El Gran Museo del Mundo Maya, que cumple un año, es para las autoridades del Instituto de Historia y de Museos de Yucatán un modelo de turismo cultural. En entrevista, su director, Jorge Esma Bazán, defiende la figura económica del PPS, que el gobierno eligió, como la más viable para que lo financiara la iniciativa privada, en este caso empresas de los herederos de Carlos Hank González. Sin embargo, el esquema ha sido cuestionado porque las ganancias son para ellas, mientras las administraciones públicas asumen las deudas.
MÉRIDA, YUC.- El promotor cultural Jorge Esma Bazán se jacta de que, a un año de su apertura, el polémico Gran Museo del Mundo Maya (GMMM) ha recibido diversos reconocimientos internacionales, entre ellos el Partnership Award 2012, en Londres, el de accesibilidad de Cementos Mexicanos (Cemex) y del Consejo Iberoamericano de Diseñadores de Interiores (CIDI), como Obra Emblemática de 2013, entre otros.
Inaugurado en el marco del también controvertido Festival del Mundo Maya 2012, que se relacionó con el calendario maya y el supuesto fin del mundo, el museo despertó críticas desde el inicio, más cuando se anunció que la empresa ganadora de la licitación para construirlo sería Promotora de Cultura Yaxché, S.A., en la cual participan Hermes Infraestructura, de Carlos Hank Rhon, y el Banco Interacciones, de su hijo Carlos Hank González, nieto del político mexiquense del mismo nombre.
Esma, director del Instituto de Historia y Museos de Yucatán, bromea que el 21 de diciembre de 2012 “no se acabó el mundo” pero se abrió por completo el museo realizado en la modalidad de PPS (Proyecto para Prestación de Servicios).
Esta manera de financiar una obra pública, en la cual una empresa privada invierte a cambio de recibir las ganancias durante 15 o 20 años, se conoce también como Pago por Servicios. El fallecido urbanista Jorge Legorreta lo consideraba legal pero no ético, pues lo pacta un gobierno, en este caso fue el de la priista Ivonne Ortega Pacheco, pero dejó la deuda a los gobiernos por venir. Cuatro administraciones han quedado comprometidas en sus finanzas, consignó la reportera Rosa Santana en este semanario (Proceso 1874).
Pero Esma habla de este modelo con entusiasmo y lamenta que en México existan sólo unos 20 contratos, y pone como ejemplo que en el Reino Unido comenzaron desde el mandato de Margaret Thatcher. Ahora hay allá unas 620 obras, en Estados Unidos 200, y en Francia y Alemania suman unas 250, dice en entrevista con Proceso, luego de inaugurar con César Moheno, secretario técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la exposición TO’ON (Nosotros) Mayas Contemporáneos, en el Museo Palacio Cantón de esta ciudad, abierta al público hasta el 25 de enero de 2014.
Según el funcionario, quien colaboró en el área cultural en la campaña de Jorge Hank Rhon al gobierno de Baja California –según consignó el semanario Zeta–, hay confusión y desinformación respecto a los PPS, pues quien gana la licitación “está ganando el hacer la inversión” y debe entregar la obra ya terminada al Estado, en este caso al Instituto de Historia y Museos de Yucatán.
Ahí está el detalle
Esma explica que el Gran Museo del Mundo Maya es una entidad cultural “pública” del estado, manejada 100% por el instituto que él dirige. Y por tanto las decisiones técnicas, administrativas, operativas, de carácter cultural, educativo y de promoción turística, las toma el instituto:
“Los intercambios: Por ejemplo, está todo el acervo del INAH, ¿en dónde? En una institución pública del estado. Y ¿con quién convino su comodato el INAH? Con el gobierno del estado a través del instituto. Entonces no hay diferencia con una obra pública tradicional en cuanto al manejo institucional, público y político de la institución.”
Respecto del inversionista, explica que es el responsable de construir la obra y la “pone en servicio”, junto con otros servicios, como sueldos del personal, mantenimiento, seguridad, vigilancia, intendencia. Cada cierto tiempo debe cambiar computadoras y otros equipos, pues así lo establece el contrato.
Hay un supervisor para vigilar el cumplimiento de los servicios del inversionista, pero también que el museo cumpla con el pago de la renta mensual por el número de años establecidos en el contrato. Este documento, agrega, está sujeto a renegociaciones con las cuales se pueden bajar los intereses y el pago mensual. Inicialmente habla de un monto de 15 millones de pesos mensuales y de un costo total de la obra de 700 millones.
Cuenta que viajaron a varios países, como España y Francia, para conocer el funcionamiento de los PPS, así como a San Luis Potosí, Guadalajara, Monterrey y Estado de México. En este último se construyó con ese esquema el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.
“Ese modelo nos sirvió, le hicimos un 40 o 50% de cambios y lo adaptamos a nuestra realidad financiera, idiomática, sociológica, a nuestro clima, en fin, y así concursamos para el PPS.”
Números
Cuando se le pregunta cuánto le pagan mensualmente a Carlos Hank Rhon, se sorprende y responde que no es a él. Aunque al anunciarse al ganador de la licitación para construir el museo se publicó en los medios el nombre del hijo del político mexiquense, Esma trata de deslindarlo.
–Pero él hizo la inversión –se le insiste–. Salió publicado su nombre.
–No. Te voy a decir cómo es. Gana la Promotora de Cultura Yaxché, es una empresa que depende del Grupo Hermes, de Carlos Hank González.
–Es su hijo, dirige y preside la empresa.
