Partidero

Llama la atención que la revista inglesa The Banker haya declarado a Luis Videgaray Caso –quien nada extraordinario ha hecho hasta ahora como secretario de Hacienda– como “ministro de finanzas del año 2013” y lo defina como el hacedor de “reformas estructurales”. El honorífico título tiene una explicación sencilla: cuando algún funcionario subordinado a los poderosos hace algo para beneficiarlo a él o a sus socios, amigos, aliados e interesados, éstos ven la forma de compensarlo; no tanto por agradecimiento, sino para que siga siendo dócil. En esta lógica, Videgaray, cabeza visible de los intereses del presidente Enrique Peña Nieto en particular y del priismo y del panismo en general, contribuyó a realizar lo que los grandes consorcios internacionales, industriales y bancarios estaban esperando: la apertura total o el entreguismo del gobierno mexicano a los grandes inversionistas en materia energética; en particular  a quienes anhelaban participar en la exploración y explotación de nuestros recursos naturales, sobre todo los de Pemex. Y algún lado bueno podría tener, pero siempre y cuando prevaleciera, como en Petrobras, la autodeterminación nacional, cosa que será muy difícil que ocurra aquí con tantas experiencias amargas sufridas particularmente a partir de las corruptelas gubernamentales y de sindicatos como el de Pemex, otrora dirigido durante décadas por Joaquín Hernández Galicia, La Quina, y  que preside actualmente Carlos Romero Deschamps, quien incluso fue premiado con una senaduría. Por cierto, a él no lo tocaron ni los más acérrimos críticos de las posturas oficiales, pese a tratarse de un obstáculo a eliminar. La petrolera nacional no podrá jamás ser redituable por sí sola, sin la engañosa e interesada inversión extranjera. Esto en cuanto a “reforma energética” que el panista Felipe Calderón no supo ni pudo concretar.

u u u

Ahora bien, por lo que concierne a la reforma hacendaria, la iniciativa quedó en mero aumento de impuestos. Ni Videgaray ni sus antecesores fueron al fondo del asunto para hacer de los mexicanos mejores y mayores contribuyentes. Siempre se han ido sobre los ya cautivos, y cuanto más cumplidos son –llámense personas físicas o morales–, más les cargan la mano. En cambio, a las grandes empresas como Televisa les perdonan impuestos o les descuentan miles de millones de pesos. Esto  independientemente de que buena parte del dinero, que debería de pagar de su bolsillo, podría estar saliendo de las aportaciones que hacen ciudadanos y algunos políticos que se lucen con donaciones al Teletón que provienen del erario federal.

 

u u u

Ahora bien, si Enrique Peña Nieto y el propio secretario de Hacienda quisieran hacer una auténtica reforma hacendaria o fiscal deben empezar por los municipios si en realidad pretenden captar a los evasores y ampliar la carga impositiva. En el momento en que el gobierno federal –y los estatales– le dé cartilla de mayoría de edad a las cabeceras municipales y hagan socios a los ayuntamientos de la recaudación de impuestos, de manera equitativa, por supuesto, entonces los mismos regidores y empleados municipales se encargarán de detectar a los evasores. Ellos saben quiénes son y cómo operan; son los que están más cerca del comercio informal –muchas veces incluso lo fomentan– y saben también dónde están y cómo operan otros evasores, trátese de expendios, talleres, fábricas u otros establecimientos que pueden generar recursos para el fisco pero que no están registrados. Si Hacienda quiere cerrar círculos, que empiecen por  reformas que den facultades a los municipios para convertirlos en epicentros de la promoción del pago de las cargas impositivas. Que los municipios enteren a su estado de la recaudación y que cada entidad haga otro tanto con la federación, y que cada cual se quede con la parte correspondiente de esos recursos. Así no se ahorcará, como se viene haciendo, a quienes ya son cautivos. En suma, los círculos concéntricos de la recaudación deben invertirse. Para lograrlo, se debe empezar desde el pago de piso en tianguis, permisos y licencias, entre otras medidas. Cuando se haga esto y se combata la corrupción, México dejará de ser uno de los países con menor recaudación. Todo es cuestión de simplificar los mecanismos fiscales.

 

fcobian@proceso.com.mx