Admirada por adultos y jóvenes vinculados con distintos sectores de la escena de las artes visuales –periodistas, funcionarios gubernamentales, académicos, coleccionistas, creadores–, Raquel Tibol cumplió 90 años este sábado 14. Recordada actualmente y temida en años anteriores por sus duras, directas y certeras críticas conocidas como tibolazos, Raquel hizo aportaciones al pensamiento artístico de nuestro país que deben convertirse en un referente indispensable, ante la silenciosa y decadente situación de la escena artística contemporánea de México.
Me refiero a su pasión por la polémica. A su convencimiento de que la confrontación es el detonador para regenerar la creación, implicar al público y enfrentar las exigencias efímeras del mercado.
Periodista de aguda sensibilidad e inteligencia para detectar la relevancia social del hecho artístico, Raquel Tibol no sólo provocó polémicas, también las registró convirtiendo el periodismo en el cimiento de una manera distinta de historiar. Independiente y libre de las limitantes –y muchas veces mediocres– convenciones académicas, la reconocida crítica fusionó la entrevista con el análisis, la biografía con el proceso creativo y el tiempo pasado con circunstancias presentes.
Con un fluido lenguaje que se desplazaba entre el tema principal y numerosos comentarios transversales que casi se convertían en otro texto, Tibol integraba teoría, influencias, testimonios, procesos, decisiones gubernamentales y uno que otro dato amoroso o sexual de los personajes. Informaciones que, en conjunto, generaban la confrontación.
En su libro Gráficas y neográficas de México publicado en 1987, la autora manifestó abiertamente el valor de las polémicas:
“(…) entre los productores de artes plásticas han sido y siguen siendo catalizadores de fecundidad y de orientación entre los artistas y los espectadores. El ejercicio de la polémica ha sido factor importantísimo en la formación del público pues ha logrado implicarlo en una inquietante relación de intereses culturales encontrados. (…) Ha sido un estímulo que permitió dilucidar problemas e impidió que las demandas del mercado artístico anclaran a muchos en pequeños descubrimientos.”
Actualmente, el escenario mexicano de las artes visuales carece de polémicas públicas. La gestión gubernamental de Rafael Tovar al frente del subsector cultural se caracteriza por el silencio. Entre artistas, el temor a perder o no ser beneficiado por una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes los mantiene callados. En las redes sociales es común que la descalificación sustituya a la argumentación. La banalidad del mercado se ha impuesto, la socialité se ha convertido en el oráculo del arte y la creación se diluye entre las tendencias del mainstream y la lucha mercadológica por apuntalar el posicionamiento y la cotización de la firma.
A sus 90 años, el pensamiento, la actitud y el compromiso de Raquel Tibol se impone con una vigencia contundente. Su aportación intelectual no es solamente relevante por los míticos tibolazos o el codiciado conocimiento sobre Frida Kahlo y Diego Rivera. Su principal aportación, desde mi punto de vista, es el cultivo y valoración de la polémica como un instrumento para el desarrollo creativo, artístico, humano, ciudadano y social.








