Festival Internacional de la Luz

Aun cuando a nivel creativo las propuestas resultaron muy sencillas, el Festival Internacional de la Luz (Filux) que se celebró del jueves 7 al domingo 10 en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fue un atractivo y acertado evento de arte público.

Organizado por la empresa de proyectos audiovisuales Cocoliche Lab con el apoyo de patrocinios gubernamentales y privados, el festival se constituyó con 13 piezas que integraron instalaciones museísticas, instalaciones urbanas, proyecciones arquitectónicas y acciones performáticas de artistas nacionales y extranjeros.

Conocidos desde hace varios años en ciudades europeas, asiáticas y australianas, los festivales de la luz se realizan en su mayoría entre los meses de octubre y diciembre. Fascinantes en Ámsterdam, Berlín y Gante por la sutileza, humor y audacia de las las proyecciones en fachadas y elementos urbanos –como puentes–, las propuestas lumínicas destacan por la interacción entre la composición cromática y el movimiento de las formas con la tridimensionalidad de los inmuebles.

Cadenciosas y sorpresivas, las luces pintan columnas de diferentes colores, se esparcen por las ventanas, se derriten en el agua, se refractan en el espacio, develan esporádicamente la silueta de alguna figura o se saturan transfigurando con distintos tonos la cotidianeidad de los edificios emblemáticos.

Las velas encendidas de la española Rocío Asensi que delineaban las palabras Memento mori en el Museo de la Luz, o los objetos textiles colgantes e iluminados por dentro que presentó la mexicana Betsabée Romero en el Antiguo Palacio de Arzobispado, no cubrían las expectativas del potencial estético que adquiere la luz cuando pierde su intangibilidad convirtiéndose en un falso  y mágico volumen.

Por el protagonismo urbano de las obras, la sección más relevante del festival se ubicó en la zona de la Alameda Central. Llamativa  más por la novedad que por la calidad de la resolución formal, la intervención del francés Michel Chevalier sobre la fachada del Palacio de Bellas Artes se limitó a la proyección de composiciones abstractas en movimiento, sin interactuar con la arquitectura, la historia, el presente o el entorno del monumento. En el interior del parque, la instalación escultórica de enormes esferas de la empresa canadiense Lucion Media, si bien se integraba con las siluetas de los árboles por las sombras que generaba bajo el tema de Los nidos, no lograba rebasar conceptualmente el tamaño de las piezas.

Promovido por el argentino David di Bona –quien también es el organizador del Festival Distrital–, el primer Festival Internacional de la Luz de la Ciudad de México merece, por el éxito que tuvo en el público y el impacto en la convivialidad urbana, una segunda edición que promueva el conocimiento y la experimentación de las prácticas lumínicas en el espacio público.