El recuerdo de las discusiones suscitadas por la compra del 50 % de Iusacell por la empresa de Azcárraga Jean, aún está fresco. En aquella ocasión hubo un primer fallo negativo de la hoy extinta Comisión Federal de Competencia (CFC), arguyendo que con dicho movimiento se abría la puerta a una alianza entre dos oligopolios en el área televisiva: TV Azteca y Televisa. Después de presiones mediáticas y amparos legales finalmente la dependencia autorizó la operación.
La estrategia de Televisa para participar en telefonía móvil se ligó a sus propósitos de incursionar en el cuádruple play y al mismo tiempo competir con Telmex en su terreno mediante los paquetes que ha desarrollado en Cablevisión. Hoy también pretende quitarle mercado a Dish, pues ofrece un servicio por suscripción de menor precio al de sus compañías de cable y satélite, mismas que están en vías de convertirse en monopolios. La misma CFC autorizó la compra de acciones de Cablemás (41.7%), y de TVI (50%) para que formaran parte de Cablevisión.
Hoy, la nueva Comisión Federal de Competencia Económica (CFCE) que reemplaza a la versión anterior, da por tierra con la recomendación de esta última en el sentido de que no era posible aceptar que Cinemex y Cinemark se unieran pues ello daría lugar a frenar la competencia. En su comunicado del 12 de noviembre la CFCE permite la fusión bajo el argumento de que “no existen elementos para concluir riesgos sustanciales a la competencia en el mercado de exhibición de películas en sala…”
Y agrega: “Cinemex participa en más de 70 ciudades, mientras que Cinemark solamente (…) en 17. De ésas, Cinemark y Cinemex coinciden en 17 ciudades. En dichas ciudades se encuentra presente Cinépolis. Así, asumiendo que el mercado de salas de exhibición en el país se integrará por las 70 ciudades en las que Cinemex participa, solamente en un 24% se presentaría el fenómeno de la desaparición de un competidor señalado por la CFC”.
Y para rematar indica, aunque sin dejarnos ver el dato, que la asistencia a salas de Cinemark es baja por lo que no ha constituido competencia ni es alternativa para los consumidores.
Nos quedaremos con dos opciones: Cinemex y Cinépolis, pero eso no hace que el mercado carezca de competitividad. Como en el caso del petróleo, cuya retórica dice que “privatizar no es privatizar”, aquí concentrar no es concentrar.
Todo forma parte de una política pública cuyo principio es que hay que eliminar a los jugadores pequeños para favorecer a los grandes y dejarlos que prevalezcan en el mercado e impongan sus criterios a los consumidores. Si estos consorcios tienen capital foráneo como es el caso de Cinemex, mejor. Entre las consideraciones de las autoridades no están los intereses del público. Por este camino pronto llegaremos a tener sólo oligopolios en todos los medios.








