La Fonoteca Nacional es, como su nombre lo indica, el sitio destinado a preservar, cuidar, archivar, clasificar y, en resumen, ser la salvaguarda de, por lo menos, parte de lo mejor de nuestra música y de lo más y mejor que se pueda de la extranjera. Esta sola vocación la hace ya un espacio por demás interesante y, para los especialistas e investigadores, sumamente atractivo a pesar de su corta edad, ya que cuenta con tan solo cinco añitos.
Sin embargo, en los últimos tiempos se han ampliado y diversificado tanto sus actividades que ya no sólo es atractiva para estudiosos y especialistas, sino que se ha vuelto un verdadero imán para públicos por demás distintos, desde jóvenes punk y dark hasta gente de edad gustadora del vals y similares, pasando por quienes prefieren el jazz, la música de tríos tipo Los Panchos, o amantes de la ópera y/o de la, en general, llamada música clásica.
Sucede así porque programa de lunes a sábado las alternativas citadas y otras más puramente auditivas, pero también otra serie de actividades que, si bien son concomitantes, van más allá del puro placer de escuchar, tales como conferencias, talleres, cursos, mesas redondas, “rodadas” en bicicleta (¡quien lo dijera!) o paseos peatonales que, al tiempo de ir oyendo diferentes tipos de música, permiten el disfrute para otros sentidos, como la vista, el tacto y el olfato, amén de incrementar, así sea mínimamente (que a veces no es tan mínimo) el conocimiento sobre historia, arquitectura y otras materias que emparentan con la música.
Todo lo anterior resulta particularmente atractivo en el final de año y el primer mes del siguiente porque, como se sabe, la gran mayoría de nuestras actividades de concierto brillan por su ausencia y apenas si van asomándose hacia principios o mediados de febrero, tal como sucede con nuestras principales orquestas que durante estas fechas se toman merecidas vacaciones.
Así las cosas y dado que cuando usted lea esto estará a tan sólo tres días de iniciar el año nuevo, déjeme que le cuente, deefeño, algo de lo que podrá encontrar desde los primeros días de enero en la Fonoteca:
En principio, un ciclo sobre la historia del rock en México que estará enfocado hacia lo que fue y de alguna manera sigue siendo el rock “gótico” u “oscuro” en nuestro país, que se desarrollará los martes a las 19 horas y contará con la presencia de destacados exponentes de esa corriente, como son sus pioneros del Clan…
Para el realmente primer sábado activo del mes, o sea el día 11, a la una de la tarde, la destacada chelista de origen polaco pero con años de vivir aquí, Bozena Slawinska, ofrecerá un concierto con las Suite para violonchelo No. 1, BWV 2007 y Suite para violonchelo No.2, BWV 2008 de Johann Sebastian Bach, y así cada sábado a la misma hora.
A lo largo de la semana puede usted visitar los jardines de ésta que fue la casa postrera de Octavio Paz, y escuchar música gratuitamente todo el tiempo que quiera, porque ese espacio es ahora Jardín Sonoro.
Prolongando su presencia más allá de sus muros, la Fonoteca se va hasta el Laboratorio de Arte Alameda y allí presenta un experimento realmente interesante, el retablo musical No es sordo el mar, de Tito Rivas, quien lo creó para celebrar los 400 años de aparición de ese estupendo poema que es Soledades, de Luis de Góngora.
Por último le doy noticia de que se seguirán impartiendo, dada la gran aceptación que tienen, los cursos-taller Ópera para no iniciados I y Ópera para ya iniciados, que se realizan martes y jueves de 11 de la mañana a dos de la tarde.








