Aun cuando todo año que comienza es siempre una incógnita –y este que estamos estrenando no tendría por qué ser la excepción–, los augurios de 2014 tanto para la patria chica como para la grande no mueven mucho al optimismo. En primer lugar porque no nos vamos a librar de que nos sigan gobernando las mismas personas, lo cual no es precisamente una buena noticia ni a escala municipal ni estatal ni federal.
Así, por ejemplo, luego de regalarnos un año de crecimiento casi nulo, el gobierno de Enrique Peña Nieto hace cuentas alegres que no tardarán mucho en convertirse en cuentos chinos, después que la coalición legislativa PRI-PAN-PVEM le aprobara sus cacareadas “reformas estructurales” que, al decir de la propaganda oficial, habrá de traducirse en una baja considerable en el alto costo que la población paga por el gas doméstico, la gasolina y la energía eléctrica. Moraleja: prometer no empobrece… Y si no, al tiempo.
En el ámbito local las cosas no pintan mejor con las autoridades de nuevo cuño –de corte priista, en su mayoría–, con funcionarios que no tardaron mucho en enseñar el cobre, demostrando no ser más competentes que sus predecesores. Tanto, que prácticamente convirtieron al recién despedido 2013 en un año perdido para Jalisco. Sobran los ejemplos de este grosero desperdicio de un preciado bien que en esencia es irrecuperable, pues por algo la sabiduría popular: “El tiempo es hora y hasta los santos lo lloran”.
Así, aun cuando se reiteró que las obras de la cacareada Ciudad Creativa Digital comenzarían en el año que recién acaba de terminar, de última hora se anunció que sería hasta este 2014. Y lo mismo sucedió en el caso de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano, y otro tanto con el proyecto para captar el agua del río Verde que le corresponde a la zona metropolitana de Guadalajara, luego del fallido proyecto de Arcediano y de la readecuación a la baja de la presa de El Zapotillo. Esta última, por lo visto, acabará siendo un embalse para uso exclusivo del área metropolitana de León, Guanajuato, aun cuando vaya a tener un alto costo (territorial, económico, patrimonial, social…) para nuestro estado, un costo que vendrá a sumarse a la añeja tradición perdedora de Jalisco tanto con las entidades vecinas como con el gobierno central. Aunque ésta es otra historia.
Pero volviendo a la poca o nula obra pública –sobre todo a la que va más allá de tapar baches– que se realizó en el año recién despedido, el discurso autojustificativo que han desplegado nuestras autoridades destila demagogia por todas partes: que en 2013 se hizo poco en esta materia porque primero debían planearse muy bien las acciones de gobierno; que no llegaron recursos suficientes de la federación; que fue un impedimento mayúsculo la onerosa deuda heredada por las administraciones pasadas y en la cual, sólo por concepto de intereses, se va buena parte del presupuesto oficial que, en circunstancias normales, debería estar dedicado a atender necesidades sociales, así como al muy rezagado renglón de obra pública. Explicaciones insuficientes, por no decir que malos pretextos.
Lo de la planeación, como argumento para tratar de justificar un primer año de gobierno prácticamente en blanco, es algo inaceptable desde cualquier punto de vista. Aristóteles Sandoval, Ramiro Hernández, Héctor Robles, Alfredo Barba, Jorge Arana, Ismael del Toro y compañía, ¿no tuvieron acaso, luego de ganar las elecciones de julio de 2012, meses y meses (en el caso del ahora primer mandatario estatal y su equipo de colaboradores, ¡dos terceras partes de un año!) para hacer un diagnóstico razonado de los problemas de Jalisco y sus municipios, a fin de idear la mejor forma de resolverlos?
¿Cómo no pensar que quienes ahora se hallan al frente del estado y de sus 125 ayuntamientos se dedicaron, muy irresponsablemente, a perder el tiempo, mientras fueron gobernantes electos, hasta el extremo de haber tenido que gastar su primer año en el cargo en la elaboración de un plan sexenal que, en el caso de la administración del estado, en la práctica será quinquenal, y en el de los gobiernos municipales, bianual?
En cuanto al presunto regateo o a la entrega a cuentagotas de recursos federales, tal cosa es algo que tampoco eximiría de culpa a la pazguata clase política jalisciense, pues ello sólo hablaría de la poca o nula capacidad negociadora tanto del gobernador y sus colaboradores como de munícipes, diputados federales y senadores de Jalisco, quienes están obligados a hacer valer los derechos de nuestro estado y no estar a expensas de las migajas que se caigan de la mesa de la federación.
Y por lo que hace a la creciente deuda que vienen arrastrando tanto el gobierno estatal como las administraciones municipales –particularmente algunas de las metropolitanas, que encabezan la lista de las más endeudadas del país–, la responsabilidad es tanto de quienes ahora están en el gobierno como de aquellos que estuvieron en él hasta principios del año pasado o fines de 2012. De los primeros, la responsabilidad es por su manifiesta incapacidad (¿o será algo peor?) para llamar a cuentas a sus predecesores y eventualmente promover una sanción judicial contra éstos, y de los segundos por haber comprometido las finanzas públicas mucho más allá del periodo gubernamental para el que fueron electos.
En cualquiera de los casos (tanto en el de los funcionarios en activo como en el de los que se encuentran en forzado retiro) las autoridades de la comarca han quedado reprobadas ante la opinión de una sociedad decepcionada de gobernantes poco aptos y en ocasiones venales (más allá de su origen partidista), de gobernantes con sueldos y prestaciones desmesurados, tanto así que podría decirse que su alto costo es inversamente proporcional a sus aptitudes para resolver los problemas públicos y para promover el desarrollo de Jalisco y sus regiones, municipios, comunidades, individuos.
Infortunadamente todo lo anterior no va a cambiar con la sola llegada de un nuevo año, máxime cuando en pocos meses el gobernador Aristóteles Sandoval se encargó de demostrar que sus “compromisos” de campaña habían sido sólo propaganda para conseguir el número suficiente de votos para alcanzar la gubernatura de Jalisco. Así por ejemplo, el proyecto de transformar Casa Jalisco en un recinto dedicado a la asistencia social, o la reiterada promesa de “duplicar” el presupuesto de la Secretaría de Cultura (SC), a fin de que éste no fuera inferior al 1.0% del presupuesto estatal, han quedado en puro jarabe de pico. O peor aún como se ha demostrado en el caso de la SC, que para 2014 ejercerá, en términos reales, un presupuesto inferior al de los últimos años, lo que servirá de pretexto a los encargados de esa dependencia para seguir haciéndose pato y ejercer a sus anchas la demagogia cultural.
En otras áreas de la administración estatal las cosas no pintan mejor, máxime cuando existe el justificado temor de que, dada la proximidad de las siguientes elecciones locales, la gestión gubernamental vaya a orientarse no tanto a atender necesidades y rezagos sociales, sino a buscar que el PRI mantenga –y eventualmente amplíe– su presencia en los municipios y en el Congreso local, que habrán de ser renovados el año que viene.
En conclusión y al menos por lo que hace a la parte gubernamental, a los habitantes de esta parte del mundo más les vale no hacerse muchas ilusiones con el debutante 2014.








