Aun cuando Nir Baram es un escritor incómodo por sus críticas al gobierno de Israel, en particular por su política de segregación hacia el pueblo palestino, asistió de última hora a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013 para presentar su novela Las buenas personas, recién traducida al español por Alfaguara. Nacido en 1976 en Jerusalén, Baram considera que lo importante es poder hablar con libertad de lo que se piensa y escribe; de ahí que, dice, sus personajes puedan leerse de mil maneras. Por eso también, insiste, le incomoda que el gobierno de Israel tome el Holocausto como pretexto para hacer de su pueblo una víctima eterna.
ANir Baram casi lo dejan fuera de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013 (FIL). Llegó el 5 de diciembre por la tarde –tres días antes de que terminara la denominada fiesta de las letras– para presentar al día siguiente Las buenas personas, su penúltima novela publicada en 2010, aclamada en Europa.
Aunque se le considera un escritor joven y talentoso y se le ubica a la par de su compatriota Amos Oz, Baram no gozó de las deferencias que se le hicieron a sus pares David Grossman, Etgar Keret y a la nobel de química 2009 Ada Yonath.
Sus críticas al Estado israelí por la ocupación de Palestina le han valido el veto oficial varias veces. En esta ocasión pudo asistir a la FIL gracias a un acuerdo con la oficina de Relaciones Exteriores de su país que, dice, de última hora le autorizó viajar para la presentación de su libro.
“Es importante que una persona pueda expresar sus opiniones y aceptar las consecuencias con humor. La oficina de Relaciones Exteriores simplemente presenta a los escritores que en un momento dado creen en ciertas cosas o no tienen ideas complicadas respecto a la política (israelí): yo no soy así. Yo expreso lo que siento y creo, dentro y fuera de Israel… pero ellos están haciendo su trabajo; ni me deben nada ni les debo nada”, dice.
Con desenfado, el escritor sentencia: Los judíos utilizan el Holocausto para presentarse como las eternas víctimas.
En Las buenas personas aborda las atrocidades cometidas por el régimen nazi antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero no lo hace desde la perspectiva de los dictadores ni a partir del heroísmo de los sobrevivientes, sino a partir del silencio y pasividad del pueblo alemán, conductas que, asegura, permitieron las ejecuciones masivas.
Sus personajes principales –Thomas Heiselberg y Aleksandra Weissberg–, víctimas de las circunstancias, se ven obligados a trabajar para la maquinaria nazi. Él renuncia a una prometedora carrera con una compañía estadunidense asentada en Berlín, mientras ella prefiere abandonar a sus padres judíos en Leningrado –“no tienen salvación”– y termina por implicarse con el Comisionado del Pueblo para Asuntos Internos de Stalin.
Ambos, según el autor, quieren algo del sistema, su gobierno y sus instituciones para salir adelante; y el régimen requiere de sus habilidades y talentos. Por tanto, Thomas y Aleksandra se encuentran ante un dilema ético. Esa disyuntiva “es más relevante en el capitalismo que en un régimen totalitario porque –dice Baram– el capitalismo nos lleva a estas situaciones bajo la bandera del bien”.
–¿Entonces sus personajes son las víctimas? –se le plantea.
–Definitivamente no, aunque Yeoshúa (un colega de Baram) me dijo que él pensaba que ella era la víctima. Pero, bueno, se trata de abrir la gama de posibilidades. Un personaje puede leerse de mil maneras.
“Todo lo que se había escrito acerca de la Segunda Guerra Mundial era presentar las cosas como verdad, por lo que los libros y los personajes se convertían en clichés. Yo creo que eso no es interesante. Por eso me concentré en crear esta amalgama para caracterizar a mis personajes.”
Sobre las novelas históricas, Baram cita a un autor según el cual éstas sólo valen si están relacionadas con nuestro tiempo. Por eso, insiste, “yo parto de un momento histórico que tiene relevancia para el presente. Por ejemplo: en este momento Thomas es más capitalista y americano que nazi. Es un individualista; se cree capaz de lograr las metas que se trazó. Entonces, más que hablar del periodo de la Segunda Guerra Mundial, mi libro nos habla de muchas cosas que sucedieron en el siglo XX”.
Cultura y política
Al mencionarle a Baram que la designación de Israel como invitado oficial a la FIL 2013 provocó irritación entre académicos y organizaciones que criticaron al Estado judío por su política intimidatoria hacia el pueblo palestino y por las excesivas medidas de seguridad, el escritor insiste en que es imposible separar la política de la cultura.
