La ópera Aída (1871) de Giuseppe Verdi (1813-1901) se presentó en el auditorio Alejo Peralta del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
Hoy día es una de las óperas más queridas y representadas; su parte más reconocible, la Marcha Triunfal, ha sido utilizada para cualquier variedad de ceremonias de toda índole.
Lo primero que hay que destacar de la Aída politécnica es el trabajo del director-concertador Iván López Reynoso (Guanajuato, 1990), a quien ya habíamos visto hace un año dirigiendo La Bohéme politécnica, y nos sorprendió muy gratamente, sin duda el más talentoso joven director mexicano.
La acción se trasladó al México precolombino (1450). Durante el preludio al acto I Aída y otros estudiantes del Poli suben a un camión que los llevará a Teotihuacán a realizar unas prácticas escolares; en el camión Aída se duerme escuchando en sus audífonos la ópera que lleva su nombre. Lo que ocurre en los siguientes cuatro actos es el sueño de la joven estudiante politécnica.
Inteligentemente resuelto el asunto escénico por Cesar Piña, no se cambia ni una palabra ni una nota de la Aída original, pero aquí no son egipcios contra etíopes, sino mexicas contra tlaxcaltecas, y Aída es la princesa tlaxcalteca esclava de los mexicas, el rey Moctezuma Ilhuicamina es el padre de Amneris y así por el estilo; penachos, sonajas de semillas, caballeros águila, caballeros jaguar, y todo tipo de utilería prehispánica. El resultado final fue de lo más disfrutable. En el supertitulaje podíamos observar el texto traducido al castellano y al náhuatl por Francisco Méndez Padilla y Natalio Hernández.
El tenor José Manuel Chú, de Navolato, Sinaloa, debutó en el personaje de Radamés: guerrero águila. Su voz nos recuerda la de Carlo Bergonzi, no esperábamos que lo hiciera tan bien tratándose de uno de los papeles verdianos más difíciles para el tenor. Otra debutante fue Fabiola Venegas, la Aída esclava tlaxcalteca, también un personaje muy difícil que Fabiola cantó con aparente facilidad, segura en su voz y con muy agradable timbre. Charles Oppenheim interpretó muy correctamente al rey Moctezuma Ilhuicamina.
Tuvo el elenco tres experimentados veteranos: Belem Rodríguez, mezzosoprano, hoy día la más solvente Amneris mexicana que, además de cantar de maravilla, por su juventud y su porte nos ofrece una Amneris de lujo. Rosendo Flores, el Ramfis: sumo sacerdote Teotecuhtli, uno de los más solventes bajos mexicanos cuya actuación además estuvo llena de verdad escénica. Y Ricardo López, Amonasro: Tlatoani del cuarto señorío de Tlaxcala, un barítono con una voz impresionantemente bella y que canta magníficamente.
La orquesta fue la del IPN así como el coro Alpha Nova, la Compañía de Danza Folclórica y la Compañía de Danza Contemporánea. El vestuario, de lo más llamativo, sobre todo el de los guerreros.








