Entre la noche del 20 de noviembre y las primeras horas del día siguiente se supo que Raúl Padilla López, El Licenciado, convalece de una operación a causa de unos divertículos intestinales. El nerviosismo se apoderó de la mayor parte de los miembros del Grupo Universidad que, con excepción del rector Tonatiuh Bravo Padilla, desconocían la situación. Cuando el amo y señor de la Universidad de Guadalajara fue internado de emergencia y en completo sigilo en el hospital San Javier, en las primeras horas del 16 de noviembre, Bravo Padilla estuvo pendiente de todo. Además del nerviosismo, hubo elucubraciones de muy diversa índole por la enfermedad del exrector. Algunos hablaron de su “extrema gravedad”. La versión comenzó a circular cuando él ya estaba a punto de abandonar el nosocomio, el día 22. La noticia de su delicado estado de salud se dio prácticamente en la víspera del tercer aniversario del suicidio de Carlos Briseño Torres –el 19 de noviembre de 2010–, quien año y medio atrás había sido destituido de la rectoría de la máxima casa de estudios de Jalisco.
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No obstante, la ausencia del poderoso Licenciado causó mucho revuelo; no tanto por su inminente inasistencia –al menos así se pronosticaba hasta el cierre de la presente edición– a la apertura de la Feria Internacional del Libro (FIL), de la que es fundador, sino por lo que significa su falta física en el magno evento anual de la UdeG, donde todo se mueve tras bambalinas. No se diga la serie de intereses que hay en torno a la propia universidad, al Centro Cultural Universitario y al PRD en el estado, cuya vida depende justamente del gran ausente. También tiene injerencia entre los priistas y panistas, como el senador José María Martínez, aunque en menor medida. ¿Quién es el heredero de su poder? ¿Quién lo sucedería en caso de ausencia definitiva? ¿Quién es, hoy por hoy, el hombre fuerte después de Raúl? ¿Acaso su hermano Trino? ¿Acaso Tonatiuh o José Alfredo Peña Ramos, El Atenguillo, secretario general de la UdeG desde el mandato anterior? ¿Cómo y entre quiénes se dividirá la universidad? ¿De qué tamaño va a ser la rebatinga? Estas son algunas de las interrogantes surgidas durante la convalecencia del mandamás de la UdeG, quien de una u otra forma maneja el mayor presupuesto global del estado después del gobernador que, hasta finales de 2013, ejercerá 84 mil millones de pesos.
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De ese gran total, la UdeG –entiéndase Raúl Padilla– opera, a través de sus testaferros, un presupuesto de egresos que hasta hoy roza los 15 mil millones de pesos; 11 mil 501 millones los ejerce la institución educativa, y algo más de 2 mil 677 millones los opera el organismo público descentralizado Hospitales Civiles de Guadalajara, que regentea la UdeG y no la Secretaría de Salud, como debería ser. En otras palabras, el propio Licenciado es quien siempre da la última palabra. Más aún, el mismo titular de Salud, doctor Agustín González, exdirector de los Hospitales Civiles, fue designado por el Ejecutivo estatal, Jorge Aristóteles Sandoval, a “sugerencia” del mandamás universitario.
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Y para que no se olvide: el 25 de noviembre, los socios del Club Atlas acordaron por unanimidad vender el equipo de futbol al comprador menos deseado por “la fiel afición” del equipo: Ricardo Benjamín Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, quien con esa cesión de ganga le demostró su verdadera estima. La prohibición de multipropiedad de equipos impuesta por la Federación Mexicana de Futbol, para no darle mayor cabida a Carlos Slim, que es dueño del León y de Los Tuzos del Pachuca, fue pisoteada una vez más, pues el multimillonario hombre de la segunda cadena de televisión nacional posee, al menos, otras dos franquicias en primera división. Costo de la operación e impuestos: 580 millones de pesos. Las ganancias para los 124 socios son una bicoca: menos de medio millón de pesos para cada uno. Así concluyó una era de 97 años.
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