Pero no quita el dedo del renglón y pide justicia:
“Compréndeme… Hay que ser muy justos, te estoy hablando de una empresa con la que traté como representante del estado en el momento en que gana la licitación, no antes… Y es la única licitación de PPS en el país no impugnada, eso es bueno. ¿Qué es bueno también? Haberlo hecho… Que está funcionando. ¿Qué es lo malo? Dudar, decir lo que no es verdad, hay que ser honestos. Me dices, ¿cuánto le paga al señor Hank Rhon? Nada.
–Pero él invierte.
–Pero no él, la empresa.
Repite su alegato:
“Cuando digo no a él, es porque puede ser un particular quien gane la licitación.”
Y trata de distinguir también las ganancias de la empresa Promotora de Cultura Yaxché, de las de Carlos Hank González, director del grupo Hermes, a quien la revista Expansión llama “el capitán de los negocios del clan”.
–¿Cuánto pagan mensualmente a la empresa?
–15 millones.
Y en cuanto al monto de la inversión, ya señalado anteriormente por Esma como de 700 millones de pesos, se corrige: Fue, dice, de 850 millones.
Al comentársele que recuperarán su inversión antes de terminar el contrato de 15 años (en cinco habrán recibido 900 millones de pesos y en 10, 2 mil 700), esgrime que el costo de operación del recinto es alto y el inversionista paga los servicios, como salario al personal, mantenimiento, etcétera, de lo que recibe mensualmente:
Inclusive dice que el inversionista se ha sorprendido de la cantidad, pero así está en el contrato. Y justifica:
“Cuando pides un museo tal vez no lo mides muy bien, no es una carretera, no es un puente, que es lo que comúnmente se hace en PPS.”
–¿Los 15 millones salen de la taquilla?
–No, nosotros tenemos como PPS un presupuesto.
Presupuesto que proviene del gobierno del estado de Yucatán, indica.
Pero, aclara, a diferencia de una obra pública, donde todos los gastos corren por cuenta del erario, aquí los hace el inversionista y el gobierno se los paga:
“No es tan rebuscado como a veces se quiere decir. Hay una insistencia por mostrarlo como no es, no sé por qué. La intención de decir ‘esto es el diablo, una cosa que estuvo mal hecha, esto no debió hacerse’.”
Cuando se le menciona que ha habido muchas críticas, algunas de ellas recogidas en el número 1874 de este semanario, enfrenta:
“No fueron críticas” sino “expresiones de desinformación, la crítica es sobre algo que se conoce y se cuestiona con validez o no, pero con argumentos. Aquí lo que hubo fue: Por qué lo hacen en PPS, por qué lo hace ese señor”.
En su opinión habrían sido las mismas críticas si hubiera sido otro el inversionista, Sergio Autrey o Roberto Hernández, de Banamex, “por decirte algo”, o los españoles de la empresa Bengoa, que “estuvieron a punto de ganar”, pues se hubiera cuestionado “qué hacen los extranjeros en un museo del mundo maya”. Asegura que muchas de las críticas le sirvieron para hacer modificaciones, pues al final “no tenemos ningún compromiso con nuestro inversionista, ningún trato que no esté en lo que está firmado”.
Y remite al contrato publicado en internet. Aparece en el sitio del Patronato Cultur (https://culturyucatan.com/proyectosestrategicos.swf), con quien se firmó originalmente cuando lo dirigió el propio Esma, pero se modificó ante el Congreso para trasladar los deberes de Cultur al Instituto de Historia y Museos, “creado para atender específicamente al museo porque el patronato está abocado a programas de impulso al desarrollo turístico en los paradores turísticos que dan el binomio turismo-cultura, porque son espacios históricos y culturales” (ver recuadro).
Añade que Cultur es un patronato único en su género en el país y “funciona muy bien”. Al punto de “que el propio INAH, mis compañeros que se acaban de ir (Moheno y Eduardo López Calzada, director del Centro INAH-Yucatán) y la directora (María Teresa Franco), quien estuvo unos días aquí, lo reconocen”.
El instituto dirigido por Esma también se encarga de los museos de Arte Contemporáneo, Arte Popular, de la Canción Yucateca y los comunitarios. Cuando recibió el premio del Consejo Iberoamericano de Diseñadores de Interiores en una ceremonia en el Hotel Four Seasons el pasado 19 de noviembre, se anunció que a finales de enero de 2014 se firmará una alianza del GMMM con recintos como el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, el Museo Memoria y Tolerancia y el Museo Jumex (en el Distrito Federal), en el marco de “un replanteamiento de la vida de los museos”, titulado “Mérida, la ciudad de los museos”, cuyo propósito es el “turismo cultural”.
Cuando se entregaron las primeras etapas del GMMM, investigadores del INAH denunciaron que varias de las colecciones que éste albergaría salieron del Museo Palacio Cantón. Y sí, en algunas salas de aquel exhiben piezas arqueológicas provenientes de éste y de sitios como Chichén Itzá, Uxmal, Kabah y Ek Balam, registradas como Colección Conaculta-INAH.
A pregunta de Proceso, Esma explica que hay un comodato entre el gobierno del Estado a través del instituto que él dirige y el INAH “por tiempo indefinido”, pero “los anexos se van firmando cada dos años”. Y niega rotundamente que se entregaran las piezas a una empresa privada. Destaca que hay obras en préstamo y el propio museo adquirió algunas de arte virreinal, como una copia del códice de Madrid.








