OFUNAM, concierto inaugural 2014

Un programa de esos que atraen público fue el escogido por la Orquesta Filarmónica de la Universidad (OFUNAM) para abrir su temporada del año, misma que se prolongará hasta el domingo 30 de marzo, lo cual quiere decir que esta etapa constará de 10 programas a realizarse en dos conciertos por semana, sábados 20:00 hr y domingos 12:00 hr como es tradición del conjunto.

No con su titular al frente sino con Juan Carlos Lomónaco como director huésped, la OFUNAM se dio el lujo de tener no uno, como es costumbre, sino dos solistas y en los instrumentos más gustados, además: el talentoso joven violinista Sebastián Kwapisz, mexicano aunque su apellido no lo indique, y el veterano y reconocido pianista Manuel Delaflor.

Hecho para gustar, el concierto inició con un estreno, Carrillón, opus 75 del inglés Sir Edward Elgar (1857-1934), siguió con el más conocido de los valses mexicanos, Sobre las olas de Juventino Rosas (1868-1894), quien lo compuso en uno de los cerros de lo que hoy es la delegación Gustavo Madero, llegando luego el Vals capricho para violín y orquesta de Camille Saint-Saenz (1835-1921), también estreno en México, en la transcripción que, del original Estudio No. 6 para piano, hiciera el violinista Eugene Ysaye. Versión que pone a prueba al solista y donde el joven Sebastián nos mostró su calidad dejándonos escuchar la luminosidad de su sonido.

Vino otro Vals capricho y también de Saint-Saenz pero este para piano y con un nombre en inglés, Wedding Cake, o sea, Pastel de boda, que fue la primera pieza en la que participó Delaflor, quien tuvo otras dos intervenciones. Le siguió el brevísimo y poco abordado Vals bluette de Ricardo Castro, y luego el tercer Vals capricho de la tarde, pero éste ya no europeo sino mexicano aunque evidenciado a las claras su fortísima influencia francesa, de Ricardo Castro de quien, por cierto, este año se celebran los 150 de su nacimiento, ya que vivió de 1864 a 1907. Actuó el maestro Delaflor con su solvencia acostumbrada, la que uno agradece, y nos dio la impresión de que, sin decirlo, la OFUNAM quiso así rendir un homenaje, aparte de a Ricardo Castro –lo cual si se explicitó–, a Manuel Delaflor.

La segunda parte abrió con los Valses de Praga, tercer estreno de la tarde, de Antonin Dvorak (1841-1904), y para no cambiar el ritmo prosiguió con el consabido vals Cuentos de los bosques de Viena de Johann Strauss hijo (1825-1899), y luego la cabalgata airosa que es la Obertura de Caballería ligera de Franz von Suppé (1819-1895). Y concluyó, como no podía ser de otra manera en un programa como éste, con el conocidísimo y siempre muy, muy aplaudido Danubio azul de, por supuesto, don Johann Strauss segundo.

Programa hecho para gustar que gustó, amable y grato llamémosle, con dos solistas dignos de serlo y muy merecedores de reconocimiento, y con un director entusiasta y profesional que se esmera en que las cosas salgan bien, pero con una orquesta que acusó el período vacacional y, quizás, la insuficiencia de ensayos, lo que dio como resultado un conjunto que no lo era y, más aún, con secciones y momentos peor que otras y otros, desafinadas, descuadradas y, en una palabra, sonando muy mal y de ninguna manera como un conjunto que, lo hemos dicho varias veces, es uno de los mejores de nuestro país.

Quiero quedarme con el recuerdo y sonido de sus buenos momentos, que los tuvo debo decir, y con la seguridad de que este fue sólo un mal paso y en las audiciones futuro-inmediatas la OFUNAM volverá a darnos su justo nivel.

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Aclaración y disculpas: Tiene toda la razón el doctor Enrique Torre López, de San Luis Potosí, al señalarme que el movimiento barroco no fue iniciado por J. S. Bach, como escribí en la columna de la semana pasada. Me imagino que más que “se inició” lo que pretendí  destacar fue el momento del grandioso músico.