Ajeno a la diversidad creativa, comercial y regional que define a las prácticas artísticas mexicanas, el Sistema Nacional de Creadores (SNC) es un programa caduco que necesita reestructurarse. Repetitivo en las firmas que apoya, confuso en los procedimientos de continuidad o renovación, y opaco en la asignación de los miembros de los comités de selección, el SNC subvencionará el año entrante con 29 mil 142 pesos mensuales a 566 creadores nacionales, y con 38 mil 856 pesos mensuales a 71 creadores eméritos. Erogaciones correspondientes a 15 y 20 salarios mínimos que, constituidas con dinero público, no cuentan con evaluaciones que comprueben el beneficio social que producen.
Creado en 1993 bajo el régimen priista del presidente Carlos Salinas de Gortari y adscrito desde entonces al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), el SNC se ha mantenido indiferente a los cambios que ha producido el predominio del mercado en la construcción del sistema artístico. Sin renovar sus objetivos ni diferenciar disciplinas, en 2010, bajo la gestión panista de Consuelo Sáizar como presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el SNC se dividió en tres categorías que, con base en diferentes rangos de edad, otorgaban mensualmente y durante tres años 11mil 945 pesos, 17 mil 64 pesos y 25 mil 596 pesos a los creadores. En esta última edición correspondiente al período 2013-2016, Rafael Tovar y de Teresa –actual presidente del Conaculta-, además de otorgar 147 becas nuevas, homologó todas las categorías en 29 mil 142 pesos mensuales.
En lo que corresponde a las artes visuales –escultura, fotografía, gráfica, narrativa gráfica, pintura y medios alternativos–, hay varios aspectos que deben tomarse en consideración para una inmediata reestructura. El primero se relaciona con el mercado y cotizaciones de algunas firmas. Promovidos por relevantes galerías internacionales, con presencias constantes en las principales ferias y altos precios en sus obras, Pedro Reyes, Carlos Amorales, Pablo Vargas Lugo, Gabriel de la Mora y Daniel Lezama, entre otros –beneficiados entre 2010 y 2013–, no merecen ser becados por los ciudadanos.
Otro aspecto que debe analizarse es la pertinencia de otorgar becas a funcionarios académicos, como el artista Saúl Villa quien, aun cuando actualmente se desempeña como director de Artes Visuales de la Escuela Superior de Artes de Yucatán –perteneciente al gobierno estatal–, recibió de nuevo la beca este año.
Y por último, dos de las características y procedimientos más negativos del SNCA: su preferencia por creadores deefeños y su descarada endogamia. Integrado por numerosas firmas que se repiten en varias ediciones –Ilán Liberman, Perla Krauze, Gabriela Gutiérrez, Claudia Gallegos, Alfonso Mena, Emilio Said, entre otros–, el SNCA, en el rubro de las artes visuales, evidencia que la gestión de Rafael Tovar y de Teresa se centra en la manipulación del discurso y la profusión de eventos. A casi un año de haber asumido la dirección del subsector cultura y, por lo pronto, hasta el 25 de noviembre de 2013, el servidor público todavía no ha presentado el Programa Nacional de Cultura 2013-2018.








