La guerra por los deportes

Hace muchos años que el negocio futbolístico se imbricó con el televisivo.  Primero Televisa y luego Azteca compraron equipos con instalaciones propias para darles entrenamiento y promoverlos constantemente en sus pantallas. Al controlar el espectáculo y difundirlo, aprovecharon la doble oportunidad de hacer dinero.

Hoy, en el afán de incursionar también en contenidos televisivos, Slim compra al equipo León y éste gana el campeonato al tradicional de Azcárraga, el América.

Más allá del significado simbólico que se desprende del hecho, lo real es que América Móvil ya está llevando contenidos a los usuarios a través de internet. Y no sólo en México, en donde domina la escena cibernética, también en América Latina.

Con el fin de desplegarse de tal manera diseñó una estrategia consistente en lanzar el Canal Uno de noticias, insertarlo en los celulares, mandarlo por la red y dejarlo a cargo de Arturo Elías Ayub; aliarse con la empresa Claro para ofrecer películas, series y deportes a sus suscriptores de Infinitum, por escasos pesos, en Claro Video; firmar convenio con MVS para manejar las cuentas de Dish que a partir de la reforma de telecomunicaciones crece al poder transmitir los canales abiertos; compra de derechos para transmitir los Juegos Olímpicos de invierno y los de 2014 en Brasil; finalmente adquiere un equipo de futbol y acuerda con Fox Sports la transmisión.

Poco a poco el grupo Carso va cerrando candados en materia de exclusividades para evitar que sus competidores le ganen el control de los contenidos; éste resultará ser la piedra toral para obtener y quedarse con la audiencia de mayor poder adquisitivo, la que paga por ver.

Por su parte Azcárraga Jean, quien ha mandado felicitar a Slim por el triunfo de su escuadra, quizá con objeto de borrar de la memoria colectiva sus desfiguros cuando el América tuvo éxito. Sin embargo tendrá que negociar con su competidor en el terreno que hasta hace unos tres años le pertenecía por completo: las justas deportivas internacionales, cuya difusión trae millones de dólares por anuncios publicitarios.

El empequeñecimiento del Estado al transferir el control de los hidrocarburos, la electricidad y la minería a manos fuereñas, se nota también en asuntos de telecomunicaciones. La reforma aceptó el 100% de inversión extranjera. Los dos oligopolios en la materia en México han obtenido todas las licencias para diversificarse y ser dominantes en el mercado. No hay norma eficaz, los reguladores están al servicio de los regulados, quienes les marcan las pautas a seguir para legalizar lo que ya hacen de facto.

Dentro de muy poco tiempo no habrá empresas por especialidades, quedarán los consorcios que podrán incursionar en todas las ramas. Esta tendencia –ya mundial–, lleva a una extrema concentración del capital, de la riqueza, del poder. Los dueños pueden así imponer sus reglas a los habitantes, quienes ya no tienen un Estado que los defienda.