GUADALAJARA, JAL.- En el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) asistimos a la presentación de Los Compositores. Anécdotas y algunos datos curiosos, de Alberto Askenazi (Editorial Plaza y Valdés, 2012). Se trata de un ameno libro de divulgación de la música prologado por el maestro Luis Herrera de la Fuente:
“Todo comenzó cuando escribí un artículo sobre el ruido, que está incluido en el libro
–comenta el autor–. Se publicó en el periódico del Centro Deportivo Israelita (CDI); el editor me pidió más artículos sobre música, y este libro es en cierta forma la recopilación de esos artículos.”
Alberto Askenazi (Durango, 1943) estudió en la Escuela Nacional de Música de la UNAM; como compositor ha publicado siete discos compactos de su propia creación musical.
Un libro de 557 páginas donde lo primero que se advierte es el amor, la fascinación del autor por la música; las anécdotas que giran a su alrededor, y su afán por compartir ese gusto con el gran público, no con el erudito, que sin duda encontrará algunas incorrecciones, algunos datos difícilmente comprobables, párrafos que son mejorables y demás. Pero Askenazi no escribe para los eruditos, sino para quien no sabe y debiera saber.
“Este libro podría continuar –señala el autor–. ¡Hay tantos músicos e historias que contar!, pero todo tiene un límite. Nadie puede explicar cómo es que unas vibraciones en el aire pueden llegar directo al corazón. ¡Eso es la música! Un sendero hacia el espíritu. Este libro es una invitación a que el público haga de la música parte de su vida, es una de las cosas más maravillosas que dignifican al ser humano en un mundo en el que los valores están, digamos… hibernando.”
El siguiente es un fragmento de la desgarradora narración de Giuseppe Verdi (1813-1901), recogida por Askenazi:
“Mi pequeño enfermó a principios de abril, los doctores fueron incapaces de descubrir la causa de su mal; el pobrecito fue apagándose y murió en brazos de su madre, que cayó en una profunda desesperación. Pero eso no fue todo: dos días después, mi adorada hijita fue víctima a su vez de la misma extraña dolencia y también terminó su vida sin haber conocido siquiera la juventud. Sin embargo mis desgracias no habían terminado: al mes siguiente mi buena esposa fue atacada por una aguda fiebre cerebral, y antes de tres meses, el 19 de junio de 1840, un tercer ataúd salió de mi casa.”
Los principales compositores, incluido el mexicano Manuel M. Ponce, desfilan por sus páginas, y algunos intérpretes, como Caruso, Segovia, Horowitz. El leer las fascinantes historias contenidas en esas páginas mueve al lector, de inmediato, a conseguir alguna grabación de Verdi, pongamos por caso, y a escuchar cualquiera de las maravillosas creaciones del compositor. Un libro que no se lee de un jalón como las novelas, sino que se degusta poco a poco y que el lector puede intercalar con audiciones elegidas adecuadamente para ilustrar la escritura.
“Si el lector disfruta el libro la mitad de lo que yo lo disfruté al escribirlo, mi trabajo está pagado –comenta el autor–. Pido indulgencia por los errores, todos involuntarios, que pudieran aparecer en sus páginas.”