Y cuenta que en una edición de la Feria del Libro de Israel los organizadores “cometieron el error” de solicitarle el discurso de bienvenida:
“Yo pensé que eso no era nada más un acto cultural, sino también político, por el lugar en el que estábamos; incluso por la cercanía con el muro de la segregación. Algunos se preguntaban; ¿cuál es la conexión?, ¿por qué conectas una cosa con la otra? Eso es lo peligroso, olvidarnos que existe una conexión, que los regímenes han utilizado la cultura para sus fines políticos.”
Baram admite que se cuestionó si era prudente asistir a la FIL. Al final encontró dos razones para venir a Guadalajara: la presentación de su novela traducida al español y que le gusta la literatura latinoamericana, en especial la del chileno Roberto Bolaño.
Su familia, relata, se identificaba más con la izquierda latinoamericana que con los socialdemócratas de Europa. De ahí que para ellos el golpe de estado al presidente chileno Salvador Allende en 1973 resultó traumático.
“Es algo que tengo muy presente. Tenía ocho años cuando escuché del cuartelazo (de Pinochet). (En mi familia) se mencionaba mucho a Allende”, reitera.
En el portal de Alfaguara, su sello editorial, Baram manifiesta que el Holocausto le ha servido a su país para ofrecerse como la eterna víctima, sin aprender la lección universal según la cual debe rechazarse el racismo a toda costa.
Durante la entrevista con Proceso Jalisco insiste en el tema: “El Holocausto viene del racismo alemán, de la idea de definir una raza, y por cierto no era solamente contra los judíos. Ahí hay una lección universal que no estamos aprendiendo. Esto de visitar los campos de concentración creo que eso no es lo importante, creo que lo importante es buscar maneras de luchar contra el racismo y creo por ello que se convirtió el Holocausto en un problema en el país porque solamente se usa para que nos sintamos víctimas y no nos hagamos responsables de lo que está pasando”.
E insiste: “Para que no se me malentienda, yo creo que el Holocausto fue un evento que prácticamente definió al siglo XX y no se trata de olvidarlo. Sin embargo, se ha convertido en algo devastador para Israel por la manera en que lo estamos viendo”.
Los organizadores de la FIL trataron de diluir la discusión del conflicto bélico palestino-israelí, y sólo en contadas ocasiones algunos escritores, como David Grossman, abordaron el tema.
En la inauguración de la feria, le comenta el reportero a Baram, el presidente israelí Shimon Peres también habló del intercambio de palabras con el exmandatario español Felipe González en el auditorio Juan Rulfo, pero insistió en culpar a los palestinos.
El escritor lo ve de otra manera: “Yo diría que Peres tiene una manera muy graciosa de entender lo que sucede en el país (Israel); en los últimos años él ha tomado un camino muy superficial en la forma de ver lo que sucede en Israel e intenta colocarse del lado bueno. Pero no es así. Él formó parte de ese gobierno de Isaac Rabin que colaboró con el apartheid, por ejemplo. Además, fue responsable de que el partido laborista en un momento dado ya no tuviera esa relevancia como partido de oposición, entonces no creo que sea, por decir lo menos, un buen intérprete de lo que está sucediendo en Israel”.
Por la coexistencia
Nacido en 1976 en Jerusalén, Nir Baram, es hijo de Uzi Baram, quien participó en la administración de Rabin en aquellos días cuando las calles se llenaron de ciudadanos que pedían la remoción del primer ministro, quien finalmente fue asesinado en 1995.
“Yo pienso que el gobierno de Israel no quiere tomar los riesgos que implicaría detener la oposición. En un momento dado no pueden hablar de igual a igual los palestinos y el país de Israel porque no están en situaciones de igualdad.
“Israel es la fuerza de ocupación, Israel es la que envía a los soldados a las casas de ellos todos los días. Entonces, lo que veo en este momento es que aun cuando apoyé la idea de dos Estados, hoy veo que eso es inviable”, dice Baram.
E insiste en que está contra la segregación que promueve su país. Si las cosas se polarizan, Israel tendría el gueto más grande del mundo. Pero “la verdad es que yo no quiero vivir nada más con judíos. Creo que palestinos y judíos deben vivir juntos y los niños deben ir a la escuela juntos, como sucede en Nueva York, donde en un mismo grupo vemos niños de diferentes etnias”, recalca el escritor.
Y aun cuando admite que conoce poco acerca de la política de México, sabe que el país está desbordado por la violencia del narcotráfico. Dice que el gobierno es el probable responsable de esta situación porque no invierte lo necesario en educación y ha descuidado otras tareas que le corresponden.
Le encantaría, dice, ver en México un gobierno fuerte, abocado a promover la educación, la salud y la equidad.
“Eso es parte del papel de un gobierno –subraya–: es más, me encantaría ver que tanto el gobierno de Israel como el gobierno de México cumplen debidamente su papel.”








