente, no expuesto a un sistema específico, sino en un país en el que ya hay alternancia. No se nos olvide que en gran medida los 18 años de alternancia del PRI en Jalisco quizá marcaron cosas en la universidad. Hay que tomar en cuenta todos los elementos, pero yo lo veo como un liderazgo generacional”.

–¿De cuánta independencia goza realmente el rector ante el CGU y cómo influye en eso el líder máximo de la universidad?

–Yo no me siento constreñido por ningún liderazgo. Conozco las reglas de esta comunidad por haberme desarrollado en la misma. Cuento con libertad suficiente para revisar los problemas y darles un curso. Hay órganos de gobierno. Vamos a buscar las vías de solución a todos los problemas. Lo único que me puede maniatar es la limitación de recursos y de espacios.

–¿Hay confianza total entre el rector y el líder?

–Yo así lo percibo, no de otra manera.

La “desventaja” de la UdeG

 

Cuando se le pregunta al rector Bravo Padilla por sus perspectivas, prioridades, programas y principales objetivos, expone que la universidad “tiene como propósito central el académico”.

Por lo tanto, señala, tiene que mejorar de manera sustantiva las funciones de docencia e investigación, difusión, extensión y vinculación, así como “mejorar la calidad de sus programas, de los resultados de su investigación y de la difusión que realiza. Para eso estamos renovando el plan de desarrollo institucional y sobre esta base tenemos que revisar, en un horizonte hacia 2030 o 2040, cómo queremos que sea la universidad, qué vamos a hacer en diversos temas”.

También es necesario ofrecer una mayor variedad de carreras: “Que ya no sean las ocho o 10 tradicionales o más demandadas, porque la UdeG tiene más de 70 opciones de licenciatura y pregrado. Hay que hacer un relanzamiento, pero ya se avanzó en algunos de los paradigmas de las ingenierías, que han sufrido transformaciones sustanciales, como la biomédica, nanotecnología y agronegocios.

“En posgrado tenemos que partir de aquello que hemos hecho bien. Tenemos 105 programas reconocidos por el Conacyt dentro del Programa Nacional de Posgrado de calidad. Ahí lo que está pendiente es que el otro 40% de programas que no entra aún en ese estatus, al fin se incluya mediante una reforma que nos permita concentrar fuerzas para que en un futuro próximo la oferta de la universidad posea 80 u 85% de estos posgrados, con la ventaja de que un posgrado que reconoce Conacyt ofrece al estudiante una beca. Investigación y posgrado son un binomio que tiene que ir junto.

“Otra línea es la investigación aplicada. Nadie tiene nada contra la ciencia básica, pero requerimos impulsar la idea de que los investigadores hagan investigación que se aplique a resolver problemas sociales, del ámbito productivo, económicos. En fin, queremos darle mayor (importancia) a la investigación con resultados relevantes.”

–Más a lo práctico que a lo teórico.

–Sí, aunque no es desdeñar lo teórico. Es simplemente que la teoría apunte a ver una parte o un segmento de la realidad y actuar sobre ella. En el campo de la extensión y la difusión hay una función que se va a convertir o ya se convirtió en una piedra angular de los cambios en la educación superior; es la vinculación.

–La UdeG tiene muchos investigadores en humanidades, pero faltan en ciencias exactas.

–Ya no sucede tanto así, hemos recuperado el espacio de las ciencias exactas, de las ingenierías y de la biología. En este momento tenemos 735 miembros del Sistema Nacional de Investigadores; yo creo que hay una cobertura de estas áreas.

“Ahora, tenemos varios propósitos en relación con la marcha de la institución. México tiene un problema de cobertura en educación superior por falta de atención, de inversión y, sobre todo, de conocimiento de para qué sirve la educación superior. En México estamos por debajo de países que no tienen ni siquiera el mismo desarrollo económico y social. Costa Rica, Colombia, Chile, Brasil, Argentina y Cuba tienen tasas de cobertura de educación superior por arriba de México. Aquí estamos alrededor de 30% y el Plan Nacional de Desarrollo propuesto por el presidente Enrique Peña Nieto nos situaría en un 40%. En el estado nosotros tenemos una cobertura de entre 26% y 27%.

–¿Y qué hacer, ya que la universidad sigue rechazando estudiantes?–Hemos ido en la dirección correcta. En los últimos 18 años la UdeG ha ampliado su cobertura en 97 mil o 98 mil espacios, a partir de la construcción de su red en todo el estado. La red tiene presencia en 101 municipios (…), tenemos atención en prácticamente todas las regiones del estado. Por una parte hay que incrementar la capacidad de cobertura de los centros universitarios regionales, y por otra generar nuevas carreras.

–¿Cómo se conseguirá eso? ¿Con más presupuesto, mejor administración?

–Los dos, pero lo fundamental es el incremento de recursos. Hay que tomar en consideración los casos que tenemos presentes, como el de la UNAM y otras universidades. Hay que ver cuánto gastan esas instituciones en materia educativa, cuánto están requiriendo para su desarrollo. Yo creo que la UdeG debe aspirar a los mismos recursos y, por supuesto, hacer esfuerzos para mejorar la administración. Pero el hecho de que la universidad esté en el penúltimo lugar en subsidio por alumno muestra la desventaja en que nos encontramos.

Se le recuerda que el entonces presidente Ernesto Zedillo propuso que la Secretaría de Educación Pública absorbiera las preparatorias sin menoscabo del presupuesto a la UdeG, pero ésta no aceptó.

“Lo que hemos visto –contesta– es la presión del gobierno federal durante 25 años para que las universidades dejaran el nivel medio superior, pero la mitad de las universidades no se ha desprendido del nivel preparatoria: ni la UNAM ni el Instituto Politécnico Nacional ni la UdeG. ¿Por qué? Para desprenderte del bachillerato tendrías que ver cuál subsistema está funcionando igual que tu institución o con mejores parámetros de calidad.

“Ahí entra un problema de responsabilidad. ¿Por aceptar más recursos de la federación vamos aceptar que el nivel medio superior institucional, que tanto trabajo ha costado construir (vamos a cumplir 100 años de la creación de la Preparatoria de Jalisco) se vaya al limbo, a un lugar que no conocemos? ¿A quién le vamos a entregar la parte patrimonial, la de recursos humanos, de organización y de la conformación de las preparatorias? Nunca se ha concretado la propuesta.”

–¿La UdeG consideró como competencia los bachilleratos que se crearon en Jalisco?

–En todos los estados hay otros subsistemas, lo deseable es que concurran para resolver el problema de la educación. Siempre hemos sido partidarios de que se cumpla el derecho de los jóvenes a estudiar, no importa si es en la universidad o en otro subsistema. Tanto no nos hace ruido eso, que cuando los estudiantes de otro subsistema hacen trámites ante la universidad (no tenemos el pase automático) están en igualdad de condiciones con los nuestros para ingresar a licenciatura.

Bravo Padilla afirma que la UdeG contribuye con 50% de la matrícula total de Jalisco y el resto lo aportan “otros subsistemas y la parte privada”, por lo que esta universidad va a continuar sosteniendo y abriendo preparatorias.

Esta política, presume, “nos ha llevado a aceptar, entre los dos calendarios semestrales, a 85% de los aspirantes”. Esa es una de las razones, dice, por lo que tratará de que se abran otras tres escuelas de nivel bachillerato en su periodo, que concluye en 2018.